Embates

El presidente Andrés Manuel López Obrador vive los embates del “vecino incómodo”, que el canciller Marcelo Ebrard ha tenido que resolver con mesura e inteligencia.

El apotegma universal “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz", acuñado por el expresidente Benito Juárez García en su manifiesto del 15 de julio de 1867, con motivo del regreso del Gobierno Republicano, “consumó por segunda vez la independencia nacional", afirmó Juárez.

Expresión que refleja el triunfo por el derecho de nuestras convicciones de libertad y autonomía frente a las prácticas intervencionistas del Imperio, el partido conservador, la iglesia y las potencias de la Europa Occidental que se solidarizaron con Francia.

Manifiesto de Juárez donde anunció “La restauración de la república, la búsqueda de la paz y el progreso sin odios ni rencores para nadie”, y donde reconoce y agradece la compañía de las repúblicas americanas para combatir la intervención monárquica cuyo propósito fue derribar el régimen republicano.

La República salió “más fuerte en el interior y más respetada en el exterior”, reiteró. En este propósito, Juárez dio garantías secularizadoras, todas de corte liberal, cuidando ni ofender ni lastimar las relaciones con las potencias europeas, aún y a pesar de que desconocieron su gobierno con el único propósito de provocar “en circunstancias oportunas la celebración de nuevos tratados bajo condiciones justas y convenientes, con especialidad en lo que se refiere a los intereses del comercio”, refiere Daniel Cosío Villegas.

En política exterior, Benito Juárez impulsó el principio de “no intervención”, regla de oro en los países que se precian de ser democráticos y que junto a la de “libre autodeterminación de los pueblos” y “solución pacífica de los conflictos” constituyen las bases y eje de nuestra tradicional política diplomática, así como la Doctrina Estrada, sobre el reconocimiento a los gobiernos –que cada estado soberano decida– constituyen los cuatro pilares que son principios fundamentales.

El asunto no es menor, pues los apetitos de los presidentes autoritarios de países con historia colonizadora prevalecen, ahí está el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en ánimo electorero amenazó con imponer diques arancelarios a nuestras exportaciones, en caso de no regular los flujos migratorios de Centroamérica, África y Asia.

Como Benito Juárez con la intervención francesa, el presidente Andrés Manuel López Obrador vive los embates del “vecino incómodo”, que el canciller Marcelo Ebrard ha tenido que resolver con mesura e inteligencia.

Muchos quisieran una declaratoria de guerra comercial a Estados Unidos, pero decía Sor Juana: “a palabras necias, oídos sordos”; cierto, el Gobierno Mexicano ni puede ni debe aplicar la política de los tres changuitos: “no veo, no oigo, no opino”, o la del avestruz: “esconder la cabeza”; así, por primera ocasión, se instrumentó un programa serio y confiable de atención al tema de migración desde su origen multifactorial; ya que por la frontera sur se regodeaba “la señora corrupción” que permitía y alentaba sin medida el paso de personas, drogas y armas.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador desarrolla el Fondo de Infraestructura para Países de Centroamérica y el Caribe, para impulsar programas, proyectos y acciones en infraestructura, capital humano, instalación y equipamiento de albergues, sistemas de registro, control y seguimiento de los flujos migratorios, y el intercambio comercial de bienes y servicios.

El canciller Marcelo Ebrard y el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, revisaron los avances del acuerdo contraído; éste regresó a su país satisfecho y con dos compromisos adicionales “bajo el brazo”: vigilar y reducir el número de armas que ingresan a México y revisar el arancel al jitomate que tiene en crisis a un millón de trabajadores nacionales.

¡Así se hace la Diplomacia! ¿O no, estimado lector?

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