Después de la victoria de Biden
El gobierno de EU quedó en manos de Biden, quien recibe como legado de su antecesor un país escindido. El país que Trump deja es una sociedad ardiendo en tensiones renovadas
Joe Biden obtuvo 73 millones de votos, mientras que el presidente en funciones, Donald Trump, tuvo 69.6 millones. Biden alcanzó el número requerido para anunciar su triunfo en el colegio electoral que se reunirá el 14 de diciembre.
Trump no acepta esta realidad y dice que aún no hay base para sostener la proclamación de Joe Biden como presidente electo y habrá que esperar hasta contar la última boleta. En estricta teoría podría darse el caso de que en los pocos estados faltantes y su cierre de cuentas se escondieran suficientes votos para invertir el resultado final. Ya varios expertos han explorado esta posibilidad, pero la aritmética no da. Ayer la cosecha ajustaba 306 votos para Biden y 232 para Trump. Los 270 votos marcaron la mayoría necesaria en el colegio electoral y validaron el anuncio del triunfo de Biden. La declaración fue oficial y como tal, mereció el reconocimiento internacional.
López Obrador retiene su felicitación a Biden como prueba de su solidaridad agradecida hacia Trump, quien se mantiene terco en la teórica posibilidad de alcanzar a la postre el mítico 270. AMLO está casi solo en este asunto. Todos los latinoamericanos han enviado mensajes de felicitación.
La gestión de Trump favoreció la preeminencia de los grandes intereses empresariales y financieros mientras su base electoral se compuso de las clases trabajadoras y agricultores. El resultado se vió en las elecciones.
El gobierno de EU quedó en manos de Biden, quien recibe como legado de su antecesor un país escindido. El país que Trump deja es una sociedad ardiendo en tensiones renovadas, insatisfacciones violentas en un remedo de lucha de clases como no se había visto desde el siglo XVIII. Es este nuestro socio en la gran estrategia norteamericana dibujada en el nuevo tratado trilateral que entró en vigor a principios de 2020, pieza sustantiva para cimentar la preeminencia de EU en los asuntos mundiales.
Las crueles experiencias y trágicos saldos de las intervenciones norteamericanas en regiones lejanas han moderado el ansia de instalar por todo el mundo el modelo norteamericano de democracia. El gobierno de Biden no emprenderá nuevas misiones civilizadoras en el extranjero ni la tarea de contener el avance de sistemas dictatoriales de populismo de izquierda o derecha. Su actuación se realizará por otras vías.
Lo anterior apunta a que la administración de Biden habrá de reforzar con más tino las políticas que promuevan mejores cifras de producción industrial y agrícola que, a su vez, incrementen la presencia económica y financiera de su país. El América First seguirá vigente con un lema más amigable.
Conociendo las motivaciones y los impulsos de nuestro socio, conociendo, a la vez, las inestables condiciones en que se encuentra para enfrentar los muchos problemas que desde hace tiempo se gestan, la actitud que tenemos que tener en nuestras relaciones con Estados Unidos es de cuidadosa observación de los factores que determinan sus políticas y decisiones en las áreas de interés compartido. En este orden de ideas, la interpretación que se dé en Washington de algunas cláusulas del nuevo T-MEC en materia de contenidos nacionales o regionales de nuestras exportaciones, las reglas que operarán en solución de controversias con o sin la presencia de la OMC, la restricción a firmar tratados de comercio con países no calificados como de economía de mercado o las nuevas normas en niveles salariales.
Dos asuntos de trascendencia son Migración y Control Ambiental. En el primero, la restitución de derechos a los emigrantes mexicanos y la suerte de los hijos de estos es de urgencia. Los convenios al respecto existen, pero han sido desatendidos con un gran sufrimiento. En el otro tema, el desarrollo moderno de nuestra industria puede ser de importancia por sus repercusiones en el empleo, pero lo que es inaplazable es la coordinación entre los tres países norteamericanos para unificar criterios y producir reglamentos de estricta aplicación. Biden tiene que actuar utilizando toda su autoridad frente a los muchos opositores en el Congreso y asociaciones y cámaras empresariales.
El tema ambiental es para nosotros más difícil ya que ni el gobierno ni mucho menos el empresariado están a favor de salvar el país de los estragos que ya sentimos del desastre ecológico que López Obrador intencionadamente propicia con su protección a Pemex y la CFE.
La coordinación presidencial que hay que exigir en la acción para vencer la pandemia no sólo incluye la obtención y distribución de las vacunas del caso. Se extiende al ejemplo y discurso qie se dirija a los pueblos que comparten nítidamente la culpa de que no se haya dominado más la crisis.
Es este otro de los muchos temas en que esperamos un viraje fundamental en el comportamiento del gobierno de EU.
México tiene su papel que jugar en los temas arriba esbozados. Cada vez más se aprieta la corresponsabilidad para elevar los niveles de vida en el mundo. Todos estamos en el quicio entre repetir errores o introducir cambios para mejorar la manera de consensar nuestra compleja realidad. En tanto que diseñemos todas las respuestas que se requieren, no podemos, en México, perder más tiempo.
