¿Cuántas contingencias más?
La calidad del aire en el Valle de México unos días es mala, o muy mala, y otros es pésima. Bueno, ni las lluvias ni los pocos vientos han lavado o dispersado la porquería que estamos respirando. Tan sólo el martes 31 de mayo vivimos nuestra octava contingencia del año. ¿Cuántas más faltan? Y eso que el Hoy No Circula más restrictivo, pero temporal, está cumpliendo justo dos meses, de los tres proyectados.
Pero lo más lamentable es que, lejos de estar funcionando esta medida, la salud de las personas ya se está viendo afectada.
No. No es hipocondría colectiva, cada vez somos más los que padecemos otitis, conjuntivitis y diversas afectaciones respiratorias. Basta con preguntar a la gente cercana cómo la está pasando.
Tal pareciera que las políticas ambientales son lo último de la lista o quizá son un mito genial y no el resultado del diseño estratégico que, por sobre todo, deben buscar el bienestar y la salud de la población. Es posible que también se estén politizando. Ejemplos sobran.
El plan ProAire 2011-2020 no ha sido cumplido a cabalidad por ninguno de sus actores —que dicho sea de paso, unos a otros se echan culpas— en las más de 100 acciones comprometidas.
Ante la crisis de la calidad del aire en el Valle de México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios ordenó bajar los estándares para decretar una contingencia, los disminuyó de 180 a 150 puntos Imeca, lo cual desapareció la etapa de precontingencia. ¿Craso error? Habrá que esperar más datos.
El jueves, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, dijo que su administración tuvo que acatar las restricciones vehiculares impuestas por la Cofepris, lo cual ha puesto en una situación complicada a la capital y aseguró: “Nosotros todavía estamos preguntando exactamente cuáles fueron los criterios de la Cofepris para hacer estas reducciones tan importantes... cómo es posible que hagan una reducción de 30 puntos a la Ciudad de México sin medidas previas”.
Y llamó a la autoridad federal a reconsiderar volver a la etapa de precontingencia —sin que signifique regresar a los 180 puntos Imeca—, porque así lo recomiendan el Centro de Estudios de la Atmósfera de la UNAM y el Centro Mario Molina, para que la ciudadanía esté preparada.
Ante ello, el secretario de Salud, José Narro, salió al paso y aclaró que las razones de la Cofepris para disminuir los límites permisibles de contaminantes y declarar la contingencia ambiental fase 1 fueron la salud de las personas y la norma internacional.
Nuestra problemática no debe centrarse ni en lo político ni en un solo elemento, como el ozono —cuya formación y proceso químicos son muy complejos—, porque hay otros contaminantes.
La Organización Mundial de la Salud ya nos alertó sobre el incremento en los niveles de partículas PM10 y PM2.5, así como sulfatos, nitratos y carbono negro, los cuales nos enferman y matan al penetrar profundamente en los pulmones y en el sistema cardiovascular.
Los científicos también lo han advertido: el carbono negro influye en la contaminación y forma parte del conjunto de emisiones que inciden en el cambio climático: ozono, metano e hidrofluorocarbonos.
Una política pública sobre la calidad del aire no puede ni debe ser improvisada ni tampoco estructurada de manera unilateral. A las autoridades se les ha olvidado el valioso aporte multidisciplinario y multisectorial.
Ojalá lo tomen en cuenta. Se requiere del trabajo de todos, incluida la sociedad, para encontrar la solución de fondo a la degradación de la otrora región más transparente del aire.
A los automóviles particulares se les ha echado la mayor culpa de la contaminación. No los voy a defender. Es verdad que les corresponde una parte, pero existen otros factores a los que no se les ha puesto atención, ya sea por omisión o por intención.
Por ello es urgente una verdadera propuesta multifactorial que toque, además de los autos, a industrias, transporte pesado a diesel, construcción, gasolinas, servicios que empleen diversas sustancias nocivas así como la contaminación en interiores.
Si los gobiernos quieren recuperar el respeto de la ciudadanía y que acate, por estricta que sea, la nueva norma de verificación —atrasada en su publicación, que según esta semana será presentada—, lo primero es abatir la corrupción reinante en los verificentros, tras ello, generar campañas de concientización, porque de nada servirá cualquier medida si no se toca la sensibilidad del colectivo.
Si todas las partes somos corresponsables, muy probablemente podremos aspirar a tener muchos más días respirables y dejar atrás la regular, mala y muy mala calidad del aire.
Twitter: @lorerivera
