Tocar

Def : Hacer sonar un instrumento.

Toco el timbre, y esa voz que emerge del interfón sólo dice: “Pasa”.

A mi edad es ya muy raro sentirte nueva en algo, estoy llegando a mi primera clase de piano. –¿Qué buscas de esta experiencia? Pregunta Elmer, el que a partir de ahora será mi maestro. –No pretendo ser concertista, sino simplemente saber tocar…

Saber tocar… Mi padre siempre decía que los ojos sólo se tocan con los codos y que hay que saber esperar a que nos toque nuestro turno. Ojalá existieran escuelas donde nos enseñaran a tocar el alma de los otros con el cuidado que se requiere, que nos aleccionaran en el cómo tocar la piel de a poco y nos explicaran, paso a paso, el modo de darnos cuenta de cuándo es que nos toca a nosotros ayudar a los demás. Sería interesante que en las esquinas nos instruyeran sobre lo poco indispensable que es tocar el claxon, y que alguno nos ilustrara sobre las ventajas que tiene tocar antes de abrir la puerta. Que se impartieran  cursos intensivos para que de una buena vez aprendamos que cuando te toca, te toca, y que tocar fondo no es más que dejar de seguirte sumergiendo.

–En esta primera clase nos concentraremos en la postura y en algunos ejercicios de flexibilidad.

Como buena alumna que soy hago lo que me dice, encuadro mi ombligo entre las dos notas que le siguen al do más central, acomodo la cadera justo como él lo indica e intento dejar los hombros relajados al mismo tiempo que los obligo sutilmente hacia atrás. Acto seguido, la colocación de los dedos, llevamos 20 minutos del primer día de mi carrera musical y el piano es un mueble mudo. Mi madre siempre me dijo que tenía manos de pianista, pero al empezar a hacer los ejercicios me cuestiono profundamente si en verdad habré nacido para esto. Cada dedo tiene un número, la tarea consiste en mover simultáneamente el uno derecho, el que hasta hoy conocía como el meñique,  con el que vulgarmente apodamos como el pulgar, que en este caso es el cinco izquierdo. Es entonces cuando las cosas se complican, pues mis dedos se confunden y cuando quiero levantar el que corresponde, en el mejor de los casos se levanta también el que le sigue. “Tienes que independizar tus dedos”, comenta, en un tono que pareciera que se tratara, en vez de un enorme reto de concentración, de una simple y sencilla instrucción. ¿Independizar mis dedos? Sé que se refiere a desasociarlos, mas la fuerza de la palabra independencia refiriéndose a esas diez partes de mi cuerpo hacen que pierda instantáneamente la postura. ¿Cuántas veces lo he pensado… independizarme?, y heme aquí frente a esta amalgama de falanges que por lo menos ahora no muestran la más mínima intención de hacerme caso. Es en ese momento en el caigo en cuenta, estoy aquí sentada por un acto más de rebeldía. Quiero aprender a tocar piano no sólo para conseguir tocarlo, sino por dejar de no saber hacerlo. Estoy sentada en este banco con la distancia suficiente entre mi torso erguido y el teclado para aprender mucho más que la manera en que funciona un instrumento musical, estoy aquí porque busco encontrar una manera más de tocarme el alma, pues hoy necesito proporcionarme a mí misma esas caricias internas que, obviamente, no se logran únicamente con la punta de los dedos. Para tocarte por dentro se requiere tener el impulso, sumarle un poco de bravura, aprender el método con disciplina y, a todo eso, agregarle la dosis suficiente de paciencia. Nuevamente suena el timbre, lo que indica que ha llegado el siguiente concertista, salgo a la calle, mi corazón late y, mientras, toca una hermosa y hasta hoy desconocida sinfonía. Quizá jamás llegue a ser pianista, pero… ¿Después de lo aprendido, de verdad importa? Lo verdaderamente relevante es hacer lo que te toca y, si nos es posible, tocar a alguno con lo que haces.

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