La columna de hoy surge de una entrevista que escuché en la radio a Fernando Landeros y que, francamente, me alarmó; a partir de ello, ingresé a la página de la Fundación Freedom y consideré que todas y todos, desde el ámbito de competencia que tengamos, debemos reaccionar y tomar medidas. Me refiero a la muy lamentable explotación y trata infantil.
Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), en su Informe Mundial sobre Trata de Personas 2024 existió un incremento de víctimas infantiles detectadas a nivel global en 2022 de 31% en comparación con 2019, con un aumento de 38% en el caso de las niñas. Los datos son crudos: la trata de niños y niñas también crece en los países de ingresos altos y, por lo general, se vincula con la explotación sexual de niñas, con 60%. Continúo y cito textualmente parte del dramático informe: “Alrededor de 45% de los niños detectados son víctimas de la trata con fines de trabajo forzoso y 47% son explotados con otros fines, como la criminalidad forzosa y la mendicidad. La trata con fines de criminalidad forzada, incluida las estafas en línea, ocupa el tercer lugar en el número de víctimas detectadas, y ha pasado de representar 1% del total de víctimas en 2016 a 8% en 2022”.
Y las malas noticias a escala internacional continúan. Según Associated Press (AP), en un artículo publicado en febrero pasado, en naciones con escenarios de violencia vinculada a grupos armados, el reclutamiento infantil se incrementa. De acuerdo con AP, con cifras proporcionadas por UNICEF, en Colombia el número de menores incorporados por la milicia se cuadruplicó en los últimos cinco años: pasó de 116 casos a 453 en 2024. No obstante, la nota establece la posibilidad de la existencia de una cifra negra, es decir, hechos no denunciados. Cabe mencionar que esto no implica únicamente la incorporación de adolescentes a agrupaciones paramilitares, sino también los abusos y sometimientos que padecen dentro de esas estructuras.
Existe una lamentable asociación entre la trata, el tráfico infantil y las solicitudes de asilo a nivel mundial. Según el diario británico The Guardian, en una publicación de noviembre de 2025, durante 2024 en el Reino Unido desaparecieron del sistema de cuidados y servicios sociales más de 2 mil menores que fueron objeto de tráfico o que llegaron solos para solicitar asilo. Puntualmente, 135 autoridades locales a lo largo de la isla reportaron como desaparecidos a 2 mil 335 infantes. Se presume que la mayoría de ellos fueron trasladados a otros países con fines de explotación sexual.
Retomando la entrevista con Landeros, explicó algunos datos contenidos en la página de la Fundación Freedom y que resulta importante mencionar considerando las fechas que vienen. Señaló que, lamentable y tristemente, cuando se celebran grandes eventos deportivos aumenta la explotación sexual infantil y de adolescentes en las ciudades sede. Es decir, no todas las noticias son alentadoras alrededor del próximo Mundial que se celebrará en los tres países de Norteamérica. Asimismo, la propia fundación informa que la violencia doméstica y sexual también aumenta en los hogares cuando juega el equipo local.
Como dato relevante, la fundación proporciona ejemplos que deben considerarse como “focos rojos” de posible explotación sexual infantil y que pueden ayudarnos a reaccionar si llegáramos a encontrarnos frente a una situación tan funesta. Por ejemplo: un menor acompañado por un adulto que lo vigila de manera constante o controla lo que dice y hace; si se muestra nervioso, con miedo, evita el contacto visual o parece responder de forma ensayada; cuando no puede hablar con libertad o alguien más responde por él o ella; si permanece en lugares u horarios poco habituales para su edad; cuando posee dinero, objetos o dispositivos que no corresponden a su condición; si permanece en hoteles, transporte o espacios públicos sin una razón clara; o cuando no sabe exactamente dónde está y luce confundido o desorientado.
Ante un escenario como el anterior, debemos reaccionar y actuar como sociedad civil, denunciándolo de inmediato ante las autoridades al 911 o al 089. No podemos ser indiferentes bajo ninguna circunstancia.
