Ley de oferta y demanda
Los ríos de migrantes no dejan de fluir a EU, a pesar de las ridículas amenazas de Donald Trump

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
Durante los últimos días, Donald Trump encendió su Twitter y arremetió con sus ataques de furia contra México por el problema que representan la migración, la amenaza de las caravanas migrantes y la seguridad fronteriza.
Para Estados Unidos, la problemática de la migración en su frontera sur representa un problema de seguridad nacional que han sido incapaces de resolver por décadas.
La profunda arrogancia de Trump no le permite entender que sus amenazas tuiteras no detienen a nadie y sólo provoca respuestas timoratas oficiales.
Diariamente, cientos de miles de personas intentan —con la esperanza a cuestas— rebasar las fronteras de su patria para construir un sueño en un país nuevo, ajeno, desconocido. Algunas veces por factores económicos y, otras miles, para sobrevivir a la violencia propia de zonas de guerra en sus naciones.
Las bardas más grandes, los operativos más frecuentes y la tecnología se perfeccionan para contener el avance de los migrantes en busca del sueño americano. Sin embargo, la ley de la oferta y la demanda se impone y los ríos de migrantes latinos en busca de empleo no dejan de fluir a Estados Unidos, a pesar de las ridículas amenazas de Donald Trump.
En América Latina sobran trabajadores sin oportunidades y en Estados Unidos, faltan. Sobre todo en la agricultura y la industria de servicios.
Uno de los factores de trascendental importancia es la crisis que viven los países centroamericanos y México, y que da la pauta para la promoción de este fenómeno, a tal grado que ya no sólo son las tradicionales zonas expulsoras, sino que se han integrado otras nuevas tanto rurales como urbanas intermedias y hasta metrópolis.
La migración representa un ajuste a las desigualdades en la distribución de la tierra, trabajo y capital que surgen del desarrollo económico. El proceso de privatización y mecanización desplaza trabajadores rurales de la agricultura, mientras que la capitalización desplaza a grupos de trabajadores urbanos en las fábricas, generando subempleo y desempleo, y orillándolos a la migración hacia Estados Unidos.
Ahora bien, históricamente, México y Estados Unidos han preferido el desordenado statu quo a negociar un acuerdo migratorio. Es lo más cómodo y ningún mandatario o funcionario tiene que pagar un alto precio político por ello… pero mantener las cosas como están es inhumano e inmoral.
¿Cobardía?
Y continuando con las ridiculeces de Donald Trump, su furia semanal se enfocó también en la República Islámica de Irán. En su infinita neurosis decidió tildar de terroristas a la Guardia Revolucionaria y está obsesionado con aislar totalmente a los persas. ¿La comunidad internacional permitirá este atropello? ¿El silencio cómplice reinará?
POST SCRIPTUM
Si usted aún está despechado por la época colonial y espera las disculpas de Felipe VI para sanar su corazón, le sugiero un ejercicio muy simple: comencemos desterrando las secuelas coloniales de nuestro quehacer lingüístico.
No continuemos educando con frases como “se dice mande”; “mande” es una expresión absolutamente servil. Enseñemos a contestar “dime”. La misma amabilidad, pero sin servilismo.
Sustituyamos el clásico “¿en qué le puedo servir?” por un “¿en qué te ayudo?”. Solidario, nunca servil.
Y ya que estamos en éstas, por favor, eliminemos referirnos a las personas por títulos nobiliarios arcaicos: licenciado, ingeniero, delegado, maestro, doctor. No es respetuoso, es discriminador. Todos por nuestros nombres. ¿Es menos respetable alguien con primaria trunca que un Honoris Causa?