Cónclave

Los jerarcas de la religión con más de mil 400 millones de seguidores en el mundo ya están reunidos para elegir quién será su próximo dirigente. 133 hombres decidirán quién de ellos será la máxima figura de poder, líder espiritual y político y una de las figuras ...

Los jerarcas de la religión con más de mil 400 millones de seguidores en el mundo ya están reunidos para elegir quién será su próximo dirigente. 133 hombres decidirán quién de ellos será la máxima figura de poder, líder espiritual y político y una de las figuras con mayor calidad moral a nivel mundial, según sus seguidores. 

No me detendré a hablar sobre el proceso, porque hay una gran cantidad de referencias periodísticas, literarias y hasta cinematográficas sobre las formas, rituales, misterios y mitos de esta elección que hoy concentra la atención no sólo de los católicos, sino de todo el mundo, ya que su presencia política es un referente en las relaciones internacionales.

El poder de la Iglesia católica se debe a su gran expansión geográfica y al alto grado de influencia local que llegan a construir, de la determinación que tomen estas personas girará gran parte del derrotero que tomen estos cardenales.

Básicamente, la decisión se toma con base en cuáles son los principales retos y necesidades de esta gran congregación. Tendrán que definir entre un hombre de corte dogmático clerical y uno que tenga como su principal centro ser misionero. Ahí es donde radica el dilema de la elección en esta ocasión.

En la elección del papa Benedicto pesaron muchos más argumentos que tenían que ver con la jerarquía y el control de la Iglesia; con el nombramiento del papa Francisco se buscó a alguien que tuviera un carácter más pastoral. En ambas elecciones dieron con el hombre ideal para la necesidad del momento.

Javier Cercas, escritor español, recientemente publicó El loco de Dios en el fin del mundo, en el cual ensalza muchas de las cualidades de una Iglesia pastoral a la que Francisco le puso un especial interés, como ir a Mongolia cuando en ese país hay poco más de 1,500 que profesan la religión católica.

Francisco encarnó una Iglesia alejada de las rutinas y los dogmas y concentrada en el servicio a los demás, lo que fue la característica de vida de Jorge Mario Bergoglio como sacerdote en Buenos Aires que contrastó con la formación teológica e intelectual de Joseph Ratzinger, quien llegó a ser la máxima cabeza de lo que en algún momento se llamó el Santo Oficio.

Si atendemos la decisión que tomaron en los dos cónclaves más recientes, primero optaron por alguien de carácter clerical y después por uno de carácter pastoral, así que, desde una teoría simplista del péndulo, pensarse que un Papa de características clericales es lo que se busca.

No faltarán otros quienes digan que la mayoría de los electores fueron nombrados durante el periodo de Francisco, es decir, que podrían tener sesgo misionero y de ahí que haya vaticanólogos que tienen como candidato a Stephen Chow Sau-yan.

Este cardenal es visto como un puente entre Oriente y Occidente. Este hombre de 65 años nació en China, pero se educó en Estados Unidos, en universidades como Harvard y la Universidad de Loyola en Chicago.

Mucho más allá de que Francisco nombró a la mayoría de los cardenales, es fácil entender que las decisiones se toman con base en las necesidades actuales y futuras de la Iglesia, no de una intrincada serie de vínculos que se hayan formado.

Hacer pronósticos de quién podrá resultar electo el próximo Papa católico es verdaderamente aventurado y ocioso, puesto que dependerá de este compacto grupo de hombres quienes, aislados del mundo, decidirán qué es lo que más le conviene a su grey.

  • POST SCRIPTUM

Nunca en la historia de Estados Unidos un presidente había perdido tanta popularidad y apoyo en los primeros 100 días de su mandato. Este periodo tradicionalmente es conocido como de luna de miel, puesto que existe una propensión a creer en las promesas del nuevo mandatario y confiar en que los llevará a un buen destino.

Sin embargo, los muchísimos amagos de Donald Trump no únicamente han generado una sensación de incertidumbre y disputa generalizada, sino la clara convicción de que los afectados por las acciones de su presidente han puesto al pueblo norteamericano entre sus primeras víctimas.

La sensación de las mayorías estadunidenses es que no existen buenas posibilidades de que ellos ganen una guerra comercial mundial, puesto que ven que los precios internos se elevarán muchísimo antes sin siquiera ver cuál podría ser el beneficio.

La inflación y la carestía impactan mucho más en el ánimo de los norteamericanos que los sueños de grandeza de su presidente, quien pensó que le habían votado por amor a él y no por falta de opciones.

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