Al Red panda (zorro-mapache-oso-gato) lo extingue el hombre
En las últimas décadas, los peligros para los pandas rojos han ido en aumento: invasión y destrucción de su hábitat para desarrollar vivienda y diferentes tipos de infraestructuras, agricultura, ganadería, enfermedades, caza furtiva y cambio climático.
La mayor amenaza para las especies animales, inclusive por encima de los depredadores naturales en la cadena trófica, son los humanos, porque compiten por la riqueza natural y el espacio; los cazadores furtivos van tras ellas como trofeos, o por sus pieles y carne; o trafican para colecciones “privadas". Mercados ilegales con millonarias ganancias que van en contra de la vida salvaje y el equilibrio de la naturaleza.
Pero también las especies animales corren riesgo y luchan por sobrevivir debido a la degradación ambiental y los impactos del cambio climático. No es exagerado decir que ni una sola se salva de ello. Ejemplos hay muchísimos, como lo es el caso del panda rojo, un mamífero que vive en los bosques montañosos de China, Nepal, India, Myanmar y Bután.
El zoólogo francés Frédéric Cuvier publicó la primera descripción científica del panda rojo en 1825, lo llamó Ailurus fulgens (gato color fuego o gato brillante) y lo consideró como “el mamífero más hermoso que existe”. Sin duda lo es. Tiene un pelaje largo, esponjoso y de tonalidad rojo ladrillo; vientre y patas color negro, orejas con líneas blancas, cola anillada y esponjada, ojos pequeños y redondos, como brillantes canicas, y pareciera que siempre está sonriente. Si se le ve detenidamente, es la mezcla de varios animales en uno solo: tiene un aire de los zorros, mapaches, osos y gatos.
El color del pelaje permite al panda rojo camuflarse con su entorno, los bosques montañosos donde habita están cubiertos de musgo de color café rojizo y así puede pasar inadvertido no sólo a la mirada de los humanos —por ello es difícil su observación en estado salvaje—, sino también les facilita esconderse de sus depredadores, como el leopardo de las nieves.
De acuerdo con el Zoológico de San Diego, otros nombres para el panda rojo son panda menor, gato-oso, oso-gato, mapache del Himalaya, oso zorro y firefox. Es la única especie de la familia Ailuridae. Pero no hay parentesco alguno con el oso panda gigante, el cual pertenece a la familia Ursidae. Sus parientes más cercanos son los mapaches. De hecho, primero se nombró panda al panda rojo y después al oso gigante de China.
El oso blanco y negro es uno de los animales asiáticos más conocidos del planeta, pero el panda rojo no, o por lo menos no lo era hasta hace unos días.
Disney-Pixar estrenó hace una semana, en su plataforma de streaming, Turning Red, película que narra la historia de Meilin Lee, una niña chino-canadiense de 13 años, quien se transforma en un gran panda rojo cada vez que sus emociones se salen de control. Una metáfora del paso de la infancia a la pubertad, por algo el lema de la película es: “Crecer es una bestia”.
¿Y por qué un panda rojo? Cuenta la historia que Sun Yee —antepasado de la familia materna de Mei-Mei— era defensora de los animales del bosque y guardiana de los pandas rojos; como los quería tanto, pidió a los dioses que la convirtieran en uno. Así fue en una noche de luna roja. Esa conexión mística con los pandas rojos pasó a las hijas de Sun Yee, a sus nietas, a las hijas de éstas y así a todas las mujeres del linaje. Pero esa “bendición” se convirtió en un inconveniente: cualquier emoción fuerte libera al panda rojo.
Independientemente del mensaje de la cinta, de lo que significa crecer para la niñas, cambios físicos y emocionales extremos, el valor de la amistad, así como la relación con una madre sobreprotectora, ojalá despierte el interés y curiosidad de la joven audiencia por los pandas rojos.
Están catalogados en peligro de extinción. En vida salvaje quedan alrededor de 10 mil ejemplares o menos, porque la más reciente evaluación fue en 2015, realizada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para la Lista Roja de Especies Amenazadas.
En las últimas décadas, los peligros para los pandas rojos han ido en aumento: invasión y destrucción de su hábitat para desarrollar vivienda y diferentes tipos de infraestructuras, agricultura, ganadería, enfermedades, caza furtiva y cambio climático.
Red Panda Network, organización que se dedica a la investigación y conservación de esta especie, indica que, al igual que el oso panda, con el que comparte parte del territorio, la dieta del panda rojo se basa en bambú y el cambio climático ha intensificado la pérdida y fragmentación del hábitat.
Lo más probable es que pierda su hábitat más rápido de lo que pueda adaptarse al cambio climático, según escribió la bióloga Elizabeth Freeman en un artículo de The New York Times en agosto de 2015.
La extinción del panda rojo significará otro fracaso de la humanidad, porque se trata del único animal vivo de su familia taxonómica. Diez mil son muy pocos.
