Reflexión playera
Estoy sentada bajo una sombrilla azul. Acabo de darme cuenta de cuántas veces empiezo a escribir con la frase “Estoy sentada”. Y es que, aunque cuenten que algunos escritores, como Hemingway, escribían de pie, la mayoría de las veces yo elijo hacerlo en esa ...
Estoy sentada bajo una sombrilla azul. Acabo de darme cuenta de cuántas veces empiezo a escribir con la frase “Estoy sentada”. Y es que, aunque cuenten que algunos escritores, como Hemingway, escribían de pie, la mayoría de las veces yo elijo hacerlo en esa posición.
Gota de agua en la inmensidad... cuaderno a rayas donde hay que ir repitiendo en cada uno de los renglones y en letra manuscrita la palabra ... ola...
Qué suerte tengo de estar aquí. Qué suerte tenemos de ser parte de este milagro.
De repente... un pájaro, dos, tres, diez, muchos. No tengo necesidad de levantar la vista para admirarlos, a cada uno lo conozco por esa sombra que a su paso va dibujando sobre la arena. Ella se acerca, lleva una cubeta naranja que ha llenado con agua salada. Una hermosa mujer que aún es niña, con un bikini de arcoíris, carga el peso del mar mientras sonríe. Qué fáciles eran esas conquistas. ¿En qué momento quisimos ser conquistadores de mundos ajenos? El agua baila, el mundo sigue girando y nosotros fingiendo que no somos tan sólo un grano de arena que gravita sin rumbo por el universo. La vida suspendida en un suspiro, el viento me acaricia, una caricia de amor, y pienso que, sin amor, no hay arte y, sin arte, la vida... tan sólo da miedo.
Frente a mí pasa una pareja. Él lleva en los brazos a un niño pequeño. Mientras los miro alejarse, pienso: “En el mejor de los casos, la vida empieza un día en los brazos de alguien y nunca tenemos idea de dónde habrá de terminar”.
