Recular con sabiduría

“Es de sabios recular”, expresó ayer Jesús Galindo, director general del Instituto de la Defensa de los Derechos Culturales de la CDMX, para tratar de resolver el conflicto que propició la improvisada iniciativa de la titular de Cultura capitalina, Ana Francis López Bayghen Patiño, al modificar el nombre y la vocación de la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

Su idea era rebautizarla, por sus fueros, como Casa de las Palabras o Casa de las Palabras Ramón López Velarde, e instalar “el primer cabaret público de la capital” en alguno de sus espacios, como consta en los recientes comunicados de la SC, lo que despertó el rechazo de una parte de la comunidad literaria que insiste en mantener la vocación original del recinto.

La respuesta de los poetas ocurrió ayer, durante una álgida protesta afuera del inmueble que se ubica en Álvaro Obregón 73, en la colonia Roma, donde se alzaron consignas, poemas del autor jerezano y la lectura de un pliego petitorio de 12 puntos, en donde se insistió en mantener la vocación y el nombre original del recinto; dar garantía de pluralidad y libertad creadora, diversa e incluyente a la institución, y conservar la gratuidad de sus espacios.

Además de preservar el Café Las Hormigas; mantener el funcionamiento original de ese sitio como sede de presentaciones de libros, lecturas y centros de reunión para la comunidad de escritores; el rechazo a la reconversión comercial o escénica unilateral; la protección del patrimonio documental que resguarda, y la destitución inmediata de Andrés Carreño como coordinador del espacio que habitara López Velarde en sus últimos días.

Al final, Ana Francis López no acudió a la protesta, pero tuvo el atino de enviar a Jesús Galindo como “mediador” para escuchar, contener a los creadores y atender el problema que derivó en una nutrida protesta, afuera de la Casa del Poeta, a la que acudieron Hernán Bravo Varela, Myriam Moscona, María Rivera, Carmen Nozal, Pablo Boullosa, Ana García Bergua, Ana Clavel y el equipo de la revista Generación, que hace poco acusó haber sido expulsado del espacio.

Esta casa, expusieron los autores, fue rescatada por el gobierno capitalino a iniciativa de poetas como Carlos Pellicer, José Emilio Pacheco y Víctor Sandoval, además de que el inmueble cuenta con la catalogación de Monumento Artístico e Histórico por parte del INAH y del INBAL.

Y aseguraron que, desde su fundación en 1991, ha cumplido con los tres pilares que sustentan su identidad institucional: albergar el Museo Ramón López Velarde, resguardar las bibliotecas de Salvador Novo y Efraín Huerta, y consolidarse como el principal punto de encuentro para la comunidad poética nacional e internacional.

Luego de casi dos horas de protestas, los creadores exigieron el acceso a la Casa, que permanecía custodiada por un puñado de elementos de seguridad pública que se burlaban de los inconformes. Tras insistir, los poetas ingresaron al recinto y descubrieron que estaba parcialmente inundado.

Tras consignas y señalamientos, Jesús Galindo consiguió hablar e intentó calmar a los poetas. Les explicó que acudía en representación de Ana Francis –junto con Luz Elena Aranda, directora de Gestión Institucional, y Andrés Carreño– y les anunció dos medidas inmediatas: el recinto ya no modificará su nombre, por lo que seguirá siendo Casa del Poeta Ramón López Velarde, y que bajo ninguna circunstancia se instalará un cabaret en dicho espacio.

Ahora sólo falta que la SC responda al resto de exigencias de una comunidad que volverá, con megáfono en mano, el próximo viernes 19 de junio, para recordar los aniversarios luctuoso y de nacimiento del poeta jerezano, que se cumplirán esta semana. Ni hablar. Dicen que es de sabios recular, pero yo digo que es más sabio razonar.