El pastel del poder ya tiene dueño

Los que se autodenominan “los puros”, que presumen su orgullo de jamás haber sido militantes del PRI ni del PAN; que vienen de lo que ellos llaman la lucha de las izquierdas desde las universidades públicas, las organizaciones civiles

Es evidente y público que los jerarcas de Morena tienen claro que cada día les crece un problema que, si no logran contenerlo, puede afectar severamente a su hegemónico partido: la división interna por la inconformidad de los grupos de poder que le dan forma a su movimiento de transformación.

Morena está integrado actualmente por cuatro grupos visibles.

Los expriistas que entre 1987 y 1996 comenzaron a dejar el tricolor para fundar y fortalecer al PRD y entre quienes están Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López Hernández, Félix Salgado Macedonio, Manuel Bartlett, José Antonio Álvarez Lima, Leonel Cota y decenas más.

Los que se autodenominan “los puros”, que presumen su orgullo de jamás haber sido militantes del PRI ni del PAN; que vienen de lo que ellos llaman la lucha de las izquierdas desde las universidades públicas, las organizaciones civiles y/o los antiguos partidos políticos marginados de oposición, y que fueron también fundadores y militantes del PRD.

Desde los años 2017 y 2018 se sumaron cientos de priistas, perredistas y panistas que saltaron a tiempo de sus partidos para sumarse a la ola de López Obrador y mantenerse en el poder, como Gabriela Cuevas, Luis Miguel Barbosa, Zoé Robledo, Miguel Ángel Chico Herrera, Dolores Padierna y José María Martínez, por citar algunos nombres, y que lograron escaños y curules en el Congreso de la Unión; gubernaturas y convertirse en funcionarios del gobierno lopezobradorista.

Desde el año pasado se sumó otro grupo de priistas y panistas, incluso luego de ganar sus escaños del Senado como opositores, como Miguel Ángel Yunes Márquez, José Sabino, Araceli Saucedo y Cynthia López Castro, pero que como son quienes más tardaron en sumarse y durante seis años atacaron a López Obrador, a su gobierno; hicieron campaña con bandera de opositores y se regodearon en críticas contra el oficialismo, no son totalmente aceptados entre los morenistas.

En este último grupo son los que más rechazo tienen y lo ocurrido con los senadores Miguel Ángel Yunes Márquez y Alejandro Murat cuando decidieron afiliarse a Morena, nos muestra que tienen razón los jerarcas morenistas de estar preocupados por las divisiones internas, porque dos gobernadores se salieron de la incipiente disciplina partidista que intentan instaurar: Rocío Nahle, de Veracruz y Salomón Jara, de Oaxaca.

Sin importarles las decisiones de la dirección nacional del partido, salieron a decir no a esas militancias y pusieron a sus senadores y diputados federales, así como a las dirigencias morenistas de sus estados, a sumarse al rechazo a que Yunes y Murat sean morenistas.

Ellos argumentan que ninguno de los dos representa los valores de Morena, pero sabemos que tienen viejas historias de confrontación. Salomón Jara fue opositor de José Murat y un constante crítico de su gobierno; lo consideró un cacique y en varias ocasiones ha amenazado con denunciar la corrupción del gobierno de Alejandro Murat, hijo de José Murat.

Nahle tiene una historia de desencuentros con los Yunes. El año pasado responsabilizó a Miguel Ángel Yunes Linares de ser el responsable de organizar la protesta ciudadana en la cafetería La Parroquia, en el puerto de Veracruz, que la obligó a cancelar una conferencia de prensa y salir en medio de gritos de “¡fuera Nahle”.

Pero además de esta historia que explica su rechazo a los nuevos fichajes de Morena, a pesar de que ambos ya incluso se retrataron con la cúpula morenista y hasta con la Presidenta de la República, como lo hizo Yunes Márquez, el tema de los gobernadores es que quieren dejar en claro que el grupo de los Yunes y el grupo de los Murat no tendrán espacios políticos en sus estados.

No permitirán que a sus grupos de poder les den candidaturas o los promuevan para escalar en la estructura de poder de Morena en Veracruz y Oaxaca desde la dirigencia nacional del partido.

Su protesta fue una especie de advertencia a sus dirigentes nacionales: el pastel del poder ya tiene dueño y no son ni los Murat ni los Yunes.

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