Día del Músico

Hoy es el Día del Músico. Durante todo el día recibiré felicitaciones de amigos, familiares y seguidores de Café Tacvba, como ha pasado desde hace varios años ya. Lo raro es que, en vez de recibir esas felicitaciones con gusto y naturalidad, lo único que logran es ...

Hoy es el Día del Músico. Durante todo el día recibiré felicitaciones de amigos, familiares y seguidores de Café Tacvba, como ha pasado desde hace varios años ya. Lo raro es que, en vez de recibir esas felicitaciones con gusto y naturalidad, lo único que logran es hacerme cuestionar si realmente soy un músico.

Sé que desde afuera se verá como una tontería o, como dice mi hermana Silvia, que me tiro para que me levanten, pero no, en serio, ¿realmente me merezco que me llamen músico?

Claro, toco la guitarra en un grupo, canto, compongo canciones. Vivo de esto. La comida llega a mi casa gracias a que trabajo con notas musicales aunque no sepa leerlas a primera vista de un pentagrama. Tal vez por eso, porque no manejo con facilidad la simbología musical y sus reglas, es que no me siento un músico músico.

Aunque debo decir que al llenar la hoja migratoria para entrar a cualquier país que no es el mío pongo Músico en la línea de Profesión, pero también escribo Casado en la de Estado Civil, aunque no lo esté con la pareja que tengo dos hermosas hijas.

Mi currículum de estudiante tampoco me avala como músico. No estudié en el Conservatorio ni en la Nacional. Me recibí en la Universidad Autónoma Metropolitana, pero como licenciado en Diseño Industrial.

Mis estudios musicales, si se les puede llamar así, los comencé a la edad de 15 años, al tomar clases de guitarra clásica en la Academia Yamaha de Ciudad Satélite y aunque ahí aprendí a leer por nota y a tocar en la posición correcta, no era exactamente lo que yo quería.

Recuerdo que toqué en una presentación de la Academia y me fue muy bien. Mi familia y amigos me ovacionaron cuando interpreté una pieza de, ¿Mozart?, que venía en el Sagreras, el libro de texto que llevabámos en esas clases.

Yo, en realidad, lo que quería era rockanrol. Sobre todo, escribir canciones. No lograba compaginar lo que me enseñaban en la Academia Yamaha y los grupos que escuchaba en mi casa: The Doors, Dangerous Rhythm, The Rolling Stones, Three Souls, The Clash, Botellita de Jerez, Rush y Devo (un poco ecléctico, ya sé, pero qué le vamos a hacer).

Tuve que dejar la Yamaha, olvidar leer partituras, para quedarme con unos cuantos acordes aprendidos en las revistas Guitarra fácil de mi hermano Quique, para comenzar a escribir canciones. 

La situación es distinta ahora. Si yo fuera un adolescente que quisiera aprender a tocar guitarra para formar una banda de rock, las opciones serían muchas. Proliferan escuelas en que te enseñan exactamente eso. Tal vez hasta la misma Academia Yamaha haya cambiado su plan de estudios para, al mismo tiempo que enseñan a leer por nota, puedas encaminar tus conocimientos hacia el rock. No lo sé, este no es un anuncio pagado por la Academia.

Al momento de escoger la carrera profesional de diseñador industrial decidí que mi hobby sería la música. Por lo tanto, no soy músico, pero el destino no me dejó en paz, pues en la UAM conocí a Rubén Albarrán y juntos formamos Café Tacvba saltándonos clases.

Pregúntenle a un músico de a de veras y ellos te dirán que grabar un disco (o tres o cuatro) no te hace músico. Dirán: “¡Cualquiera puede hacerlo! Con la tecnología que hay ahora, ¡hasta un changuito puede grabar un disco!” (sin ofender, sin ofender...).

Por ejemplo, músicos de jazz me han invitado a palomear, a echarme un jammin’. Me dicen el tono en que está la canción, pero eso me deja enterrado en mi silla porque no tengo idea de qué hacer con esa información. Por lo tanto, no soy músico; los de jazz sí lo son. Y desde aquí les mando mi felicitación.

Hace dos semanas me enfermé de la garganta. Tenía carraspera y una tos que derivó en una afonía. Me costaba mucho hablar, pero en ningún momento dejé de hacerlo. Y aunque canté muy mal, de todos modos lo hice en el Festival Pal Norte, de Monterrey y en el Festival de Cine de Los Cabos.

Al estar afónico me di cuenta de que me gusta mucho comunicarme, como sea: hablando, escribiendo, cantando, dibujando. Me encanta el chisme, no me puedo quedar callado. Se me ocurre una historia, la escribo; una canción, la canto.

Uso la música para comunicarme y no estoy seguro de que eso me haga músico.

Aunque tal vez mi hermana tenga razón y me estoy tirando al suelo pa’ que me levanten. Intentaré sentirme músico, aunque sólo sea este día. Capaz que hasta regalos me dan.

Y eso, los regalos, aparte de chismear, es una de las cosas que más disfruto en la vida.

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