Programas de bienestar vs. obras emblemáticas

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

Con motivo de la aprobación del presupuesto federal para 2027, es oportuno considerar si el gobierno de Morena ha cuidado su capacidad de cumplir con los diversos programas de apoyos económicos que están en marcha. La cuestión tiene que ver con que éstos son, en un número mayoritario de casos, un ingreso crítico indispensable para los más de 43 millones de individuos registrados para recibirlos. El hecho es que se destina una parte importante del presupuesto a dichos programas cuya mera existencia plantea el dilema trascendente de escoger entre cumplir los compromisos de los programas de bienestar o bien cumplir con el importe de las paradigmáticas obras de infraestructura. Si por ellas se ha de reducir el apoyo de los programas, ese abandono significará privaciones y pérdida de votos en las elecciones del año que viene.

Los hechos están a la vista. El gobierno destina una parte importante de su presupuesto para poner dinero, poder de compra directamente en los bolsillos de las familias, alegando que así se elimina la intermediación de individuos que nada aportan al bienestar de los beneficiados. El argumento se llevó hasta el extremo de eliminar estructuras públicas como las guarderías alegando que eran fuente de corrupción e intermediación. Además de lo anterior, el gobierno ha eliminado el Coneval por considerarlo no sólo inútil, sino una rémora  la difusión oficial de los éxitos que el gobierno constantemente se atribuye, interpretando los datos a su manera.

El dilema para el gobierno está entre hacer cubrir los gastos que implican los programas de apoyo a la pobreza, o bien los presupuestos que le autoriza el Poder Legislativo para la realización obras de infraestructura necesarias. El caso concreto de México se plantea con absoluta brutalidad, no alcanza la recaudación fiscal para atender simultáneamente ambas necesidades.

En nuestro caso específico, el importe de los ocho programas de bienestar es de 1,025 millones de pesos y por otra parte, el valor de las obras emblemáticas de infraestructura, es de 1,178 mil millones, incluyendo los 673 millones de pesos de sobreprecio que también han sido autorizados por el Congreso.

El presupuesto total aprobado para el 2027 prevé un déficit fiscal de más de mil millones de pesos que no se ha podido evitar y que, desde luego, significa tener que contratar deuda. La capacidad del gobierno de atender todas las necesidades del país es insuficiente, por lo que el tema recurrente de la necesidad de una reforma fiscal es evidente, pero Claudia Sheinbaum no se atreve a implementarla por razones electorales, como sí lo han hecho varios de sus antecesores.

El caso de la India es muy interesante, en tanto que ese país asiático destina 1.4 rupias de cada 100 de su PIB en programas sociales, México, por el contrario, destina una proporción mayor del 2.5 de cada 100 pesos del PIB para dotar de poder de compra a las familias. India prefiere gastar más en infraestructura en la confianza ya que hacerlo no sólo despliega su apoyo más equitativamente por toda la población, sino que a través de la infraestructura se generan empleos y obras de servicio permanentes, y no sólo otorga un apoyo temporal, como es el caso de nuestro país.

Es evidente la exigencia de promover el impulso al desarrollo socioeconómico del país. Aumentar las exportaciones no constituye la única respuesta, ya que éstas en sí dependen de incrementar significativamente el volumen y el valor de los productos y servicios que han de fortalecer nuestro comercio exterior. La Inteligencia Artificial, gran novedad en el escenario del discurso actual, no es suficiente, mientras no se traduzca en lo anteriormente mencionado.

Es indispensable la modernización de la visión del gobierno actual que obligadamente tiene que ir más allá de los conceptos que maneja la clase política mexicana. Cuando lo único en que se insiste es la defensa de la soberanía nacional y asegurar que nuestro país no será colonia de nadie, la realidad está en que mientras no nos emparejemos con los países con los que tratamos a diario, seguramente nuestro destino será irremisiblemente ser súbditos de los que sí entienden la realidad contemporánea.

Temas: