Lo dicho, América Latina sigue girando a la derecha. Lo vimos en Argentina, con Javier Milei; en Ecuador, con Daniel Noboa; en Chile y en Honduras, con el fortalecimiento de los sectores conservadores y, ahora, en Colombia y Perú, donde los resultados electorales confirman la tendencia regional que ya no puede analizarse como un fenómeno aislado.
En Colombia, Abelardo de la Espriella llega la presidencia con casi 13 millones de votos, pero con una diferencia de apenas 250 mil sufragios frente a Iván Cepeda. Una ventaja menor al uno por ciento. En Perú, casi el mismo escenario. Keiko Fujimori tiene una ventaja mínima frente a Roberto Sánchez en una de las elecciones más cerradas de la historia.
La conclusión es clara: la derecha está ganando, pero no arrasa con la voluntad popular. La mayoría de estos países se encuentran ideológicamente en los extremos y el centro desaparece. El reto de los nuevos gobiernos será gobernar también para quienes no votaron por ellos y buscar la unidad. No generar más división.
UN DESPROPÓSITO
Para aquellos en México que quieren comparar este movimiento del péndulo a la derecha con la realidad mexicana, pierden de vista que De la Espriella o Fujimori llegan al poder con, prácticamente, la mitad del país votando en contra de ellos. Gobernarán naciones divididas, polarizadas y desencantadas tras años de confrontación política.
En el caso mexicano, la presidenta Claudia Sheinbaum ganó con 60% de la votación nacional, casi 36 millones de votos. Una diferencia de más de 19 millones de votos frente a su principal adversaria. Eso no es polarización ni voto de castigo. A 20 meses del comienzo de la administración, la aprobación de la jefa del Ejecutivo no baja de 60 por ciento. No es gratuito.
Además, perdemos de vista en los análisis que, a diferencia de los gobiernos progresistas de la región, una importante parte de la población mexicana sí percibió mejoras económicas concretas. Entre 2018 y 2024, salieron de la pobreza 13.4 millones de personas y 1.7 millones dejaron la pobreza extrema. Eso permite entender por qué México no es ni será Colombia, Perú u Honduras.
¡CUIDADO!
Los ciudadanos latinoamericanos están castigando a los gobiernos progresistas por la inseguridad, el crecimiento económico insuficiente, la corrupción y el deterioro institucional. Y, justo ahí, debe poner atención el gobierno de Morena y recordar que no hay capital político invencible.
La seguridad es el principal foco de rabia en todos los países de América Latina. Cuando sentimos miedo de salir de nuestras casas, cuando viajar por una carretera es una apuesta peligrosa, cuando abrir un pequeño negocio implica enfrentar extorsiones o derecho de piso o, simplemente, ser mujer es un riesgo mortal, cualquier proyecto político pierde fuerza y credibilidad.
Aunque las cifras oficiales en México muestran mejoras en comparación con otros años, la inseguridad sigue siendo enorme. Mención aparte merece la impunidad en un país donde 90% de los delitos nunca reciben una sentencia condenatoria.
La población puede tolerar muchas cosas, pero no vivir con miedo. La derecha latinoamericana está llegando al poder gracias a ese cansancio social y buscando respuestas en personajes disruptivos que prometen mano fuerte, pero regalan la esperanza de un futuro mejor. ¡Cuidado!
