El adiós a una era
En poco tiempo tendremos que volver a una normalidad en un mundo diferente y distante.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
Alemania endurece las restricciones para evitar un incremento en los casos de contagio de covid-19; por su parte, Francia impone toque de queda en París y ocho ciudades más por un mes y España regresa al confinamiento a millones de ciudadanos; Irlanda del Norte vuelve a cerrar las escuelas, bares y restaurantes.
Volvemos al punto de inicio, comienzan los confinamientos y todo apunta a que las medidas serán más y más restrictivas. Pocas son las naciones que mantienen sus fronteras abiertas. ¿Lo consideran un acto de negacionismo o un realismo extremo al saber que esas medidas no lo van a contener?
Mención aparte merece China, después de no poder controlar la expansión del virus a través de sus fronteras, ¡ahora resulta que hay unas decenas de casos después de dos meses sin contagios! Tristemente, ya nadie se molesta en cuestionar su veracidad.
Esa amenaza epidemiológica que surgía en China hace poco menos de un año y que tildaban de gripe parece no tener fin. Los lockdowns no han surtido el efecto que se esperaba, las víctimas colaterales se cuentan en cientos de millones y la única esperanza es la tan ansiada vacuna.
El mundo cambió de un momento a otro, cuando el covid-19 salió de Asia y se propagó rápidamente por Europa y Estados Unidos, lo que nos recordó cómo la globalización y la interconectividad también tocan puerto con sus enfermedades.
Hoy, cual filme distópico, vivimos momentos difíciles; hemos tenido que cambiar nuestras costumbres mundanas por una realidad a la que se accede con cubrebocas, sin tocar nada ni a nadie y temiendo un contagio que podría causarnos la muerte.
Aislados, paranoicos, miedosos y ansiosos por decir lo menos. Ésa es la nueva normalidad y no la payasada que nombran.
Fuimos y estamos acechados en nuestra mortalidad y estamos huérfanos frente a ella.
El mañana no será muy diferente, dentro de poco tendremos que volver a la normalidad, pero no a ésa que conocíamos, donde podíamos estar mejilla con mejilla en el trasporte público, donde los cines, bares, antros y lugares de entretenimiento desbordaban gente, tampoco el de las grandes reuniones familiares, fiestas e incluso funerales llenos de seres queridos, amistades e intrusos morbosos.
No, el mundo que nos espera será muy diferente, pero, sobre todo, distante.
Las implicaciones de la pandemia no sólo son en la esfera personal, también la economía y la política están experimentando el cambio que vivimos actualmente, incluso la respuesta de Donald Trump a la pandemia podría provocar su no reelección en las próximas semanas, sin contar las crisis económicas que vive la mayoría de los países.
No regresaremos a ser “más felices” ni más unidos ni más espirituales, dejemos de imaginar esos consuelos infantiles. Volveremos sabiendo que somos mortales, que los enemigos invisibles nos acechan y que el gobierno —hoy más que nunca— controlará hasta uno de los derechos más elementales: la libertad de tránsito.
POST SCRIPTUM
Como petición encarecida al gobierno federal: no permitan que los mismos que trazaron “la logística” de distribución de la vacuna de la influenza se encarguen de las vacunas contra el covid-19 que anunció el canciller Marcelo Ebrard. Tampoco aquellos designados de las medicinas para los niños con cáncer.