Comercio exterior y el PNB
El fenómeno de insuficiencia de consumo, agravado con distorsiones en distribución, es foco de creciente tensión política, incluso electoral, en México y todo el mundo, y detonante de violencias.
El comercio exterior aporta más de 80% del PNB de México. Pero no lo suficiente para sostener toda la vida a la economía. Hay que añadirle ingresos del exterior como inversiones directas, remesas de nacionales o en préstamos de instituciones extranjeras.
Si en los últimos años el comercio exterior viene aportando una buena parte del producto nacional, ello no significa que estemos sanos. Nuestros déficits comerciales son recurrentes y no hemos diversificado los intercambios. El PNB que registramos no crece lo suficiente y la población en general no ha llegado a gozar rangos de vida aceptables. Las importaciones pueden indicarnos parte de la pregunta anterior.
Es un hecho que la suma de la producción agrícola e industrial y lo que el creciente sector servicios aporta no basta para cubrir los niveles reales de consumo ni de los artículos que podríamos producir aquí. Grandes volúmenes de alimentos frescos o procesados y de artefactos y equipos manufacturados que son demandados podrían elaborarse o fabricarse en México. Una parte significativa de la fuerza de trabajo se desperdicia y es ajena a la órbita económica. La mano de obra ociosa lastra y hunde. La solución al déficit está en emparejar la producción subiéndola al nivel de su capacidad real.
La insuficiencia del aparato productor, en mucho debido al bajo empleo de las pymes y de fuerza de trabajo informal, explica la distancia a la que nos hallamos para cubrir la demanda total de bienes y servicios de la población nacional. Ese bajo rendimiento explica por qué hay que incorporar productos y servicios del exterior a nuestra cuenta nacional. Para satisfacer las necesidades del mercado interno hay que aumentar la producción per cápita de nuestros más de 50 millones de trabajadores hasta lo necesario. Existe mano de obra más que suficiente para lograrlo.
La reflexión puede parecer demasiado abstracta, pero el registrar aumentos medidos sólo en índices de productividad es engañoso. La tarea de realizar el verdadero potencial productivo nacional y aumentar el número y calidad de los bienes que la propia sociedad tiene que generar es mucho más complicado que describirla en meras estadísticas de horas hombre o rendimientos salariales.
Las relaciones comerciales internacionales que a diario operamos son el termómetro del grado en que cubrimos la demanda interna. El desarrollo socioeconómico de un país consiste en alcanzar los niveles mínimos de consumo que exigen millones de compatriotas. El fenómeno de insuficiencia de consumo, agravado con distorsiones en distribución, es foco de creciente tensión política, incluso electoral, en México y todo el mundo, y detonante de violencias.
Enfrentar la situación anterior sólo se hace aumentando la proporción de mano de obra dedicada a empleos que produzcan sin desperdicio de recursos los productos y servicios para cubrir eficientemente la demanda interna. La rectoría del Estado evitará que por fallas del sistema queden necesidades sociales sin atender.
La política de comercio exterior no se limita a cuantificar el volumen o valor monetario de los intercambios internacionales. La promoción de nuevas industrias estará al fondo de sus objetivos. De las políticas de comercio exterior dependerá orientar a la comunidad para que las estructuras agrícolas, industriales y de servicios operen con equilibrio y eficiencia, y apoyadas por las oportunas directivas del gobierno que estimulen y modulen la producción conforme a necesidades sociales. La rectoría del Estado regulará el uso de recursos escasos conforme a las necesidades y disponibilidades de la comunidad.
El área de los acuerdos comerciales es de particular interés hoy que las asociaciones interregionales y las intercontinentales proliferan. Los clásicos instrumentos tarifarios y arancelarios han cedido importancia a las maniobras preferenciales que buscan consolidar hegemonías o desestabilizarlas.
Una nueva etapa de estrategias internacionales se abre en la próxima administración sexenal de México. La articulación cercana de intereses empresariales, de asociaciones y transnacionales tiene que ser acompañada por firmes conceptos que respeten prioridades humanistas ya imperantes.
