Los derrotados en Morena

Mandíbulas apretadas y llantos difíciles de contener fueron parte de las escenas en torno a los anuncios de los candidatos de Morena a las gubernaturas de 17 estados, en los que atestiguamos la derrota de tres gobernadores, que a pesar de sus esfuerzos, no pudieron colocar a sus delfines: Lorena Cuéllar, de Tlaxcala; Miguel Ángel Navarro, de Nayarit, y Víctor Castro, de Baja California Sur.

Pero también vimos la derrota de la senadora con licencia Andrea Chávez, prevista desde el año pasado, aunque ella y el grupo político del senador Andrán Augusto López Hernández, al que pertenece, se negaron a ver y reconocer las señales que les mandaron desde hace meses.

Para quienes nos gusta observar las señales del poder, desde que la Presidenta de la República criticó la adelantadísima campaña de Andrea en Chihuahua, con unidades médicas móviles, con su rostro y nombre, patrocinadas por empresarios ligados al senador López Hernández, y que ella se negó a corregir, a pesar de las palabras presidenciales, era evidente que su candidatura estaba muerta.

Meses después, en noviembre de 2025 ocurrió algo en el Senado que confirmó que ella no sería candidata a gobernadora. Andrea Chávez era la presidenta de la Comisión de Bienestar del Senado y el 26 de noviembre debía ser la principal anfitriona de la entonces secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, incluso ser quien leyera el posicionamiento oficial de la bancada en el arranque de las participaciones por la comparecencia en el pleno.

Sin embargo, momentos antes de que comenzara la sesión del pleno, Andrea no pudo evitar que se le viera en los escaños con la cara desencajada; hay quien asegura que lloró mientras hablaba con el entonces coordinador Adán Augusto López.

¿El motivo? La secretaria del Bienestar pidió a Morena que Andrea no estuviera entre la comitiva de recibimiento y que no fuera ella quien fijara la posición de la bancada. Andrea Chávez fue hecha a un lado y su lugar fue tomado por el senador Juan Carlos Loera de la Rosa.

Y, para mí, la puntilla de esa crónica de una derrota anunciada fue cuando la Presidenta de la República le pidió a Ignacio Mier que asumiera la coordinación de la bancada de Morena en el Senado, en sustitución de Adán Augusto López, principal impulsor de la candidatura de Chávez.

Todos vimos lo que ella no quiso ver. Por encima de la decisión presidencial no hay nada.

Vemos que de los 17 procesos de elección de los futuros candidatos a las gubernaturas, en 11 se registran inconformidades y, de ellas, en 10 los aspirantes perdedores están convencidos que las encuestas de Morena estuvieron cuchareadas en favor de otro, pero me llaman la atención tres casos.

Alfonso Sánchez, apoyado abiertamente por la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, de plano se salió del salón donde se anunció que la candidata era Ana Lilia Rivera. Una decisión que sorprendió a propios y extraños, porque él y Lorena forman parte de las familias que siempre han dominado en el poder del estado: los Sánchez, los Cisneros y los González, cuya radiografía es detallada en la tesis de maestría de Dorita Nava Flores, una de las personas que más ha estudiado las redes familiares en la entidad.

Milena Quiroga era la preferida del gobernador de Baja California Sur, Víctor Castro y perdió frente a Manuel Cota, hijo del primer expriista que luego de dejar el partido le ganó el estado al tricolor, Leonel Cota.

Pero el caso más impactante fue el de Héctor Santana, alcalde de Bahía de Banderas y respaldado por el gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro. Ganó la encuesta, pero por alternancia de género nombraron a Jasmine Bugarín, aunque cuando ya estaban definidas las nueve mujeres que habían decidido oficialmente; de último momento optaron por una décima.

Habrá que ver si el tiempo atempera las inconformidades en entidades como Zacatecas, Sonora, Quintana Roo, Michoacán y Guerrero y si los gobernadores derrotados tragan saliva para respaldar a quien no fue su preferido.