¿El lame duck de EPN?
La distensión del mayor conflicto en el país con la CNTE sin matar la Reforma Educativa y mantener el control de la sucesión, son los dos mayores retos que le quedan a Peña Nieto. Una agenda de contención, reactiva, poco sexy, pero no poca cosa ante turbulencias ...

José Buendía Hegewisch
Número cero
La distensión del mayor conflicto en el país con la CNTE sin matar la Reforma Educativa y mantener el control de la sucesión, son los dos mayores retos que le quedan a Peña Nieto. Una agenda de contención, reactiva, poco sexy, pero no poca cosa ante turbulencias económicas y el riesgo de que múltiples crisis lo rebasen. Aunque, otra vez, su éxito pasa por mover de escena “liderazgos tóxicos” que pudren los problemas como muestran los pobres resultados de la política de la SEP en la aplicación de la reforma. También, dependerá del perfil del nuevo líder del PRI y su capacidad para recomponer la relación con el partido. El problema “estúpido, son los liderazgos” podría parafrasearse para entender lo que necesitará para transitar el último tramo de su gobierno.
La postura de “mano dura” de Aurelio Nuño se estrelló con el maximalismo de la CNTE, sobre todo, por su ineficaz estrategia políticamente “minimalismo” y falta de sensibilidad para reconducir la implementación. Ahora la negociación con Gobernación está en la cuerda floja por el irreductible de la CNTE de abrogarla, pero, también, porque la SEP no ha conseguido sumar a los maestros a la transformación de la educación. No sólo los cercanos a la Coordinadora ven con desconfianza y amenaza la reforma, también otros maestros del oficialista SNTE acusan no haber sido tomados en cuenta. La reforma es vista como un castigo que amenaza su estabilidad laboral y puestos de trabajo, sin explicación suficiente por parte de la autoridad de mejoras y beneficios de ella. Y aunque suman ya cuatro años sin su despegue definitivo, se trata de la última gran apuesta política de Peña Nieto y la única de las reformas sexenales que el PRI podría llevar a la campaña presidencial de 2018.
La mesa de diálogo con la CNTE puede ser una oportunidad para explicar y defender las bondades de la reforma, comenzando por convencer de la necesidad de acabar con el sistema clientelar que sirve de base al poder de la dirigencias y líderes sindicales para controlar al gremio con dinero, herencia y venta de plazas, prebendas y aviadores. Eso es lo que ni Nuño ni sus antecesores han hecho por creer que era suficiente el acuerdo cupular y consenso de los partidos en el Pacto por México. Otra muestra de la capacidad de este gobierno de manejarse entre las élites políticas, tanto como de sus “liderazgos tóxicos” para operar y hacer realidad transformaciones profundas de un país que desconocen o que entienden sólo en términos de rentabilidad electoral.
¿Puede avanzar una agenda con la CNTE más allá del capítulo de Justicia para las víctimas de Nochixtlán? ¿Puede la reforma resistir más dilaciones y resistencias, incluso, caminar entre bloqueos y confrontaciones violentas? Las autoridades tendrían que explorar los márgenes para corregir la forma de aplicación de la evaluación de los docentes y hacer ajustes según la diversidad de condiciones locales, incluso, elaborar la metodología con los maestros de los estados, sin alterar la línea roja de dar plazas automáticas o permitir la auto evaluación. También, aprovechar la reforma penal para seguir el juicio a sus dirigentes en libertad, como está sobre la mesa de negociación, así como también un nuevo liderazgo en a SEP que no se haya desgastado construyendo una candidatura presidencial como la de Nuño.
Junto con el problema de los malos liderazgos, el otro rubicón de la reforma es estar en el epicentro de las aspiraciones presidenciales de dos secretarios y de López Obrador como el candidato más fuerte de la izquierda. Ni él ni nadie quieren dejar libre al adversario la alianza electoral con el magisterio que, según sus mismos líderes, fue causa importante del revés electoral del PRI en las pasadas elecciones estatales. El respaldo electoral del magisterio es lo que nadie quiere sacrificar, aunque es lo que sirvió para poner a la educación a merced de un sistema clientelar.
En ese contexto, el perfil del dirigente del PRI es clave para garantizar a Peña el manejo de las listas de candidaturas para 2017 y las presidenciales sin fractura con su partido. La duda pronto se despejará una vez que Carolina Monroy ha desestimado quedarse en la dirigencia del PRI. Hay cambios están por venir.