Realidad

Ayer vi unas fotos en donde Miley Cyrus se da unos besos con su nueva novia, la modelo de Victoria’s Secret, Stella Maxwell. Las agarraron con las manos en la masa. Están detrás de un tráiler en la locación donde la cantante filmaba un video. Que aparezcan estas fotos ...

Ayer vi unas fotos en donde Miley Cyrus se da unos besos con su nueva novia, la modelo de Victoria’s Secret, Stella Maxwell. Las agarraron con las manos en la masa. Están detrás de un tráiler en la locación donde la cantante filmaba un video. Que aparezcan estas fotos de ¿escándalo? en plena efervesencia gay, cuando todos enarbolan la bandera del arcoíris, me hace no creerles nada. Pasar de niña Disney a ser la rebelde más rebelde podría resultar loable si no se sintiera un aparato publicitario de muchísimos dólares atrás de todo eso.

Estas noticias nos encantan, son como golosinas, comida chatarra, supongo que por eso estoy escribiendo sobre ello, aunque desconfíe de su autenticidad. No sé ni qué creer ni qué no. ¿Será Miley bisexual?, ¿será realmente esta modelo su novia?, no importa, hay noticias más importantes, pero ya estoy enganchado. Todo mentira. Agarro parejo y no creo nada de las noticias del espectáculo. Lo malo es que yo, aunque sea del sector roquero, en el que se supone que hay más autenticidad, sigo siendo parte de todo esto. Qué triste.

Acabo de leer La canción de amor de Jonny Valentine (editorial Blackie Books, 2013), de Teddy Wayne. Es una novela en la que el personaje principal, Jonny Valentine, de 11 años, está basado en Justin Bieber. Está narrada en primera persona, así que Jonny nos cuenta su vida mientras anda de gira. Sus actividades se reducen a los conciertos, ensayar constantemente (baile y canto) y clases particulares (su maestra le insiste en que lea biografías de esclavos afroamericanos). Jonny no tiene una vida propia: no tiene amigos más que su guarura. Se la pasa jugando un videojuego llamado Zenon. Está en pleno despertar sexual y, aunque tiene fantasías con la cantante infantil Lisa Pinto (o sea, Selena Gomez), quien se supone que es su novia, sólo la ha visto una vez para que les sacaran unas fotos dizque infraganti, tomados de la mano comiendo helado, como si estuvieran enamorados. En una parte Jonny vuelve a su ciudad natal y se encuentra con su amigo de la infancia, al cual ya no ve más. Para aminorar el shock de su amigo al estar frente a una persona tan famosa, Jonny le dice que en Hollywood, donde ahora vive, todo es mentira. Ardides publicitarios.

La novela es rara. Parece un gran chiste, pero al mismo tiempo es profunda. Describe muy bien el mundo del espectáculo gringo. Leerla me hizo voltear a ver a Justin Bieber, del cual no sabía nada, sólo que mis sobrinas son (o eran) muy fans. Vi fotos en donde Justin sale con Selena Gomez y me dio lástima pensar que todo eso era inventado. Los besos, los abrazos, todo. La ruptura. Incluso la noticia de cuando sacaron a Bieber del Coachella, ¿sería un montaje para lograr la cantidad de tuits que generó? Seguro.

¿Recuerdan cuando Britney Spears se volvió loca y se rapó? Todo falso. ¿Penélope Cruz y Tom Cruise novios?, otra mentira; ¿la fotos de actrices desnudas que se “filtran” en la red?, publicidad. ¿Que a Rihanna le gusta el soccer y se pone camisetas de equipos y anda con novios jugadores? Está buscando nuevos fans fuera de gringolandia. O eso creo yo, no es que nadie me lo haya dicho.

Pero parece que el ser humano es así. No nada más los políticos y las estrellas, sino la gente de la calle. Por una razón eligen “esa” foto de perfil. Postean lo que quieren que los defina. Se visten para denotar algo: estatus, creencias, gustos. No dicen lo que piensan por el qué dirán. Prefieren seguir la moda de poner el filtro de la bandera gay, aunque sean homofóbicos sin saberlo. Moldean la realidad a su conveniencia. ¿Yo?, yo no soy humano, soy un oso. Que salgo de mi cueva para alimentarme de chismes del espectáculo. Ah, y tocar alguna canción en mi guitarra. A mí no me señalen ni tampoco me reclamen.

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