Nuestro prestigio como responsabilidad

Los tiempos actuales exigen que México restablezca la confiabilidad en sus compromisos internacionales.

Ahora resulta que Morena no quiere que las circunstancias en que se accidentó el Ferrocarril Interoceánico sean examinadas por Congreso, porque sabe perfectamente que con ello se abriría una abrumadora cantidad de interrogantes. Para el gobierno, que carga con toda la culpa, la solución fácil es empaquetar el asunto y enviarlo a un comité especial donde todo el tema se diluiría en un prolongado debate hasta lograr que sea sepultado en un callado olvido sin identificar a los culpables. De esta manera, a base de artimañas, estaría salvando la responsabilidad no sólo de Gonzalo López Beltrán, a quien su padre, el presidente de la República, le encomendó la tarea de supervisar, pro bono, tanto la construcción del Tren Interoceánico, como la calidad de los materiales, sino también a la Marina, a la que le fue encomendada la totalidad de la complicada obra, una de las más paradigmáticas de la administración de López Obrador.

El problema empieza con las circunstancias que explican el desastre. Como rieles mal fijados por la premura de marinos improvisados como constructores. Se ha revelado que hubo durmientes de madera podrida junto con otros de diversas clases, unos nuevos colocados al lado de los que fueron colocados hace más de cien años, cuando el ferrocarril fue inaugurado por don Porfirio Díaz en 1907.

El asunto no queda ahí. El uso de material inadecuado como el balasto utilizado sin tomar en consideración las peculiaridades del suelo, o la compra de locomotoras de dimensiones inadecuadas para las curvas de la ruta que tendrán que rediseñarse, junto con otras características equivocadas de las instalaciones, sumadas todas ellas, hacen que sea un error menor el que el maquinista se hubiera excedido en velocidad como se afirma.

Aún hay más. Sin cumplir los requisitos de la licitación, se autorizaron contratos por asignación directa dejando abiertas las posibilidades suficientes para invalidar su existencia misma y aplicar las penas que la ley señala. Consciente de ello, y para ocultar males mayores, el gobierno, como ya es su costumbre, recurrió al ardid de declarar “asunto de seguridad nacional”.  Si la presidenta Sheinbaum sigue utilizando este mismo procedimiento a lo largo de su gestión la respetabilidad de México continuará dudosa.

Los tiempos actuales exigen que México restablezca la confiabilidad en sus compromisos internacionales. El que tratemos ahora de sanear muchas de las obras públicas que formaron parte prominente del sexenio pasado nos expone a demandas judiciales que implicarán muchos millones de pesos para el erario en momentos de debilidad económica. El prestigio de nuestro país está en juego en cuanto a su atractivo como oportunidad para nuevas inversiones de cualquiera procedencia.

Más grave aun es dar argumentos a los que dudan del T-MEC como instrumento necesario para fortalecerlo como arma que nos da una clara ventaja sobre países que rivalizan con nosotros en ventajas de inversión. Es necesario mantener la preferencia arancelaria que hasta ahora gozamos en dicho tratado.

La presencia de China en América Latina se expresa en tratados comerciales con Perú, Chile, Argentina, Ecuador y Perú, con los cuales aumenta no sólo sus ventas, sino puede tener acceso a materias primas estratégicas y escasas. En Argentina el litio es extraído por una empresa de capital chino como, a su vez, en Ecuador tiene inversiones en energía, minería e infraestructura. China tiene en Perú inversiones masivas en cobre y construye el megapuerto de Chancay. El que México sea un proveedor de Estados Unidos al mismo valor que lo es China nos obliga a aumentar nuestro esfuerzo para hacer respaldar y valer, con mayor pujanza competitiva, es decir, mayor inversión, nuestra ventaja de cercanía geográfica.

Nuestras estrategias con este propósito tienen que respaldarse en el respeto a la palabra dada en cuestiones como los compromisos que asumamos en el marco del tratado trilateral T-MEC, que pronto se convertirá en campo de batalla de países que buscan conquistar este lucrativo mercado. El presidente de Estados Unidos, con su estrategia errática de imposición de sus exigencias, ha vuelto más complicada la realización de los planes de desarrollo, debido a sus excursiones arancelarias con que ha confundido a los empresarios y especialistas que ante todo desean estabilidad y seriedad para sus proyectos.  Esto es especialmente importante en tan inestables momentos por los cambios de gobierno, presentación de diversos criterios de análisis y por la aparición de instrumentos de rango novedoso como el uso tan rápidamente generalizado de la inteligencia artificial.