Si tienen redes sociales, especialmente Instagram o TikTok, llevan algunos días viendo las fotos de 2016, porque revisar lo que nos pasó diez años atrás se convirtió en el primer trending topic de este año. Aunque soy muy activa en mis redes sociales, no suelo subirme con frecuencia a estas tendencias. Sin embargo, no pude evitar entrar a las fotos de mi celular, filtrar 2016 y sorprenderme. Terminé compartiendo algunos de los momentos más relevantes y pensé que tomamos fotos para capturar recuerdos, para congelar instantes que queremos mantener presentes.
La memoria es una capacidad cognitiva fundamental que nos permite almacenar, codificar, retener y recuperar información. Así recordamos hechos, experiencias, habilidades y conocimientos pasados que utilizamos para tomar decisiones, resolver problemas y aprender de nuestras experiencias.
La memoria también tiene una gran importancia emocional, porque los recuerdos están estrechamente ligados a nuestros sentimientos, ya que almacenamos especialmente aquellos que suelen estar asociados a eventos emocionales significativos, tanto que al recordarlos podemos incluso volver a sentir de nuevo lo que en aquel momento.
Por eso le tememos a la pérdida de la memoria: porque con ella se va la autonomía funcional y la identidad personal, generando confusión, aislamiento y discapacidad. Y lo peor es que, como todo a lo que le tenemos miedo, preferimos no hablarlo y normalizarlo.
Algunas enfermedades que pueden causar pérdida de memoria son Alzheimer, demencia vascular, Parkinson, encefalitis, tumores cerebrales y los accidentes cerebrovasculares. La más frecuente de todas es el Alzheimer: una enfermedad neurodegenerativa que afecta, además, pensamiento y comportamiento, y puede comenzar hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles.
Alrededor de 1.18 millones de mexicanos mayores de 60 años han sido diagnosticados con Alzheimer. Sin embargo, la falta de diagnóstico oportuno sigue siendo un reto, retrasando la atención y acelerando el deterioro cognitivo, lo que disminuye la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
No obstante, en el Programa Sectorial de Salud 2025-2030, por primera vez se reconoce en el país el deterioro cognitivo y las demencias como prioritarias, lo que abre la puerta a un mayor abordaje, el desarrollo de protocolos de detección temprana, el apoyo a cuidadores y la capacitación para médicos de primer contacto, claves en la detección de las primeras señales de alerta. Hemos normalizado la pérdida de la memoria asociada principalmente al envejecimiento, por lo que resulta indispensable abrir conversaciones sobre la memoria como pilar de la salud pública y la detección temprana como la principal herramienta para retrasar el deterioro y preparar progresivamente a las familias para enfrentarlo.
Recientemente Lilly México lanzó la campaña El tiempo que perdemos lo gana el Alzheimer, para generar conciencia sobre la importancia de detectar rápido los síntomas del Alzheimer y el cuidado de las personas que viven esta enfermedad. La propuesta –como en el trend del 2016–, es una invitación a los familiares del paciente para acompañar el recorrido de los momentos de su vida, apoyados en post-its y otros recursos que puedan reconectar a las personas con su historia, incluso frente a una enfermedad neurodegenerativa. El mensaje es poderoso porque invierte la lógica habitual: no se trata sólo de cuidar al paciente, sino de proteger lo que aún permanece.
Por eso esta semana en Health Café mi invitado es el doctor *Santiago Posada, VP de Asuntos Médicos para Lilly Latinoamérica, quien confirma que “el Alzheimer no sólo borra recuerdos, también transforma la vida de quienes cuidan. Detectarlo a tiempo puede preservar vínculos y proyectos de vida”. Los invito a ver, escuchar y compartir este episodio, porque es justo así como podemos generar conciencia. Cada año de un paciente sin diagnóstico es tiempo y recuerdos perdidos. Tiempo que la enfermedad gana.
