El clima también es una cuestión de lana
Mientras los países de América Latina y el Caribe se acaban de comprometer en lograr un planeta libre de contaminación, pues ésta, en sus diversas modalidades, está devastando a la naturaleza, los océanos, la vida silvestre y la salud humana; a principios de la semana pasada, Estados Unidos anunció la derogación del Plan de Energía Limpia (CCP, por sus siglas en inglés) instrumentado por la administración de Obama
Con esta medida, el gobierno de Trump cumple con su promesa de poner fin a la “guerra contra el carbón” —el cual, según él, devolverá miles de “estupendos” trabajos—, al eliminar la ley que regula las emisiones contaminantes en las plantas generadoras de energía.
Esto es una pésima noticia y no porque se trate del fin de un legado de Barack Obama. Va mucho más allá. El objetivo del CCP es luchar contra el cambio climático al acelerar la transición energética e imponer una reducción de 32% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de las centrales térmicas para 2030, tomando como inicio los niveles de 2005.
El echar abajo esta política significa abrirle la llave a mayores emisiones contaminantes, que perjudican no sólo a EU sino a todo el mundo.
La Presidencia del segundo país más contaminante del planeta no quiere ver que seguir por el camino de la quema de combustibles fósiles atenta contra su bienestar y su economía.
Hay datos que contradicen los actos de Donald Trump y su administrador de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt. Pero se niegan a verlos.
Hace unos días, la Universal Ecological Fund (FEU-US) dio a conocer un estudio titulado The Economic Case for Climate Action in the United States (El argumento económico para la acción climática en Estados Unidos), el cual arroja pérdidas económicas en las décadas de los años 80, 90 y de 2007-2016 causadas por fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes, así como los costos a la salud por la exposición a la contaminación del aire, resultante de la quema de hidrocarburos.
De acuerdo con el informe, las pérdidas económicas ocasionadas por fenómenos climáticos extremos (sequías, incendios forestales, tormentas severas, huracanes e inundaciones) casi se han duplicado, al pasar de 211.3 mil millones de dólares en los años 90 a 418.4 mil millones de dólares en la última década.
Sin ir más lejos, California enfrenta la ola de incendios más catastrófica en su historia, la cual ha dejado por lo menos 40 personas muertas, más de 90 mil habitantes desplazados, casi seis mil casas quemadas y miles de hectáreas reducidas a cenizas, entre las que se encuentran tierras vitivinícolas de Napa.
De hecho, el informe calcula pérdidas económicas por más de 300 mil millones de dólares derivadas de los tres grandes huracanes que azotaron a EU el mes pasado y por los 76 incendios que han asolado a nueve estados.
Asimismo, el estudio, escrito por Sir Robert Watson, expresidente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático; James J. McCarthy, profesor de Oceanografía de la Universidad de Harvard, y Liliana Hisas, directora ejecutiva de la FEU-US, prevé que en la próxima década los costos por eventos climáticos extremos rondarán, por lo menos, los 360 mil millones de dólares, lo cual equivale a 55% del crecimiento económico de EU.
El problema, de acuerdo con los autores, es que el 80% de la energía primaria producida por EU proviene de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), lo cual significa 82% de las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, siendo precursor de la inestabilidad del clima.
A pesar de que los daños a la salud por contaminación del aire se han reducido en casi 67 mil millones de dólares por año, la quema de hidrocarburos genera costos a la salud, en promedio, por 240 mil millones de dólares cada año.
Esos costos no los han tomado en cuenta Trump y Pruitt. ¿Será que a sus electores les atraiga más la promesa de trabajos “sucios”, que cuidar la salud?
Por eso es importante no olvidar que el cambio climático ha sido inducido por la actividad humana, lo cual contribuye a que haya más incendios forestales, océanos cálidos que alimentan tormentas más intensas y niveles de mar más elevados.
Los países de América Latina y el Caribe saben bien a lo que se enfrentan cuando de eventos climáticos extremos se trata. También son conscientes de las consecuencias de continuar viviendo bajo el yugo de la contaminación, pues ésta destruye ecosistemas e impide el crecimiento económico.
¿Cuántas catástrofes más se necesitan para que quede claro que es imperante acelerar la acción climática?
Y si el cambio climático no existe, ¿cómo explicamos un huracán categoría 2 (Ophelia) dirigiéndose a Irlanda y Gran Bretaña?
