El Vive Latino

Hoy inicia el festival de rock más importante que tenemos en México. Su influencia llega, incluso, más lejos, pues bandas de toda Iberoamérica saben que una buena tocada en el Vive Latino significa un trampolín en la ardua carrera de la música. Los anglosajones ya ...

Hoy inicia el festival de rock más importante que tenemos en México.  Su influencia llega, incluso, más lejos,  pues bandas de toda Iberoamérica saben que una buena tocada en el Vive Latino significa un trampolín en la ardua carrera de la música. Los anglosajones ya van de gane. Si llegan al festival es porque todo el mundo los conoce y tienen sus seguidores bien afianzados. Para el cartel significan un plus, la cereza en el pastel. Lo importante para todos es que tenemos un festival pluricultural, en donde podemos ver bandas que, de otra manera, sería imposible.

Y sí, hoy más que nunca son indispensables estos contactos músico-público. Aunque hay modos de medir la popularidad de una banda (por medio de likes en YouTube, seguidores en Twitter, escuchas en Spotify), un show en vivo puede atraer más fans o, por el contrario, alejarlos. En otros tiempos un artista podía vivir de sus regalías autorales y de venta de discos. Hoy no. Lejos quedan esas épocas de bandas decidiendo que van a hacer su carrera sólo a partir de sus trabajos discográficos. Y si lo deciden, bien hacen en conseguirse una chamba que les dé de comer y que les permita seguir pagando sus grabaciones. Si hasta bandas ya conocidas tienen su “trabajo de día” para subsistir, con más razón las noveles.

El cartel del Vive Latino es tan extenso que hay de todo: bandas que apenas empiezan y que aprovechan al máximo la oportunidad de presentar su propuesta; grupos muy viejos, tanto, que ya hasta se separaron no sólo una vez sino varias; artistas que uno no esperaría ver en un festival de rock; bandas que saben que ésta puede ser la tocada parteaguas, la que los haga crecer y convertirse en el grupo del momento.

Pero todo esto es muy subjetivo, decirles cuáles artistas veo yo en cada una de las categorías que mencioné sería injusto, se convertiría en algo demasiado plano, sin todas esas variables que cada uno de ustedes ve. También existe el azar: la vida es una tómbola y más en un festival de rock.

Hay que tener en cuenta que hay muchos festivales dentro del propio festival, un cartel personal dentro del cartel general.

El mío comienza hoy con Camilo Séptimo y la banda regia Mississipi Queens, para luego continuar con Presidente, cuya propuesta me gustó mucho: las canciones, la voz de Priscila (de Quiero Club) y los arreglos son magníficos. Más allá de que mi hermano Quique sea parte de este side project. Quiero ver de nuevo a The Specials, rememorar mis épocas de rude boy. Seguiré con Juan Cirerol y Babasónicos, para después descansar el oído de música en español y escuchar a Interpol y Robert Plant. Si me da la energía, pasar a bailar con Matías Aguayo. Pero la verdad, no creo.

El sábado quiero ver y escuchar a Centavrvs y A Band of Bitches; los colombianos de Monsieur Periné acaban de grabar disco con Eduardo Visitante de Calle 13 como productor, quizá toquen algo de su nuevo material, que confío que estará bueno. Más tarde tengo planeado ver a bandas españolas: El Columpio Asesino y Los Fresones Rebeldes.

El domingo mi día empieza con Compass, el proyecto nuevo de Camilo Lara y Toy Machete, en donde toca mi amigo y maestro de batería, Ricardo Nájera. Me acercaré a escuchar a Él Mató a un Policía Motorizado. Quiero ver el show de Yolandi y Ninja de Die Antwoord que, por lo que me han dicho, tiene mucha energía. Hace años que no veo a los Aterciopelados. Y si para entonces no estoy muerto, me acercaré a ver a Los Ángeles Negros, en donde Meme del Real tendrá una participación.

Bueno, esa es mi idea, mi agenda, aunque cualquier cosa puede pasar. Lo bueno es que ya no bebo, porque en otras épocas tenía grandes planes de ver a muchas bandas y a la mera hora me la pasaba allá atrás en el bar que montan los organizadores. Después de dos o tres tequilas (en esos tiempos era lo que se estilaba, no el mezcal como ahora) se me olvidaba que la razón de estar en un festival era ver y escuchar bandas.

Eran otros tiempos, parece que ya soy otro. Antes me conformaba con brindar con los músicos de mis bandas favoritas. Esta vez lo haré como debe ser: disfrutaré viéndolos tocar.

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