La raíz del crimen

Dos ideas nos atormentan ante el miedo y la impotencia frente a la delincuencia y la inseguridad. Una de ellas es nuestra persistente ignorancia sobre las causas generatrices de la violencia. La otra es sobre la instalación de gendarmes informales y anónimos que otrora se ...

Dos ideas nos atormentan ante el miedo y la impotencia frente a la delincuencia y la inseguridad. Una de ellas es nuestra persistente ignorancia sobre las causas generatrices de la violencia. La otra es sobre la instalación de gendarmes informales y anónimos que otrora se llamaron “madrinas” y que ahora pretenden ser depositarios de una potestad pública intransferible.

Hay que tener mucho cuidado. Aunque reconozcamos el problema original, lo cierto es que una casa hipotecada no se salva quemándola.

En cuanto a causas generatrices de la violencia en México, los especialistas han señalado más del medio centenar. De esas causas se han mencionado como las más sobresalientes algunas como son las históricas, tales como frustraciones ancestrales, composición étnica de la población, predisposición congénita, condiciones geográficas, alteraciones climatológicas.

Otras más de naturaleza económica, como: el desarrollo económico desigual, desempleo o subempleo, falta de expectativas profesionales, insuficiencia retributiva del salario, nuevos patrones de consumo. Algunas de índole social, como: deficiente planeación urbana, sobrepoblación, mala canalización del ocio, disgregación familiar.

Otras más, de orden político-administrativas, tales como: corrupción, incompetencia policial, abandono presupuestal, abandono administrativo, falta de voluntad política para combatir la delincuencia, insuficiencia de centros de readaptación social, benevolencia de las penas, deficiente legislación, procedimientos en materia penal tortuosos e incomprensibles.

También se han señalado algunas de naturaleza cultural, como: bajo nivel educativo, cultura de impunidad, crisis de valores, promoción de la violencia a través de los medios y hasta algunas tesis casi místicas que lo atribuyen a una era apocalíptica, preludio a la destrucción final.

Lo trascendente y preocupante de lo anterior es que no existe un diagnóstico global ni preciso del origen del problema, a partir del cual pudiera establecerse un plan de acción sobre bases ciertas y sólidas. Esto induce a actuar sobre hipótesis empíricas que, frecuentemente, son erráticas, mutantes y subjetivas, con el consecuente desperdicio de recursos y, más grave aún, de tiempo irreparable. Lo cierto y seguro es que no se trata tan sólo de un problema policial o ministerial, sino de algo de una complejidad mucho más trascendente, donde la gendarmería es una respuesta momentánea que no va a ser la solución fundamental.

Vivimos en una era de violencia con la cual convivimos de cerca en más de una manera. Se ha dicho que cualquier joven mexicano de 14 años de edad ha presenciado 11 mil homicidios televisados, incluyendo los de las caricaturas. Tan sólo esta mínima porción del problema indica que no se trata nada más de un problema de policía sino de educación, de difusión, de temperamento, de orientación, de administración, de civilización y de voluntad política.

Por ello, para tratar el fenómeno delictivo, se debe tener muy claro que se trata de un problema estructural, como lo muestran las estadísticas y los aspectos cualitativos de los delitos que muestran mayor incidencia. Por ende, no se puede ni se debe combatir con soluciones que atiendan a la seducción de las medidas draconianas como tampoco a las que ofrezcan resultados observables a largo plazo, que puede ser demasiado tarde.

Para hacer un pronóstico sobre el combate a la delincuencia, es necesario considerar cuatro preguntas: ¿Se puede ganar? ¿Quién va a ganar? ¿Cómo se va a ganar? ¿Cuándo se va a ganar?

En todo el esquema propositivo sobre la materia se han contemplado, en muy diversos foros, algunas medidas que van desde las aceptables hasta las repugnantes. Todas ellas hay que verlas con mucho cuidado y con una gran prudencia, que no pasividad ni apatía.

Ellos son el pago de informantes, la utilización de señuelos, la infiltración de personas, las operaciones encubiertas, la reversión de la carga de la prueba, la intercepción de comunicaciones, la fama pública, la responsabilidad solidaria, la responsabilidad subsidiaria, la supresión de la libertad preparatoria, la supresión de la remisión parcial de la pena, los testigos convenidos, las compensaciones procesales, los beneficios confesionales, los fueros policiales, los cazadores de cabezas, los delitos provocados, la acusación abierta, los testigos de oídas, la acusación plena hasta conclusiones, la trascendencia de las penas, el decomiso global, los tipos abiertos, las pruebas no contradecibles, la inaccesibilidad al amparo, la prisión a disposición de la fiscalía, los jueces anónimos, la militarización de la investigación, la pistolización general, la fiscalía inmune, la moratoria de derechos humanos, la suspensión de garantías y la aplicación de pena capital.

Seamos serios ante una cuestión tan seria. Bien dijo Martin Luther King que “lo peor no es el activo ímpetu de los malos, sino el temor y la impotencia de los buenos”.

                *Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter:@jeromeroapis

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