Los dados cargados

Por encima de las leyes electorales que la mayoría de los integrantes de Morena ayudaron a construir para frenar el enorme poder que tenía el PRI en todo el país y que parecía no tener fin, este lunes 19 comienza una etapa electoral impuesta por Morena que busca ...

Por encima de las leyes electorales que la mayoría de los integrantes de Morena ayudaron a construir para frenar el enorme poder que tenía el PRI en todo el país y que parecía no tener fin, este lunes 19 comienza una etapa electoral impuesta por Morena que busca legitimar la elección de Claudia Sheinbaum como candidata presidencial, frente a un INE que se volvió ciego, sordo y mudo ante el evidente atropello de nuestras reglas electorales constitucionales.

Inmediatamente después de las elecciones en Coahuila y el Estado de México, Morena ha impuesto al país un ritmo político que no se veía desde los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado, cuando no existían las actuales reglas electorales que, ahora en teoría gracias al INE, impiden campañas antes de la apertura del año electoral.

  • Recordemos que fue la intensa campaña anticipada del entonces gobernador de Guanajuato, Vicente Fox, lo que motivó en la primera década del actual siglo comenzar a poner límites para las precampañas y las campañas, cuyos tiempos se definieron en la Constitución y en las leyes con la reforma de 2007, la cual, por cierto, respondió en un 70% a las exigencias del entonces perredista Andrés López Obrador, luego de perder la Presidencia de la República frente al panista Felipe Calderón.

Aunque Movimiento Ciudadano, el PAN y el PRD han interpuesto quejas en el INE para frenar la innegable precampaña de Morena en busca de su candidato presidencial, parece que el instituto, presidido por la filomorenista Guadalupe Taddei, no tiene prisa por obligar a Morena a respetar la Constitución y las leyes y eso, sin duda alguna, ayudará a Morena a sus objetivos electorales.

Ya sabemos que por decisión presidencial sólo habrá cuatro aspirantes morenistas: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal y Adán Augusto López Hernández; uno del PT, Gerardo Fernández Noroña, y uno del Verde, Manuel Velasco, autorizados para aspirar a la candidatura presidencial. Y Mario Delgado, dirigente nacional de Morena, está tan decidido a cumplir que, incluso, le ha negado el derecho constitucional de ser votada a la diputada Yeidckol Polevnsky.

Como en toda competencia, es evidente que de todos ellos sólo una persona va a ganar. Pero en este caso en particular, quienes vemos todo este proceso desde fuera de Morena, podemos percibir con facilidad que todo esto ha sido hecho para legitimar la candidatura de Claudia Sheinbaum.

Ella tiene una ventaja considerable de visitas a los estados, acompañada de gobernadores. Ella tiene pronunciamientos abiertos de gobernadoras como Layda Sansores, Evelyn Salgado, Marina del Pilar Ávila, Mara Lezama, Indira Vizcaíno y de gobernadores como Cuitláhuac García y Salomón Jara, que usarán su influencia estatal para cargar los dados en favor de ella.

A pesar de firmar un compromiso para que no haya cargadas, aunque ya las hubo, ella fue la única que apareció al lado de una funcionaria morenista, Clara Brugada, alcaldesa de Iztapalapa, quien la identificó como la mejor candidata.

¿Y qué pasa frente a todo eso? Que el partido Morena anuncia que no dará dinero a los aspirantes para sus giras y que no habrá sanciones para quien no cumpla las reglas que pactaron. Es decir, la ventaja desde el arranque queda para ella.

Escucho a Marcelo Ebrard muy confiado en que puede ganar la encuesta, pero francamente no veo cómo. Ya desde ahora se coloca en el imaginario colectivo morenista que la buena es Claudia.

La presencia de Marcelo ha sido fundamental para forzar que se aceleren las renuncias a los cargos y para dejarnos ver a todos que Morena no quiere repetir la guerra fratricida que acabó con el PRD; no quieren que Marcelo sea la punta de lanza de una desbandada y por eso el ofrecimiento de “premios de consolación”.

Pero ¿esos “premios” valen la pena para ser un mero legitimador de una decisión ya tomada?

Temas: