Saqueo en Los Tlalteles

¿Por qué el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) aún no ha emitido comentario alguno sobre la invasión y el saqueo en el sitio arqueológico Los Tlalteles, en Chalco? (Excélsior, 13/04/2026) Nadie lo sabe. Pero la situación no es menor y sienta un mal precedente para futuros casos en los que se antepongan “recursos legales” para privilegiar el interés de particulares por encima del patrimonio nacional.

Aún no tenemos el detalle completo, pero lo que sí sospechamos, por el testimonio de ciudadanos y arqueólogos independientes, es que una parte del sitio ya se perdió, luego de que los ejidatarios decidieran lotificar, vender los predios y desaparecer cientos de piezas halladas, ante la mirada sumisa de un INAH, dirigido por Joel Omar Vázquez, que hoy está más preocupado por el Mundial de Futbol que por cumplir con sus obligaciones.

Los Tlalteles está a sólo 37 km de la zona arqueológica del Templo Mayor. Es un sitio que tuvo una ocupación de casi 1,500 años y fue aquí donde se ideó y confeccionó la construcción de chinampas y el sistema constructivo de Tenochtitlan. Incluso, los investigadores han expuesto que se tiene noticia del sitio desde la época virreinal, que aparece en varias fuentes históricas y no hace tanto fue inscrito en el plano municipal de Chalco como zona arqueológica. Sin embargo, si en este momento usted entra a Google Maps el lugar ya aparece con la siguiente leyenda: “Exsitio arqueológico Tlalteles”.

Tengo entendido que ya se han vendido 1,300 lotes de 120 metros cuadrados al interior de lo que fue el sitio arqueológico y que sus residentes, en su mayoría gente que viene de otros estados, se autodefinen como habitantes de la colonia Torres de Xico. Además, el traspaso de un predio puede alcanzar hasta medio millón de pesos y la zona aún no tiene servicio de agua ni drenaje, así que reciben algunas pipas, utilizan fosas sépticas y utilizan postes destartalados para bajar el servicio de la luz.

Aquí las preguntas obligadas son las siguientes: ¿No se supondría que el INAH debía hacer el rescate arqueológico?, ¿por qué no lo hizo?, ¿cómo fue que los particulares lograron ampararse para que ninguna autoridad pudiera acercarse? ¿Es así de fácil o podríamos hablar de que hubo complicidad por parte de directivos del propio instituto?

Pese a este panorama, los arqueólogos afirman que no todo está perdido y que aún hay una parte que podría ser preservada, a un costado del Cerro del Marqués o de Xico, donde hay algunos basamentos de relevancia. La mala noticia es que ya existe información de que esos terrenos podrían ser convertidos en un gran relleno sanitario.

Y, ante todo esto, ¿dónde está la dependencia encargada?, ¿qué responden esas autoridades que afirman “proteger, investigar, conservar y difundir el patrimonio cultural de México”? Ni una palabra. Ni siquiera la titular de Cultura, Claudia Curiel, se ha dado por enterada.

Lo curioso es que Joel Omar Vázquez dijo en entrevista (Excélsior, 17/07/2025) que una de las primeras acciones que emprendería sería elaborar una propuesta para dignificar el oriente de la zona metropolitana, “porque ahí tenemos museos y zonas arqueológicas importantes, y de esa manera podríamos fortalecer la memoria, la identidad y la pertenencia de los mismos pueblos del oriente”.

¿No sería una buena idea que comenzara por Los Tlalteles para mostrar alguna certeza e incluso que se realizara una investigación externa para determinar a los responsables de este atraco? O será que las autoridades prefieren esperar a que las piezas arqueológicas se vendan en Facebook, salgan al mercado negro, viajen fuera de México y, una vez que lleguen a alguna casa de subastas, ahora sí alzar la mano y exigir que se devuelva lo robado. Mi patrimonio no se vende… dicen.