Del más allá y del más acá

Estamos llenos de velatorios y de féretros. Algunos hasta dirían que los muertos andan sueltos. Yo diría que aún no saben que ya murieron. No sé si de verdad existen las gubernaturas de Sinaloa y de Veracruz. La política mexicana se parece a la literatura de muertos...

El Día de los Muertos nació para elevarles sus rezos, llevarles sus flores y pagarles sus misas. Pero, al paso del tiempo, se transformó en realmente jocosa y hasta festiva.

Se inventaron platillos para disfrutar. Hoy, no perdonamos el “pan-de-muerto”. Se decoraron los altares caseros y comerciales. Al difunto se le pusieron su bebida, su comida, la playera de su equipo, así como todo aquello para halagar, excepto los secretos de quien ya no se puede defender. Los abogados diríamos que apelamos al “habeas corpus”.

Pero también roza con la política. Hace algunos años tuvimos una reunión internacional de presidentes de academias nacionales sobre el tema de la posible desaparición futura del Estado como forma de organización política. Es lógico que ninguna obra humana existirá para siempre. Que todas las históricas formas de organización política han desparecido. Así sucedió con el clan, con la tribu, con el feudo y con el imperio. Sería ingenuo pensar que el Estado fuera la excepción de eternidad.

El recuerdo de nuestros ausentes queridos nos da más alegría que tristeza, pero el recuerdo de nuestros logros perdidos nos da más tristeza que alegría. Hay muchas catrinas en nuestro sistema político que ya han muerto o están en riesgo de perecer. La gobernabilidad, el progreso social, el constitucionalismo y no sabemos si también las libertades, el federalismo, la justicia y la soberanía.

También pongamos su calaverita a Pemex, a la salud pública, a la seguridad social, a la defensa constitucional, a la finanza sólida, a la educación humanista, a la democracia plural, a la tolerancia política y a las ideas inteligentes. En México han finado “el tapado”, la economía mixta, el gobierno corporativo y el reparto de poder. En el mundo, parecen moribundos la ONU, la OEA y la OPEP.  

Estamos llenos de velatorios y de féretros. Algunos hasta dirían que los muertos andan sueltos. Yo diría que aún no saben que ya murieron. No sé si de verdad existen las gubernaturas de Sinaloa y de Veracruz. La política mexicana se parece a la literatura de muertos. Pedro Páramo, que sale del panteón; Aura, que aparece y desaparece; Fausto, que vende el alma; y Juan Tenorio, que se pelea con los difuntos del pasado. Posada profetizó que los poderosos ya estaban muertos. Y, para el terror, lo que nos brinda Pacheco en Tenga para que se entretenga.    

Confieso que yo no distingo plenamente la línea divisoria entre la vida y la muerte. Es más, no estoy seguro de que exista esa separación. En ocasiones, platico con quienes no escuchan y supongo que ya están muertos, así como en otras me platican los finados y supongo que aún están vivos. Y ésa es mi reflexión de este día de difuntos.

No creo que Juárez esté completamente muerto y que ya se pueda zarandear la justicia al puro capricho. No creo que Carranza esté completamente muerto y que ya se pueda ningunear la Constitución al puro antojo. Tengamos mucho cuidado de que ahora Maximiliano resucite ya sin barba o que ahora Victoriano reviva ya con pelo. Y, entonces, sí que nos asustaríamos con otra intervención extranjera o con otra dictadura mexicana.

No vaya a ser que resucitemos o reencarnemos a otro Miguel Hidalgo que, con su antorcha encendida, queme las alhóndigas de un poderoso imperio, así como otro Francisco Madero que levante a un pueblo para tumbar y largar a un poderoso presidente.  

Memento mori, decían los romanos sabios. Acuérdate de la muerte, ahora que estás vivo. Pero, también, acuérdate de la vida y aprovecha bien todos los días. Para eso pongamos las catrinas, los altares y las ofrendas. Para recordar que los Estados, los regímenes y los sexenios duran lo que duran y ninguno es para siempre.

En la vida y en la muerte, el poder y la riqueza son perentorios. Pero la inteligencia y la grandeza son eternos. Hay algunos muertos a los que los lloramos porque murieron y otros a los que los lloramos porque vivieron. Sic transit gloria mundi.

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