¿Rock?
Estamos de gira en Argentina, llegamos unos días antes de los conciertos para hacer prensa, entrevistas de radio y programas de televisión. Es una suerte que haya tiempo para eso a veces no da y, claro, también nos podemos escapar para ir a librerías, comer un asado, ...
Estamos de gira en Argentina, llegamos unos días antes de los conciertos para hacer prensa, entrevistas de radio y programas de televisión. Es una suerte que haya tiempo para eso —a veces no da— y, claro, también nos podemos escapar para ir a librerías, comer un asado, llegar a un bar o ver bandas nuevas.
Humphrey Inzillo, periodista de rock con apellido de alcurnia periodística, es nuestro contacto en las pampas. Siempre tiene algún plan para nosotros, ya sea en grupo o de manera individual, con cada uno de los integrantes por separado. De una entrevista con Humphrey surgió el “escándalo” de la Ingrata. Fue una sorpresa que así haya sido (tanto para él como para nosotros), Humphrey preguntó: con todo este tema de la violencia de género, ¿qué piensan hoy de la Ingrata? Lo demás ya lo saben ustedes.
Es tan buena nuestra relación con Humphrey, que lo buscan para adquirir las acreditaciones de prensa para asistir a nuestros conciertos. Todo el mundo lo relaciona con nosotros.
En esta ocasión nos llevó a escuchar a la Orquesta Típica Fernández Fierro, un grupo de tango (sí, pienso en ellos más como un “grupo”) fuera de lo común, sui géneris, algo que sólo puede nacer y existir en Argentina: cuatro bandoneones, cuatro violines, una viola, un violonchelo, un contrabajo y un piano. Algunas canciones son instrumentales, otras están cantadas por Julieta Laso. En el repertorio hay canciones originales, pero también tangos clásicos, o eso creo, porque no sé mucho de tango. Escucharlos me despertó el deseo de saber más sobre este género musical.
La Orquesta Típica Fernández Fierro no es nueva. Nacieron por allá de 2001. Han recorrido el mundo presentándose en festivales y antros de rock. Su forma de trabajar también es atípica: son un colectivo, un proyecto cooperativo de trabajo, todos son socios de los discos y DVD que editan y del lugar en donde se presentan todos los miércoles, el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF).
Los vi hace unos años ya, pero esta vez me gustaron mucho más, no por ellos, sino por mí. Estoy abierto a escuchar música a la que antes me cerraba.
Aunque tengo un gusto ecléctico, he tenido etapas de mucha cerrazón. Así somos algunos roqueros, qué les digo. Aferrados, aferrados. De los que odian la música clásica y el jazz. Sobre todo si naciste punk: todo lo que huela a un poquito de virtuosismo te hace alejarte.
Pero algo me pasó la semana pasada. Escuché el concierto de violín de Tchaikovsky, interpretado por David Oistrakh, en un video de YouTube, y me di cuenta de que hay músicos clásicos —propios de la música clásica— que son más roqueros que quienes así se autodenominan. En ese concierto lo que yo percibo como un “solo” está tocado con rabia, suena disonante y rebelde, adjetivos que sólo pensaba que se usaban en otro tipo de música.
Claro, hay muchos roqueros que están del lado del clásico, como el grupo Apocalyptica. Pero no hablo de ese tipo de músicos. Pienso en músicos que ni siquiera les pasa por la cabeza que lo que hacen es roquero.
En el Hay Festival de Querétaro, este pasado mes de septiembre, vi a James Rhodes tocando el piano como un poseso. ¡Qué energía! Y sus libros editados por Blackie Books: Instrumental, Toca el piano y Fugas: Rock punk.
La Orquesta Típica Fernández Fierro es una aplanadora. Comienzan a tocar con un sonido perfecto, proveniente de una consola vintage, que te deja sin aliento. Luz y sombra, estrobos. Los músicos apenas se ven, la energía es muy fuerte. Las letras cantadas con una voz desgarradora te llevan a lugares a los que pocas veces quieres ir, hacia adentro, mirar hacia el alma atormentada que se esconde tras las sonrisas y buenas maneras. Y ahí está uno sentado, escuchando, queriendo moverse, correr o bailar, pero paralizado. Me gusta, pero me asusta. Parece que el rock está en otro lado. Se nos va de las manos para quienes nos autodenominamos roqueros.
Vine a la Argentina para encontrarme el rock en los lugares más insospechados.
