Hasta la Luna y de regreso

London eye

London eye

Susannah Goshko*

La última vez que la humanidad viajó a la Luna, vivíamos en un mundo completamente distinto. Medio siglo después, volvimos a mirar al cielo con el corazón acelerado: cuatro astronautas se aventuraron más lejos que nadie en la historia, orbitando nuestro satélite natural y recordándonos que la exploración espacial sigue siendo uno de los mayores actos de esperanza colectiva.  

Como muchos de ustedes, seguí cada minuto de la misión Artemis II. Pero más allá de los impresionantes paisajes lunares que vimos en las transmisiones y de las emocionantes maniobras de la nave, lo que realmente importa es cómo llegamos ahí. 

Porque Artemis II no sólo es ciencia: es colaboración. Es la prueba viviente de lo que ocurre cuando las mejores mentes del mundo deciden trabajar juntas, cuando la innovación no conoce fronteras y cuando el ingenio humano se multiplica al unir esfuerzos internacionales. 

La misión también nos regaló momentos profundamente humanos. Difícil no conmoverse cuando el comandante de la misión, Reid Wiseman, nombró “Carroll” a un cráter, en memoria de su esposa, quien murió de cáncer en 2020. O conectarnos a través de la música –una de las canciones que escuchó la tripulación cuando se preparaban para regresar a la Tierra fue Under Pressure de Queen y David Bowie–. 

Y, por supuesto, Artemis II también quedará en la historia por el papel protagónico que tuvieron las mujeres. Christina Koch se convirtió en la primera astronauta en viajar alrededor de la Luna y, detrás del “corazón” tecnológico de la nave, se encuentra el trabajo de Siân Cleaver, originaria de Essex, quien es la directora industrial del Módulo de Servicio Europeo (ESM) del programa Orión en Airbus. 

Como resultado de las alianzas internacionales que sostienen al programa Artemis, la Agencia Espacial Europea unió esfuerzos con ingenieros y empresas de varios países –incluyendo al Reino Unido– para desarrollar el Módulo de Servicio Europeo (European Service Module) de la nave Orión. 

Este módulo proporcionó la propulsión, la energía, el aire y el agua que hicieron posible que la tripulación completara su travesía alrededor de la Luna. En términos simples: sin este trabajo conjunto, Artemis II no podría existir. 

Y fue justamente aquí donde Siân jugó un rol clave, al coordinar a equipos de distintos países y disciplinas para asegurar que más de 20 mil componentes llegaran y fueran ensamblados a tiempo, y así permitir que la nave completara su misión lunar.

Esa dimensión internacional también se refleja en la propia tripulación: Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, será el primer canadiense y primer no estadunidense en volar alrededor de la Luna, mostrando cómo la cooperación trasciende fronteras, incluso dentro de la cabina.

Pero no todas las contribuciones a la exploración espacial se vuelven titulares. Algunas viven en laboratorios, en cálculos complejísimos, en pruebas que se repiten una y otra vez. Investigadores del Reino Unido trabajaron de la mano con equipos estadunidenses para fortalecer el estudio del escudo térmico que protegería a la tripulación en la reentrada: esa fracción de minutos en la que todo tiene que funcionar a la perfección. 

Otras aportaciones se hicieron desde casa. Incluso cuando Orión ya se encontraba a cientos de miles de kilómetros de la Tierra, la participación británica siguió siendo clave. Desde Cornualles, la estación terrestre de Goonhilly se encargó del seguimiento y la comunicación de la nave durante su recorrido de ida y vuelta a la Luna, asegurando una conexión constante a lo largo de toda la misión. 

Artemis II nos dejó claro que llegar tan lejos fue posible gracias a cientos de científicos e ingenieros, gobiernos e instituciones de muchos países, que decidieron trabajar juntos, incluso cuando su aportación no sería visible ni espectacular. Es el resultado de confianza construida a través de fronteras. 

Si la cooperación internacional puede llevarnos alrededor de la Luna, ¿qué otros desafíos podríamos enfrentar –y resolver– si aplicáramos ese mismo espíritu aquí en la Tierra?  

Te leo en X o Instagram, en @SusannahGoshko y @UKinMexico.

*Embajadora del Reino Unido en México