Oleadas de plástico

En el planeta prácticamente todos los cuerpos de agua —salada o dulce— están contaminados. En los océanos, que representan 70% de la superficie de la Tierra, se vierten millones de galones de sustancias tóxicas, como aguas residuales e industriales, o petrolíferos como consecuencia de derrames en plataformas o de buques petroleros, además de los millones de toneladas de desechos sólidos, como el plástico —sólo por mencionar un tipo de material—, poniendo en riesgo y desequilibrio los riquísimos y tan necesarios hábitats marinos.

Desde que el hombre habita la Tierra ha contaminado, pero tras la Revolución Industrial esta actividad se ha acelerado de tal forma que las consecuencias se han agravado para el equilibrio de la vida de todas las especies —incluida la humanidad— y sus ambientes.

Ya son muchas décadas de tratar a los océanos como si fueran enormes contenedores de basura, debido a su extensión y profundidad, en los cuales se tiran cantidades ilimitadas de porquería como consecuencia de una política irracional llamada de la dilución, pensada —hoy sabemos fallidamente— como solución a la contaminación.

Hasta hace poco, los científicos no tenían datos suficientes ni sobre la cantidad ni las consecuencias de basura plástica que inunda los océanos. Sin embargo, esto cambió el año pasado, cuando un equipo de especialistas publicó un artículo especializado en la revista Science.

Este estudio —encabezado por la investigadora Jenna Dambeck, de la Universidad de Georgia (Estados Unidos)— señala que al año se arrojan a los mares entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas de basura plástica.

Sin dudarlo, son cantidades escalofriantes y algo debemos hacer para frenar esta tendencia. Sólo hay que ver la cantidad de productos elaborados con plástico, como envases, artefactos u otro tipo de utensilios, empleados en la vida cotidiana.

De acuerdo con datos del estudio, la producción a escala global de plástico fue de 288 millones de toneladas en 2010. Y como somos sociedades desechables, se estima que casi 100 millones de toneladas de basura plástica hay en las zonas costeras, pero, por el mal manejo de ésta, ocho millones de toneladas termina flotando en los mares.

Basta observar cualquier playa de los litorales mexicanos —ya sea del Caribe o, incluso, de la Costa Azul— para constatar cómo terminan tras la visita de los miles de vacacionistas inconscientes. Descorazona ver aquellas montañas de basura plástica —botellas, taparroscas y envolturas, entre muchos otros desechos— que, en lugar de ser colocada en contenedores, termina en la arena. La insensatez colectiva no piensa que la marea se encargará de llevar todos esos sedimentos mar adentro.  En la presentación del estudio, la investigadora Jambeck explicó que la cantidad equivale a tener cinco bolsas —sí, de esas que dan en los supermercados— llenas de plástico cada 30 centímetros de costa en cada uno de los 192 países con litorales del mundo.

Y para nadie es sorpresa, los mayores contaminadores siguen siendo China y Estados Unidos, seguidos de algunos asiáticos y latinoamericanos.

Esta oleada de basura plástica —los científicos calculan que hay más de cinco mil millones de piezas de plástico flotando en los océanos, lo cual equivaldría a poco más de tres veces la población de China, que está arriba de los mil 327 millones de personas— al contaminar afecta gravemente a la diversidad de fauna y flora marina.

Gracias al trabajo del fotógrafo y ambientalista estadunidense Chris Jordan, quien retrata a gran escala el consumismo en EU, como parte de éste logró una serie de imágenes desgarradoras de albatros muertos por la ingestión de plásticos que flotan en los mares, hoy sabemos sobre el grave impacto en la vida animal.

Otra investigación publicada a finales de 2006 en Science alerta que la alimentación se verá amenazada por la desaparición de la fauna marina, de continuar sin freno la contaminación y depredación, pues la biodiversidad que albergan los océanos podría desaparecer hacia 2048.

Afortunadamente hay esfuerzos enfocados en aportar soluciones, aunque sea en pequeño, como el proyecto Seabin. Limpiemos los océanos, una marina a la vez, de los surfistas australianos Andrew Turton y Pete Ceglinski, quienes crearon un prototipo de bote de basura automatizado que recoge plásticos, aceites, combustibles, detergentes y otros desechos que se arrojan en marinas de clubes náuticos y puertos deportivos. 

Esta dupla trabaja para recaudar fondos e iniciar la producción de estos contenedores y así poder distribuirlos por el mundo.

En nosotros está parar el oleaje plástico. Se calcula que un millón de aves marinas y 100 mil mamíferos de los océanos mueren al año a causa de ello.

Twitter: @lorerivera

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