Política en un mundo invertido
Existen dos estilos de concebir y de practicar la política. Uno de ellos está basado en lo imaginario. En lo que ya pasó o en lo que aún no existe. En lo que sólo es un deseo o una repulsión. En gustos y en afectos o en desagrados y en odios. ¡Vamos!, en lo que no tiene naturaleza ni consecuencia práctica. Este estilo ha recibido el nombre de política ficción.
Con frecuencia nos inquieta la vehemencia que los políticos aplicamos a los asuntos menores y la insolvencia que dedicamos a los problemas mayores. Quizá estamos viviendo en la política de un mundo invertido.
Dependiendo hacia donde miran, hay cuatro tipos de seres humanos. Los que ven hacia atrás se llaman retrógradas. Los que ven hacia los lados se llaman zonzos. Los que no miran nada se llaman imbéciles. Los que ven hacia adelante se llaman políticos.
Por todo eso nos preguntamos si la actual y las siguientes generaciones están equipadas para fundar y renovar lo necesario. No sería yo el indicado para dar una respuesta que es del muy particular criterio de cada quien. Pero hay un ejercicio muy viejo y creo que sigue siendo eficiente.
Tome el lector la primera plana del periódico del día. Descuente las notas informativas y concéntrese en las declaraciones de los políticos. Luego, piense cuáles de ellas valdrían ser conservadas. Si no encuentra ninguna que lo amerite, allí termine su tarea y saque sus propias conclusiones.
Si, por el contrario, encontró algunas, piense cuáles serían recordadas en un mes, cuáles en un año, cuáles en una década y cuáles se convertirán en libros y vivirán en las bibliotecas.
Si su selección resulta muy escasa indica que le tocó vivir momentos insignificantes en la vida de su nación. Significa que no hay más que políticos con discurso, pensamiento y acciones bofos y guangos. Si es muy abundante tendrá la fortuna de ver tiempos interesantes. En política, al final de cuentas todos tenemos la razón. La diferencia es que algunos la tuvimos a tiempo y otros cuando ya no hay remedio.
Existen dos estilos de concebir y de practicar la política. Uno de ellos está basado en lo imaginario. En lo que ya pasó o en lo que aún no existe. En lo que sólo es un deseo o una repulsión. En gustos y en afectos o en desagrados y en odios. ¡Vamos!, en lo que no tiene naturaleza ni consecuencia práctica. Este estilo ha recibido el nombre de política ficción.
El otro estilo, por el contrario, se basa en referentes reales y concretos. Muy especialmente en las consecuencias de lo político. A quién beneficia o a quién perjudica cualquier hecho político. El cui bonum y el cui malum, dirían los romanos.
Como mero ejemplo, recordemos el bloqueo poselectoral del Paseo de la Reforma, en el año 2006. Desde el ángulo de la política ficción algunos suponían que, con ello, el gobierno federal, su presidente y su candidato estaban aterrados. Que prendían veladoras y rezaban todo el tiempo para que eso se arreglara. Que tenían que negociar y conceder. Que la elección de Calderón estaba en peligro. Y que se necesitaba actuar para poner todo en orden.
Pues bien, hasta allí la ensoñación. Porque desde la óptica de la realpolitik el asunto tenía sin cuidado a Vicente Fox, a Felipe Calderón y a todos sus allegados, por la simple razón de que los bloqueos no les hacían daño. Todos sus privilegios y sus espacios seguían y siguieron intactos. Los únicos que sufrimos fuimos los ciudadanos, pero no los gobernantes. Luego entonces, ni se iban a afanar ni a comprometer. No usarían sus tropas ni sus dineros porque no les habían quitado ni les quitaron ni sus “vales de gasolina”.
Durante 5 meses, los ciudadanos no supimos quien ganó la elección ni si tomaría posesión. Sin embargo, ni nos asustamos, ni se paró la producción, ni se suspendieron los servicios, ni se cayó la bolsa, ni se subió el dólar.
Esto nos enseña que un gobierno se sostiene tan sólo porque es gobierno no porque sea buen gobierno. México o los Estados Unidos, las dos democracias más estables en todo un siglo, han tenido muy buenos y muy malos gobiernos. Pero ninguno se ha caído ya que el precio de la estabilidad es que sostiene en firme a todos sus gobiernos así sean muy buenos o sean muy malos.
En la realpolitik, al mal gobierno no lo tiran los otros porque son mejores sino lo tiran los otros porque son más fuertes.
