Cervantes no debe ser el primer fiscal autónomo

México requiere hoy de una auténtica fiscalía autónoma. Me temo que Cervantes no lo garantiza. Es la triste realidad. Él mismo lo tendría que entender y renunciar a la posibilidad del pase directo a la fiscalía porque es lo que más le conviene a él y al país.

Raúl Cervantes es el actual procurador general de la República. En caso de que una mayoría simple de senadores decida, podría convertirse en el primer fiscal autónomo por un periodo de nueve años. Se trata de un puesto importantísimo para fortalecer el endeble Estado de derecho en México. Estos días mucho se ha dicho y escrito sobre si este abogado merece el “pase directo” de procurador subordinado del Presidente a fiscal autónomo. En mi opinión, no lo creo conveniente y explico por qué.

No conozco a Cervantes. Sin embargo, he preguntado a varios abogados que respeto cuál es su opinión del actual procurador. Todos coinciden que se trata de un jurista sólido y capaz. Tiene un doctorado por la Universidad Panamericana. Fue socio fundador de uno de los despachos jurídicos de mayor prestigio en el país. Al parecer, entonces, Cervantes es un buen candidato para presidir la Fiscalía General de la República desde un estricto punto de vista profesional. Pero tiene un problema: está muy identificado con el PRI, lo cual pone en duda que pueda ser un funcionario verdaderamente autónomo como se requiere.

Cervantes ha sido un par de veces diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional. En 2012 fungió como el abogado de la campaña presidencial de Peña Nieto. Luego se convirtió en senador por el mismo partido. Pidió licencia para buscar un asiento en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Sin embargo, debido a su estrecha vinculación con el PRI y el gobierno peñista, el Presidente desistió en nominarlo. Volvió al Senado, pero pronto Peña lo nombró su procurador. Trae, en suma, un fuerte sello priista y peñista.

¿Puede alguien así convertirse en fiscal autónomo?

El Partido Revolucionario Institucional en el Senado, junto con el PVEM, piensan que sí. La oposición, en su mayoría, considera que no. La alianza de priistas y verdes cuenta con 61 senadores. Requiere cuatro votos más para darle el “pase directo” a Cervantes. En la prensa se dice que algunos legisladores del PAN estarían dispuestos a votar en favor de su excompañero en el Senado. Así que, si se trata de contar con los votos necesarios, parece factible la conversión del procurador en fiscal.

El nombramiento de Cervantes sería perfectamente legal y, supuestamente en una democracia, lo que es legal es legítimo. Pero muchas veces esto no es así. Me parece que nadie dudaría de la legalidad de Cervantes como fiscal, pero sí de su legitimidad por la estrecha vinculación que tiene con el PRI y con Peña. Cualquier decisión del próximo fiscal estaría cuestionada por eso. Su supuesta autonomía siempre estaría en tela de juicio.

México requiere hoy de una auténtica fiscalía autónoma. Me temo que Cervantes no lo garantiza. Es la triste realidad. Él mismo lo tendría que entender y renunciar a la posibilidad del pase directo a la fiscalía porque es lo que  más le conviene a él y al país.

Pongamos un ejemplo. Uno de los casos que tendrá que perseguir es el de los presuntos sobornos de Odebrecht. Hoy sabemos que Emilio Lozoya habría recibido cuatro millones de dólares cuando era encargado de asuntos internacionales de la campaña de Peña. Resulta que Cervantes era el abogado de esa misma campaña. El conflicto de interés es claro. De convertirse en fiscal, ¿tendrá incentivos para investigar, con todo el rigor de la ley, qué ocurrió con el dinero que depositó la empresa brasileña en las cuentas que  Lozoya

proveyó?

Más aún, al próximo fiscal le tocará investigar más asuntos que involucran al gobierno actual. Lo de Odebrecht es tan solo un caso. Estoy seguro de que, conforme se acerquen las elecciones de 2018 y la administración de Peña vaya terminando, saldrán más asuntos sospechosos a la luz pública. Ahí está, por ejemplo, la turbia compra por parte de Pemex de un par de empresas productoras de fertilizantes.

El primer fiscal autónomo debe ser lo más autónomo posible para ganarse la credibilidad y legitimidad de la ciudadanía. Será difícil encontrar una persona interesada en este puesto que sea “químicamente pura”, es decir, independiente por los cuatro costados. El problema con Cervantes es que está lejísimos de la independencia porque está cerquísima del Partido Revolucionario Institucional y de Peña. Eso, en caso de que se convirtiera en fiscal, le complicaría mucho la vida a él y a la nueva institución de justicia. Por eso, Cervantes, en un ejercicio de responsabilidad profesional, debería renunciar a su candidatura.

                Twitter: @leozuckermann

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