Al ritmo de “Perfora, baby, perfora”, el cambio climático va

La llegada del presidente estadunidense número 47, Donald Trump, representa, otra vez, una amenaza global en medio de indicadores y hechos que confirman la progresión de la crisis climática planetaria: 2024, el año más caluroso del que haya registro y un 2025 que ...

La llegada del presidente estadunidense número 47, Donald Trump, representa, otra vez, una amenaza global en medio de indicadores y hechos que confirman la progresión de la crisis climática planetaria: 2024, el año más caluroso del que haya registro y un 2025 que pinta a continuar con altas temperaturas y eventos climáticos extremos, además de los incendios aún vivos y devastadores de Los Ángeles, California, donde los bomberos luchan para sofocarlos, mientras los fuertes vientos de Santa Ana azotan nuevamente la región con el riesgo de que las conflagraciones se propaguen y generen más fuego.

Ayer, en la toma de protesta, Trump prometió, entre sus principales acciones, regresar a los combustibles fósiles y retirar, nuevamente, a Estados Unidos del Acuerdo de París.

Los puntos anteriores forman parte de un documento emitido por la Casa Blanca titulado Las primeras prioridades de Estados Unidos del presidente Donald Trump, el cual incluye un paquete de medidas bajo el título: “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser asequible y dominante en materia energética”.

Se trata de una agenda cargada de compromisos disruptivos y una visión que ha generado fervor y controversia.

Retirar a EU del Acuerdo de París, adoptado en 2015, revertirá los esfuerzos de su predecesor, Joe Biden, por mantener al país en la coalición internacional de lucha contra el cambio climático, que exige acciones urgentes y decididas, por lo cual el segundo mandato de Trump podría agravar considerablemente los riesgos globales.

Donde se pone interesante es que, ante el regreso de EU a las energías fósiles, China y la Unión Europea tienen el camino libre para consolidar el liderazgo en tecnologías limpias, qué lástima que México no pueda beneficiarse de ese momento, porque aquí las fósiles siguen mandando; entonces, el giro trumpista plantea interrogantes sobre su relevancia en un mundo que avanza hacia una transición energética.

En este sentido, la posición de Ani Dasgupta, presidente y director ejecutivo del World Resources Institute (WRI), sobre la salida de EU del Acuerdo de París y el regreso a la energía fósil, es que alejarse de esa alianza no protegerá a los estadunidenses de los impactos climáticos.

Además, “mientras la administración estadunidense se repliega, los estados, ciudades y empresas de todo el país seguirán impulsando la acción climática”.

António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, también confía en que estados, ciudades y empresas estadunidenses “continúen demostrando visión y liderazgo trabajando por un crecimiento económico resiliente y con bajas emisiones de carbono que creará empleos de calidad”, de acuerdo con una declaración escrita. Esperemos que así sea, para que los esfuerzos en las demás naciones y sus sociedades no claudiquen, porque con el calentamiento actual, ni una zona del planeta se salva de ser golpeada por los fenómenos climáticos extremos.

Siendo no tan optimista, con Trump quizá veremos qué tan resistente será el Acuerdo de París, que si bien no ha sido perfecto, sí representa el esfuerzo colectivo más ambicioso realizado hasta ahora para mitigar los efectos de la crisis climática, comprometiendo a casi 200 países a limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los dos grados centígrados respecto a niveles preindustriales.

Seguramente también seremos testigos de la viabilidad o no de la cumbre climática, la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que, como se ha reportado en las últimas ediciones, los consensos son magros respecto de los disensos y las corporaciones petroleras más grandes a nivel global siguen ostentando un poderío sin igual.

Trump siempre ha negado el cambio climático y ha cuestionado su existencia, calificándolo como un engaño chino para perjudicar la economía estadunidense.

Ayer mismo presentó un amplio plan para duplicar la producción de petróleo y gas al declarar una emergencia energética nacional y la promesa de eliminar el exceso de regulación que privilegia la transición hacia las energías limpias, con todo y que en la administración Biden la producción petrolera creció exponencialmente, algo cuestionable cuando de lo que se trata es de descarbonizar la economía.

Así, en un renovado impulso hacia las energías fósiles, bajo un eslogan pegajoso de campaña, Drill, Baby, Drill (“Perfora, baby, perfora”), se dibuja un panorama inquietante para el futuro ambiental y climático del planeta.

En otro punto, con el regreso de Trump y su afán por cerrar la frontera a como dé lugar se agravará la amenaza que representa la colocación de más vallas para la vida silvestre, como osos, jaguares, coyotes y gatos montéses, entre otras especies, que comparten EU y México, como lo documentó este diario en la edición de ayer.

Donald Trump es un peligro no sólo para su país y su gente, también lo es para toda la humanidad, pues, de acuerdo con un análisis de Carbon Brief, podrían generarse “hasta cuatro mil millones de toneladas adicionales de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e) de emisiones en Estados Unidos para 2030, en comparación con los planes del actual presidente Joe Biden”, esto equivale a las emisiones al año entre la Unión Europea y Japón o el total anual de los 140 países con menores emisiones. De ese tamaño podría ser el daño, cuando la atmósfera y los océanos arden y el deshielo de los casquetes polares se acelera.

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