Algo se le atrofió al sistema político y de partidos alemán con el triunfo reciente de la agrupación neonazi Alternativa por Alemania (AfD). Con las elecciones recientes en Sajonia-Anhalt, en las que triunfó por amplia mayoría la extrema derecha, estamos presenciando escenarios de suma gravedad para Alemania, la Unión Europea y, por qué no, para el mundo entero. El 6 de septiembre pasado, AfD obtuvo alrededor de 44% de la votación y quedó a un paso de controlar por primera vez un gobierno estatal (esto lo va a poder hacer toda vez que un partido marginal de extrema izquierda, BSW, le prestaría el voto de sus tres diputados). Se trata de un duro golpe para la coalición del canciller Friedrich Merz, para Alemania y para las izquierdas en general; por su parte, la Unión Cristiano-Democrática, CDU, perdió apoyo de manera considerable y el resultado fue interpretado como un voto de desconfianza a la coalición gobernante; el Partido Social Demócrata (SPD), antes partido gobernante junto con la CDU, también ha quedado relegado a una posición marginal en las elecciones federales.
La agenda de AfD propone el desmantelamiento de la red de apoyo a Ucrania, que se defiende de la invasión rusa; aliarse con Rusia con todo lo que esto implica para la seguridad europea, toda vez que Moscú ha iniciado una guerra híbrida en contra de Dinamarca, Alemania, Polonia y Lituania; expulsar a un millón y medio de inmigrantes con estatus de refugiados, entre los cuales hay un millón de ucranianos (la llamada “remigración”); acabar con cualquier política medioambiental que señale al calentamiento global como el causante de los desequilibrios climatológicos; un cuestionamiento de la democracia liberal y, junto a esto, su oposición al internacionalismo liberal que rige, todavía, los ordenamientos del sistema internacional; un cuestionamiento a la existencia de la Unión Europea y a sus instituciones; un rechazo a la diversidad sexual y los derechos de las minorías que es, en todo caso, una negación del multiculturalismo; un planteamiento xenófobo y racista cuando de los derechos sociales, políticos y económicos se trate. Es decir, todo un coctel ultranacionalista de extrema derecha y reaccionario que pretende asegurarse de que es la alternativa nacional que acompañaría a otras fuerzas similares en el contexto europeo y que se convertiría en presión para delinear las políticas migratorias, la política industrial, la transición energética, la política de la UE hacia Ucrania, así como la reconsideración de la relación con Rusia. En última instancia la fragmentación del sistema de partidos alemán eventualmente impediría que Alemania ejerciera su liderazgo económico y político en el sistema de la Unión Europea poniendo en peligro el equilibrio sistémico de Europa.
Sin embargo, aún existen límites importantes: Alemania continúa vinculada a las reglas de la Unión Europea, al multilateralismo y a la memoria del nazismo. Especialmente la propagación de este último está teniendo un impacto enorme, de manera tal que puede resultar en un mal arreglo y en la degradación social de Alemania y de los países que sufrieron las consecuencias del expansionismo de Hitler (incluso las tendencias pronazis de AfD han sido cuestionadas por el lepenismo en Francia). La estabilidad de Europa y posiblemente del mundo dependerán de las decisiones políticas que se toman en este aspecto. Tenemos que, en Alemania, particularmente desde 2025, se vive una etapa de mayor inestabilidad política. La caída de la coalición y el avance de AfD son un producto de la combinación de crisis económica, social, política e incluso diplomática en algunos aspectos. Las próximas elecciones del 20 de septiembre en Berlín y Mecklemburgo traerán probablemente la continuación de este conflicto. Ya veremos qué tanto la presión sobre el gobierno federal influye en la política migratoria, la democracia y la política exterior. La cuestión central ya no es sólo si AfD puede ganar elecciones, sino si los partidos democráticos pueden responder al descontento social sin tener que alinearse a la ultraderecha, porque el discurso de esta última parece sonarle convincente a muchas personas que consideran que los demás partidos no han ofrecido soluciones a los grandes problemas nacionales (sobre esto, ver, Pedro Antonio Colín, Sobre las elecciones de Alemania y la ultraderecha, documento de trabajo).
