El llamado de Mark Carney
Carney señaló a Canadá como ejemplo de cómo las “potencias medias” podían actuar juntas para evitar ser víctimas de la hegemonía de los países más poderosos.
Pocos son los casos en que un discurso marque una nueva forma de ver las cosas como fue la intervención del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en la reunión Anual de Davos. Las palabras redactadas personalmente marcaron un profundo quiebre en las relaciones entre los países hegemónicos y los demás.
Dicho ante los representantes más importantes de los gobiernos y prominentes empresarios del mundo, las palabras del primer ministro se dan en momentos en que cunde una atmósfera de desorden y de rompimiento de costumbres y protocolos en las relaciones internacionales.
El mundo que Carney describe está sumergido en rivalidades y enfrentamientos entre actitudes y perspectivas contradictorias que, por la carencia de rumbos claros, abre paso a las ambiciones más descarnadas de los países que cuentan con superioridad en dinero y fuerzas políticas, científicas, militares y económicas. La situación actual favorece claramente los intereses a los pocos países que ejercen la supremacía para conservar su posición hegemónica.
Así, ante el auditorio más selecto del mundo en el antiguo y novelesco pueblo suizo de Davos, el primer ministro canadiense describió una situación de confusión general que envuelve una inquietud mundial.
Mientras que, por otra parte, se da el reclamo constante de los países menos fuertes que piden ser respetados en sus soberanías, término que para los poderosos significa sumisión. De ahí que los países de mediano desarrollo, en lugar de responder al momento con acciones que resuelvan sus carencias y limitaciones, se dejan convencer por la comodidad de la sumisión.
Es el tiempo en el que los países de mediana potencia deben defender su derecho al desarrollo y tomar muy en cuenta que, si no tienen un lugar en la mesa, lo tendrán en el menú.
En su discurso, Carney instó a las naciones a aceptar que el orden global basado en determinadas reglas había terminado y señaló a Canadá como ejemplo de cómo las “potencias medias” podían actuar juntas para evitar ser víctimas de la hegemonía de los países más poderosos.
El viejo orden se cifraba en la superioridad de unos pocos desde su posición de conquistadores sobre los débiles. Para los que sienten nostalgia de las condiciones del antiguo orden mundial habrá que recordarles que el pasado no volverá y que a los países de mediana potencia les corresponde utilizar sus propios recursos para desarrollarse, en lugar de seguir el juego más cómodo de sumisión a los intereses de los más grandes.
El primer ministro, economista, líder del centro izquierdista Partido Liberal, asumió su cargo el 14 de marzo del 2025. Habiendo sido gobernador del Banco de Canadá y de Inglaterra, desde el 1 de julio del 2013 hasta el 15 de marzo de 2020.
Al terminar su discurso recibió una inusual ovación de pie en Davos por denunciar abiertamente y con valentía a las naciones poderosas que utilizan la integración económica como armas y los aranceles como palancas de presión.
En su afán por afirmar la independencia de Canadá y buscando remediar el alto déficit comercial con Estados Unidos, Carney recién firmó un acuerdo comercial con China y otro con Qatar. Como respuesta a esto, Trump publicó una foto hecha con IA en la que el mandatario aparece ondeando la bandera estadunidense sobre el mapa de Canadá y Groenlandia.
Entre los muchos comentarios favorables a las palabras de Carney, se escuchan algunos que mostraron preocupación por la cercanía de las negociaciones para revisar el T-MEC, en el que México es socio.
Fue muy importante el llamado de Carney a las naciones de desarrollo mediano invitándolas a desarrollar sus propios recursos para lograr los niveles necesarios en materia económica y social para así conquistar un lugar digno dentro de la comunidad internacional y, de esta manera, resolver el desequilibrio y el desorden en que nos encontramos.
La lección para México es clara. Necesitamos empeñar nuestros máximos esfuerzos no en inútiles contradicciones ideológicas ni tampoco en innovaciones dispendiosas e inútiles que sólo llevan al fracaso.
Son altamente oportunas las palabras de Carney, ya que son una invitación a todos los países de desarrollo medio para que cada quien se fortalezca a través de un desarrollo efectivo. No hay que olvidar que la unión hace la fuerza, así juntos ocupemos un lugar digno frente a los países que pretenden ejercer una hegemonía mundial.
