“Soborné policías, militares y políticos”
El punto central fue la declaración sobre los sobornos que se pagaron
No es sorprendente que Ismael El Mayo Zambada se haya declarado culpable, pero sí lo es que haya reconocido que durante las últimas décadas había introducido a Estados Unidos un millón y medio de kilos de cocaína (¿alguien sabrá la cifra exacta?, creo que ni El Mayo ni nadie) y que lo había hecho sobornando a “policías, mandos militares y políticos”.
Su abogado, Frank Pérez, aseguró que esos nombres “se los guardará El Mayo”, pero las propias declaraciones de Pam Bondi, la fiscal estadunidense, de Terry Cole, el jefe de la DEA, y de los numerosos funcionarios de ese país que celebraron el reconocimiento de culpabilidad de El Mayo, lo que confirma es que esos nombres ya los tienen esos funcionarios. No en vano Cole y otros insistieron en que esta historia no termina con lo sucedido en la corte de Nueva York, sino que recién comienza y que no terminará hasta que todos los involucrados queden tras las rejas y los cárteles exterminados.
En la mañana nuevamente la presidenta Claudia Sheinbaum había dicho que México no tenía información sobre cómo había llegado El Mayo a Estados Unidos. De alguna forma le contestó el director de operaciones del FBI en la conferencia de prensa cuando dijo que fueron ellos los responsables de la captura, una versión que, desde hace un año, desde la detención de El Mayo y de Joaquín Guzmán López, había trascendido en los ámbitos de seguridad. Fue una operación encubierta encabezada por el FBI, mientras que el centro de la investigación, según se dio a entender, la llevó la DEA.
Pero el punto central del día fue la declaración sobre los sobornos que se pagaron en los últimos 30 años a policías, militares y políticos. La carrera de El Mayo como líder del crimen organizado ha sido notable desde el gobierno de Zedillo, pasando por Fox, Calderón, Peña y López Obrador. Pero, como también se dijo ayer, su etapa más protagónica fue desde la última detención del El Chapo Guzmán en 2016 (se supone que para entonces ya había muerto, de causas naturales, El Azul Esparragoza) y su extradición a Estados Unidos, el último día de gobierno de Barack Obama, a horas de que asumiera por primera vez Donald Trump, cuando El Mayo, acompañado entonces por Los Chapitos (que pasaron de ser subordinados a reclamar la herencia de su padre, El Chapo Guzmán), se convirtieron en los principales productores y distribuidores de fentanilo en Estados Unidos, generando la crisis más mortífera en la historia de la Unión Americana de sobredosis por drogas que alcanzó a más de cien mil muertos al año.
Podrá decir Frank Pérez, abogado de Zambada, que los nombres que tiene El Mayo se los quedará El Mayo, pero el hecho es que, si hubo bases para un acuerdo de cooperación, un acuerdo que no sabemos en qué se basó, es evidente que esos nombres están ya en manos de las fiscalías y los organismos de seguridad de la Unión Americana. Como hemos dicho en otras ocasiones, además, esos órganos de seguridad no necesitan tanto a los testigos colaboradores para que den información como para que testifiquen y pueda judicializarse la información que ya tienen. Y, a partir de allí, se abren enormes espacios de operación para que se presenten denuncias, abiertas o solapadas, contra esos policías, militares y políticos que El Mayo dice haber sobornado durante treinta años al frente del Cártel de Sinaloa.
La presidenta Sheinbaum, ayer mismo en la mañana, dijo que estaba tranquila porque cualquier denuncia se tendría que basar en pruebas y sería aquí la FGR la que decidiría sobre las mismas. La versión es, por lo menos, ingenua. Como ya vimos en el caso de Genaro García Luna, para la justicia estadunidense los testimonios son suficientes, aunque no haya pruebas materiales. Cuando se dice que no se va a operar en territorio mexicano se olvida que ya se operó y que, en una operación encubierta, si entendimos bien lo dicho ayer en la conferencia de prensa, encabezada por el FBI, fue como El Mayo Zambada terminó en el aeropuerto de Santa Teresa, en Nuevo México, a unos pocos kilómetros de El Paso. Por eso ayer, en la misma conferencia de prensa de los fiscales y funcionarios estadunidenses, hubo, al final, algún agradecimiento a México y a la cooperación de la actual administración, pero todo fue visto, concebido y mostrado como una operación de investigación, detención, procesamiento (y doblegación, hay que entenderlo así) de Zambada realizada íntegramente por autoridades estadunidenses.
Ayer no se cerró, como también se dijo, una etapa: se abrió una nueva. Hace ya varios años, Zambada le decía en aquella famosa entrevista que le dio a don Julio Scherer que “si lo mataban o lo atrapaban, nada cambiaría”. Para romper esa suerte de karma, habrá que quebrar a los cárteles empoderados durante el sexenio pasado, y para que eso suceda habrá que romper simultáneamente las redes de producción de las que gozan. Es lo que viene.
- GUERRERO Y SALGADO
Después de la gira del fin de semana de la presidenta Sheinbaum por Acapulco, la evidente distancia que mantuvo con la alcaldesa Abelina López (que no ha querido transparentar los 900 millones de pesos que recibió para la reconstrucción del puerto, luego de Otis, argumentando que si lo hacía “la perseguirían políticamente”), fue tan transparente como la cercanía con la gobernadora Evelyn Salgado. Vuelve a ponerse en el inconsciente político del estado el tema de la candidatura a gobernador para el próximo año. Y el padre de Evelyn, Félix Salgado, sigue encabezando las encuestas, sin ninguna otra figura de Morena que le haga sombra. La decisión la tendrá la Presidenta.
