Todo creador escénico también come, paga renta, debe finiquitar préstamos y reinvertir fondos para emprender nuevos proyectos. Pero eso, al parecer, no lo tienen muy claro Alejandra de la Paz ni Claudia Curiel, titulares del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de la Secretaría de Cultura (SC) federal, respectivamente, pues incumplieron con el pago que debían entregar desde junio a las compañías que participaron en el XXI Festival de Monólogos: Teatro a Una Sola Voz.
De manera institucional, este festival fue perfilado como “uno de los proyectos de circulación escénica más importantes de México y consolidado como una de las principales plataformas nacionales dedicadas exclusivamente al teatro unipersonal”.
La propia Curiel lo describió así: “Esta programación convierte cada escenario en un espacio donde la voz individual dialoga con la memoria colectiva y se transforma en acción pública. Llevar el teatro a cada región garantiza el derecho a la cultura, fortalece nuestras identidades y reconoce la diversidad de nuestras historias”, como lo difundió en el Boletín 663/2026 del INBAL.
La convocatoria fue lanzada en febrero pasado, cerró el 13 de marzo y los resultados se anunciaron el 8 de mayo, con 21 compañías seleccionadas, las cuales se presentaron en siete sedes de los tres circuitos del festival a lo largo del país, entre el 5 de junio y el 19 de julio. El problema es que el pago aún no cae y la culpa se la atribuyen a la Secretaría de Hacienda.
Esto, a pesar de que la propia convocatoria establece en sus bases que “las puestas en escena, experiencias y/o prácticas teatrales que resulten seleccionadas recibirán, a través de la Coordinación Nacional de Teatro, un premio de 63 mil pesos para cada una de las agrupaciones, compañías, colectivos y/o colectivas, en el mes de junio de 2026”, es decir, una bolsa de 1.3 millones de pesos, una cifra muy menor si la comparamos con los 30 mdp que se destinaron a atender la zona arqueológica de Teotihuacan.
Ayer charlé con Mónica Álvarez, dramaturga y directora escénica que participó en dicho festival con el monólogo Los viajes del abuelo, quien me confirmó que el pago no se ha concretado. Me explicó que en mayo pasado les aseguraron que caería en junio, sí o sí. Luego, en plena fiebre mundialista, les prometieron que sería en julio… el último día de ese mes aceptaron que el pago no llegaría, pero que se haría, ahora sí, entre el 18 y el 25 de agosto. ¿Será? ¿O acaso el INBAL y la SC consideran que estos creadores son aboneros de la cultura o soldados de la creación que deben asentir, callar y esperar?
“A mí lo que me parece muy fuerte es que varias compañías pidieron préstamos para viajar y no estar cortos, cubrir insumos o saldar rentas y sobrellevar gastos en las dos semanas de funciones”, dado que muchos creadores tienen hijos, comentó Álvarez, aunque aclaró que cada entidad cubrió la transportación, alimentación y hospedaje de las compañías.
“Pero al no llegar el pago (en el mes) anunciado, obviamente debieron solventar el primer adeudo con otro préstamo y eso me parece gravísimo, porque es una suerte de terrorismo cultural”, aseveró.
Pese a todo, Álvarez subrayó el valor de este foro escénico, desde su registro amable, el amplio y diverso jurado calificador, la eliminación de obstáculos para su logística y una interacción privilegiada y directa con un público receptivo. “Es un festival increíble que debe seguir por muchos años, donde los estados lo están haciendo muy bien… sólo es esta cosa maldita del sistema de Hacienda que nos vino a nublar el buen sabor de boca con el que las compañías terminamos”.
Esta columna solicitó a la Secretaría de Cultura federal información al respecto, pero al cierre de la edición no obtuvo respuesta.
