Fiestas patrias

Cada septiembre, cuando las campanas vuelven a sonar y el Zócalo se viste de verde, blanco y rojo, México celebra su Independencia: vuelve la mirada hacia una historia de luchas, rupturas y transformaciones que comenzaron hace más de dos siglos.

En el origen de esa historia está Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora; en 1810, al descubrirse la conspiración de Querétaro, alertó a los insurgentes y precipitó el movimiento de Miguel Hidalgo. Aquella madrugada del 16 de septiembre comenzó una lucha que ya no pudo detenerse.

Después José María Morelos y Pavón, dio contenido político al movimiento insurgente. En Los Sentimientos de la Nación sostuvo que la soberanía dimana del pueblo. La Independencia tardaría 11 años en consumarse, México inició la difícil tarea de construirse a sí mismo.

El siglo XIX estuvo marcado por guerras, invasiones. La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma fueron decisivas para consolidar una República liberal. Con Benito Juárez afirmó la separación entre la Iglesia y el Estado, el carácter civil de las instituciones.

Décadas más tarde, otra ruptura transformaría al país. En 1910 estalló la Revolución Mexicana contra el largo régimen de Porfirio Díaz. Francisco I. Madero encabezó la causa democrática; Emiliano Zapata hizo de la tierra y la justicia campesina una bandera; Francisco Villa luchó en el norte. Y junto a ellos participaron miles de mujeres: soldaderas, enfermeras, periodistas, mensajeras, organizadoras y combatientes, muchas veces relegadas en los relatos oficiales.

La Revolución desembocó en la Constitución de 1917, pionera en derechos sociales. Sin embargo, persistía una contradicción: las mujeres habían estado presentes en las grandes luchas nacionales, pero permanecían alejadas de los principales espacios de decisión política.

La conquista de sus derechos fue gradual. En 1953 se reconoció el derecho de las mexicanas a votar y ser electas en elecciones federales, y en 1955 participaron por primera vez en unos comicios federales. Desde entonces fueron ocupando lugares antes reservados casi exclusivamente a los hombres: congresos, gobiernos estatales, tribunales, secretarías de Estado y organismos públicos.

Hasta que México cruzó una frontera histórica.

El 1 de octubre de 2024, Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia de la República. Por primera vez, una mujer llegó a Palacio Nacional como titular del Poder Ejecutivo. Y el 15 de septiembre de 2025 ocurrió una escena inédita: una Presidenta encabezó por primera vez el Grito de Independencia desde el balcón central de Palacio Nacional.

El símbolo va más allá de partidos, diferencias ideológicas. Obliga a mirar hacia atrás. Las mujeres estuvieron presentes cuando México luchó por independizarse, cuando defendió la República, cuando atravesó la Revolución y cuando construyó sus instituciones, aunque durante generaciones se les negara la posibilidad de dirigirlas.

De la Corregidora a las insurgentes; de las soldaderas a las sufragistas; de las primeras legisladoras a gobernadoras, ministras y secretarias de Estado, existe una cadena de mujeres que abrió caminos donde antes había puertas cerradas.

Este septiembre de 2026, al escucharse nuevamente el “¡Viva México!” desde Palacio Nacional, detrás de la ceremonia estarán 216 años de una historia que continúa escribiéndose. México ha vivido guerras, reformas, revoluciones, crisis y conquistas democráticas. La República sigue siendo una obra en construcción, con deudas y desafíos que ninguna ceremonia puede ocultar.

Pero existe una imagen imposible de ignorar: el país cuya Independencia tuvo entre sus protagonistas a una mujer, Josefa Ortiz de Domínguez, es hoy gobernado por otra mujer.

La historia ha tardado más de dos siglos en cerrar ese círculo. Y quizá allí reside uno de los significados más profundos de estas fiestas patrias: las mujeres ya no sólo participan en la historia de México ni observan el poder desde afuera.

Hoy también ejercen poder desde Palacio Nacional. ¿O no, estimado lector?