La extraña sombra de la FIFA

Juan José Serrano

Juan José Serrano

Área común

A algunas personas las sombras las acompañan; a otras, las persiguen. Lo mismo sucede con ciertas organizaciones, sin importar su naturaleza o dimensión. Existen algunas cuyo contorno representa una reputación con un altísimo grado de honorabilidad, mientras que hay otras cuya proyección no permite identificar con claridad la imagen que reflejan. Este último, me parece, es el caso de la FIFA. 

Podríamos iniciar la narración de esta secuencia de situaciones desafortunadas, con la renuncia, en 2013, de João Havelange al cargo de presidente honorario de la FIFA, derivada de la emisión de un informe elaborado por el comité de ética de la propia federación, en el que se le imputaba haber recibido pagos indebidos durante muchos años por parte de la empresa suiza de marketing deportivo ISL, la cual estaba vinculada a una red de sobornos entregados a dirigentes para obtener derechos comerciales. En su momento The Guardian documentó transacciones realizadas tanto al expresidente honorario como a Ricardo Teixeira, su exyerno, derivadas de contratos de mercadotecnia. Cabe recordar que Havelange presidió la FIFA de 1974 a 1998, periodo que tampoco estuvo exento de rumores sobre gestiones poco transparentes.

Su sucesor, y artífice del informe mediante el cual Havelange fue exhibido en 2013, Joseph Blatter, encabezó al máximo organismo del futbol de 1998 a 2015. Su administración estuvo marcada por lo que se denominó FIFAgate: una investigación que se detonó a petición del Departamento de Justicia de EU y que derivó en la solicitud a las autoridades suizas para detener a varios altos funcionarios de la FIFA en Zúrich. Se trata de la mayor investigación de corrupción en la historia del deporte global. El caso, según trascendió, contemplaba pagos ilícitos por aproximadamente 150 mdd relacionados con competiciones organizadas por la FIFA, la Concacaf, y la Conmebol. Lo anterior derivó en la renuncia de Blatter como presidente de la FIFA en 2015.

La historia no termina ahí, lamentablemente. La designación de Sudáfrica como país anfitrión de la Copa Mundial de 2010 estuvo marcada por una serie de acusaciones, nuevamente, de sobornos entre altos dirigentes del balompié internacional. Todo giró alrededor de una serie de pagos realizados a cuentas controladas por Jack Warner, entonces vicepresidente de la máxima federación de futbol y, además, presidente de la Concacaf. Uno de los argumentos de defensa de Warner y otros implicados es que los fondos estaban destinados al desarrollo del futbol en la región del Caribe; sin embargo, la BBC y The Guardian informaron que parte de esos recursos terminaron destinados a gastos y préstamos personales del propio Warner.

Pero la sombra no adquiere un perfil más nítido con la llegada de Gianni Infantino en 2016 a la presidencia de la federación. A partir de 2020, según Reuters, autoridades suizas encargadas de la procuración de justicia iniciaron investigaciones en contra del actual dirigente por haber sostenido reuniones no registradas o realizadas fuera de la agenda oficial con el entonces fiscal general de Suiza, mientras se desarrollaban las diligencias relacionadas con el esclarecimiento de los escándalos de corrupción de Joseph Blatter. Lo anterior motivó la salida del fiscal general.

Pero el asunto no termina ahí. Medios europeos y organizaciones defensoras de derechos humanos han cuestionado a Infantino por su estrecha relación con Qatar durante la organización del Mundial celebrado en 2022. Y así, la lista continúa con diversas acusaciones que pesan sobre el líder de la máxima organización de futbol del planeta; para muestra un botón: el jet privado en el que se ha transportado, únicamente para su uso personal, los días transcurridos que llevamos del Mundial, fue proporcionado, según Sporting Intelligence y The Guardian, por la principal línea aérea patrocinadora de la Copa del Mundo, Qatar Airways. Al parecer, la sombra de la corrupción y del conflicto de intereses persigue a la FIFA hasta nuestros días. Y hablando de sombras, en nuestra Área común recuerdo una conversación entre un padre y su hijo pequeño. El niño, al observar su sombra, preguntó:

—¿Ése soy yo, papá?

—No, para nada; es tan sólo lo que tú permitas que refleje.