Cien años de Excélsior (II)
En su etapa fundacional, Excélsior se distinguió por lanzar campañas sociales que favorecieron a la gente. Como las de vacunación, becas para niños, regalos por suscribirse e incluso inventó el festejo del Día de la Madre, el 10 de mayo de cada año. Siempre a la vanguardia, nuestra casa editorial se apoyó en los ferrocarriles, el telégrafo y el teléfono para informar las noticias lo más rápido posible a la nación.
Su fundador, Rafael Alducin, falleció en 1924, asumiendo la dirección su viuda Consuelo Thomalen, quien lo vendió en 1928, presionada por Calles, disgustado por la gran cobertura que le dieron al asesinato de Obregón en la Bombilla y los incisivos artículos del abogado Querido Moheno. Resultado de la crisis con el Maximato, en cinco años nombraron cinco diferentes directores. El naciente Partido Nacional Revolucionario y las organizaciones sindicales acusaban que la línea editorial del periódico mostraba su tendencia casi conservadora al señalar a los líderes gremiales como “más que conquistadores sociales, son capataces de los gremios, pues exigían el cumplimiento del Contrato Colectivo de trabajo y el pago de las indemnizaciones a los trabajadores lesionados por accidentes en el periódico. Mal dirigido, en bancarrota, ayudado por los sindicatos obreros y la simpatía del Jefe Calles, eligieron el camino del cooperativismo, así surgió la empresa Trabajadores de Excélsior, S.C.L., en 1932 con 310 socios, un capital social de un millón 400 mil pesos y un pasivo por 800 mil, el periódico siguió naufragando económicamente. La nueva administración bajó sueldos y el precio del periódico a la mitad, recurriendo a préstamos para paliar la crisis. En 1933 enfrentó su primer conflicto sindical de amenaza de huelga; sin apoyo de la poderosa unión de expendedores, voceadores y repartidores de la prensa de Manuel Corchado provocó que socios cooperativistas salieran a las calles a vender periódicos. Fue Fidel Velázquez, al separarse de la CROM para formar la CTM, quien apoyó con 500 agremiados a la cooperativa. Así registró en sus páginas las transformaciones hacia la izquierda con Lázaro Cárdenas, el arribo al poder de los civiles con Miguel Alemán y su giro ideológico a la derecha, lo mismo dio cobertura en 1940 a las campañas de Juan Andreu Almazán y Manuel Ávila Camacho o en 1952 las de Adolfo Ruiz Cortines y Miguel Enríquez Guzmán. Excélsior siempre ha tenido una línea editorial crítica, lo mismo cubrió la guerra cristera que la expropiación del petróleo, los conflictos en 1956 de los ferrocarrileros y los maestros. Fue en 1963, al fallecer Rodrigo de Llano, que eligieron a Manuel Becerra Acosta (padre), formador de Regino Díaz Redondo, Ángel Trinidad Ferreira y Julio Scherer García. Con una cooperativa dividida, en 1968 Julio Scherer asumió la dirección al fallecer Becerra. Scherer le dio amplia cobertura al conflicto estudiantil de 1968 y a los trágicos sucesos de Tlatelolco, provocando el enojo del presidente Díaz Ordaz. Con Luis Echeverría, secretario de Gobernación y posteriormente Presidente, Excélsior deambuló al filo de la navaja. Las tensiones que provocaron los movimientos guerrilleros, el conflicto con los Industriales de Monterrey por el asesinato de Eugenio Garza Sada, el Halconazo del 10 de junio de 1971 y la visita a Ciudad Universitaria, donde recibió una pedrada, sumados a una mala administración de Scherer, provocaron su salida el 8 de julio de 1976. Regino Díaz Redondo, exincondicional de éste, lo relevó en el cargo.
En 1994 el deterioro económico alcanzó a Excélsior; endeudado, suspendió publicaciones como: Últimas Noticias, Segunda Edición, Revista de Revistas y Jueves de Excélsior, debido a los ajustes al consumo de papel y tiraje, e incorporando a académicos destacados como Sergio García Ramírez, Diego Valadés y Jaime Labastida en la búsqueda de recuperar su época resplandeciente.
Sin cambios sustantivos en su formato y edición, cayó en el estancamiento tecnológico y editorial. Regino Díaz fue 38 años director, dejando una cooperativa dividida y endeudada y un prestigiado periódico a punto de fenecer. ¿O no, estimado lector?
