CDMX: mucho motor, mayor desafío urbano

La congestión vial tiene impactos profundos...

Jesús Sesma Suárez

Jesús Sesma Suárez

Avenida México 

El tránsito vehicular en la Ciudad de México pasó de ser sólo una molestia a convertirse en un asunto de desarrollo urbano. Hoy en día, los capitalinos perdemos más de 150 horas al año atrapados entre semáforos, embotellamientos y avenidas colapsadas, de acuerdo con las estimaciones. Vivimos en una ciudad congestionada, con altos índices de contaminación ambiental y, tras el auge de las motocicletas y otros vehículos pequeños, con condiciones cada vez menos seguras para movernos. La movilidad, lejos de ser un medio para acceder a oportunidades, se ha transformado en un calvario cotidiano para millones de personas.

Recientemente, un grupo de expertos, investigadores y especialistas provenientes de asociaciones civiles, empresas y organizaciones de transporte, presentó ante el Congreso de la CDMX un estudio de movilidad que confirma lo que cualquiera que circule por esta urbe percibe: el crecimiento del uso del automóvil particular y de la motocicleta ha sido exponencial. Ello no sólo deja atrás alternativas más sostenibles y amigables con el medio ambiente, como el transporte público (en especial el eléctrico), sino que ha terminado en la saturación de vialidades y en el apoderamiento de vías que no fueron diseñadas para el tipo de vehículos que hoy abundan en ellas.

El estudio tiene como objetivo contribuir al proyecto del Plan General de Desarrollo 2025-2045, cuya elaboración está en manos del Congreso. Y es importante subrayarlo: el problema no se reduce a calles y avenidas saturadas. La congestión vial tiene impactos profundos y transversales.

En términos ambientales, el aire que respiramos se deteriora con cada hora de motor encendido y la gran cantidad de partículas contaminantes concentradas en él repercuten en la salud, afectando, sobre todo, a niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias. Pero eso no es todo. El estrés de los traslados largos y caóticos incrementa problemas de ansiedad, irritabilidad y agotamiento físico. No es lo mismo pasar dos horas diarias en un transporte eficiente que invertirlas detenido, tocando el claxon y respirando aire contaminado.

A su vez, las horas perdidas en el tránsito se traducen en menor productividad, con trabajadores que llegan exhaustos a sus empleos y entregas que se retrasan. Pero el tiempo desperdiciado en el tráfico no es sólo una cuestión de demoras o citas que se pierden, es una desventaja estructural. La congestión termina enfermando, robando oportunidades y profundizando desigualdades, pues quienes viven más lejos o dependen de traslados largos, son los más afectados.

Por otra parte, a este panorama se suma el aumento descontrolado del uso de motocicletas y transportes similares, que han vuelto el transitar aún más inseguro. Estos vehículos que, en teoría, podrían ser una alternativa de movilidad ágil, circulan hoy prácticamente por cualquier vialidad, la mayoría de las veces sin respetar las reglas mínimas de tránsito. Ya no sorprende ver motocicletas que se suben a banquetas sin importar el tránsito de peatones, que rebasan entre carriles a alta velocidad o ignoran semáforos poniendo en riesgo no sólo a sus usuarios, sino a todo transeúnte.

No debemos resignarnos a vivir en una ciudad cuyas vialidades, en su mayoría, hoy funcionan al límite y cuyas consecuencias impactan negativamente en la calidad de vida y el deterioro urbano. El reto de elaborar un Plan General de Desarrollo para 2025-2045 es enorme y no admite soluciones parciales.

Hoy más que nunca hay mucho motor y mayor desafío urbano, por lo que es necesario repensar el modelo de movilidad en la CDMX con una visión de largo plazo que priorice a las personas por encima de los vehículos. Apostar por transporte público eficiente, moderno y eléctrico no es una opción ideológica, sino una necesidad ambiental y social. Regular el uso desmesurado del automóvil, ordenar el uso de motocicletas y fortalecer la seguridad vial son tareas urgentes en la Ciudad de México.