Game of Thrones
Es necesario reconocer que Trump no es un hombre popular entre
los que juegan a lo que imaginan como la diplomacia de alta escuela;
sin embargo, es un hombre que tiene un estilo eficaz.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
El rostro de humanos cuando están cerca de la violencia física se pone pálido, debido a que la sangre se dirige hacia otras partes del cuerpo, señaladamente las manos; por el contrario, si el rostro de una persona se enrojece durante una discusión es claro que la persona no está pensando en una conclusión violenta a la disputa.
El tono de la disputa verbal entre los gobiernos de Estados Unidos y Corea del Norte podría identificarse como el de dos personas que tienen el rostro encendido y en el que, a pesar de las amenazas de tormentas de fuego o los anuncios de cómo sería atacada la isla de Guam, difícilmente pasarán a las acciones violentas. Las amenazas resultan poco creíbles, al menos hasta este momento. Más bien, parecen alardean sobre su poderío.
Es fácil caer en el error de analizar esta crisis en términos de inédita, como si jamás Kim Jong-Un, su padre y su gobierno hubieran retado al mundo. Desde hace más de tres décadas consistentemente presumen el poderío de su arsenal y la Casa Blanca que su gran ejército siempre está listo para pelear esta misma noche.
La última vez que el mundo estuvo verdaderamente cerca de una guerra nuclear fue en el ya muy lejano 1962, durante la llamada crisis de los cohetes cubanos. En aquel momento los rostros de John F. Kennedy, Nikita Jrushchov y Fidel Castro tenían una lividez que contrasta con lo sonrojado que sigue viéndose el Presidente de Estados Unidos, puesto que su gobierno tiene bastantes certezas de que Corea del Norte no quiere un pleito, busca un reacomodo geopolítico en un juego en el que China decidió no participar.
La visión global resulta un tanto opacada por la moda, ampliamente extendida, de creer que Donald Trump es un loco y que no tiene experiencia o capacidad política para dirigir los destinos de la nación más poderosa del mundo. Menudean las afirmaciones sin fundamento que aseguran inestabilidad mental o que encuentran paralelismos, difíciles de probar en los hechos, entre este mandatario y Adolfo Hitler.
Es necesario reconocer que Trump no es un hombre que se guíe bajo los parámetros de las buenas conciencias (que no son más que sepulcros blanqueados) y que no es popular entre los que juegan a lo que imaginan como la diplomacia de alta escuela; sin embargo, es un hombre que tiene un estilo eficaz.
Esta misma semana dio un ejemplo cuando mencionó entre una larga lista de posibilidades con las que el gobierno de Estados Unidos busca apoyar al pueblo venezolano, al que calificó de un querido vecino cercano, la opción militar.
Mientras muchos perdieron el tiempo acusándolo de quién sabe cuántas indignidades, la administración de Nicolás Maduro pidió, sin éxito, una conversación telefónica con Trump. La Casa Blanca emitió un comunicado en el que dice que el Presidente de Estados Unidos sólo hablará con Maduro cuando se reestablezca la democracia en Venezuela.
Obviamente, Corea del Norte no es la fallida nación sudamericana gobernada por un dictador tan inculto como incapaz; sin embargo, no queda ninguna duda de que Washington está tomando medidas correctas en tiempos de reajuste diplomático.
POST SCRIPTUM
Cuba es una isla de nostalgia habitada por uno de los pueblos más dignos y orgullosos del mundo. Una nación en la que coexisten, en viviendas que se han deteriorado casi continuamente en el último siglo, hombres y mujeres que a ritmo de reguetón viajan en vehículos no sólo fabricados hace más de medio siglo, con autos soviéticos y chinos, que se mueven gracias al ingenio de mecánicos que saben la magia de la creatividad.
Estar en esa isla es mucho más que el continuo bullicio de gente que habla en un tono excesivamente alto, pero con una confianza en el futuro de que siempre sus mujeres terminarán sabiendo qué hacer de comer.
La Habana es Prado, un abogado de gran cultura, quien dejó la profesión para manejar un taxi, lo que lo convierte en un hombre rico en comparación con sus hermanos, que trabajan para el gobierno. Un hombre que ama el socialismo y que cuenta con el orgullo de que su padre inició la revolución luchando en la clandestinidad, pero que es feliz cada que puede ver a sus nietos que viven en Estados Unidos. Prado es Cuba y Prado vivirá por siempre en el corazón de quienes tenemos el privilegio de conocerlo.
Los cubanos hace mucho que dejaron de preguntar el porqué, sólo hacen que funcione y lo hacen magistralmente.
Esperemos el día que termine el “holocausto más largo del mundo” y una de las acciones más indignas y criminales de Estados Unidos contra una gran nación.
Twitter: @kimarmengol