Universidad en ciernes

Las obras para edificar la Universidad de las Artes de la Ciudad de México arrancaron hace varios días.

Aunque las autoridades capitalinas han comenzado a difundir la creación de la Universidad de las Artes de la Ciudad de México, aún existen numerosas incógnitas sobre sus alcances, su programa académico, su perfil, su presupuesto y su proyecto final.

Las obras para edificar esta universidad arrancaron hace varios días y ya se difundió el primer render. Se ubicará en el lado sur de la Plaza Tlaxcoaque, a espaldas de la siempre bien grafiteada Capilla de la Inmaculada Concepción, perfilada con un enfoque comunitario y como “un espacio donde el talento, la creatividad y la diversidad cultural florezcan con igualdad”. Así se promociona.

Me pregunto si acaso no cualquiera de las academias de artes ya existentes —del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la Secretaría de Cultura local o de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)— tiene esa misma vocación de creatividad y diversidad. También me pregunto si la Ciudad de México requería con urgencia una nueva escuela de artes y si no habría sido mejor incrementar los presupuestos a las que ya existen, para ampliar su matrícula.

Las cifras oficiales nos dicen que esta universidad tendrá una inversión inicial de 300 millones de pesos, que abarcará 9 mil metros cuadrados de infraestructura y considera incluir talleres, foros, biblioteca, mediateca y espacios integrales de bienestar para atender a cerca de 691 estudiantes en su primer año, con carreras de Restauración, Danza, Teatro y Música, y que su diseño curricular estará acompañado por la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Sin embargo, algo que no comprendo muy bien es por qué en redes sociales se vende la idea de que esta academia profesional incluirá cuatro disciplinas, pese a que en el documento Socializar el proyecto de construcción de la Universidad de las Artes —que da cuenta de una reunión entre la titular de Cultura local, Ana Francis López Bayghen, y diversos funcionarios de la Ciudad de México, en julio pasado— se reconoce que “dada la capacidad de los espacios que la Secretaría de Obras está proyectando construir, se propone que sólo las artes escénicas tengan cabida ahí”.

Por lo cual se planteó, en un futuro, hacer una intervención mayor en el Centro Cultural Ollin Yoliztli —cosa nada fácil, dado que es la sede de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM)— “para que allá se queden todas las carreras musicales, (aunque) habría que ver si ese espacio es suficiente o si se tendrían que mover a la Escuela del Rock y la Escuela de Mariachi”.

Y a esto hay que sumar que, en la citada reunión, consignada en el documento obtenido por esta columna, se expusieron otras carencias en el proyecto de la Universidad de las Artes. Por ejemplo, no se considera una licenciatura en artes plásticas ni carreras enfocadas a la creación literaria, tampoco un área de investigación y de ciencia para las artes ni se incluye la enseñanza y atención de las lenguas indígenas o la necesaria incorporación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a la parte de restauración.

De momento, las autoridades capitalinas han creado un comité fundador de la Universidad de las Artes que se encargará de validar el proyecto educativo, revisar el anteproyecto de decreto, el estatuto orgánico, los convenios, supervisar la infraestructura y el presupuesto, aprobar el cronograma de instalación y la oferta académica inicial, pero, de momento, desconozco los resultados.

Esperemos que, en el futuro, la Universidad de las Artes de la Ciudad de México no se convierta en una academia patito o un elefante blanco en el corazón de la capital, con recursos insuficientes, un programa acotado, una planta docente sin méritos ni experiencia, con una matrícula estancada, un mobiliario improvisado y que, en el mejor de los casos, su pensamiento comunitario no caiga en lo irrelevante.

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