Siria, México y un mundo nuevo

Irán se encuentra desde ahora en una situación de máxima debilidad, dependiendo cada vez más de Rusia, y enfrentado no sólo con Israel, sino con Arabia Saudita.

La caída del régimen de Bashar al Assad en Siria, ahora en manos del ejército rebelde islamista de la Organización para la Liberación del Levante (HTS), es un acontecimiento que termina de transformar muchos de los equilibrios geopolíticos del mundo y que, por supuesto, tendrá influencia en nosotros. Después de muchos años de despreciar la política exterior, de no intervenir en los grandes foros, de abandonar el papel que solía tener México en el concierto internacional, muchos de estos temas nos pueden parecer ajenos, pero no lo son, van a determinar buena parte de nuestra vida en el futuro inmediato.

Nadie sabe cuál será ahora el destino de Siria con el liderazgo del HTS, una organización que nació como un brazo sirio de Al Qaeda, pero se desligó de ese grupo, combatió a ISIS y cuyos líderes se han presentado en los últimos años como dialoguistas con etnias y minorías religiosas, incluyendo a los drusos y kurdos. Lo único cierto es que la mayor influencia en HTS parece ser la del régimen de Erdogan en Turquía, que se convierte en uno de los grandes ganadores con la caída de Bashar al Assad.

Pero no son los únicos, la caída en apenas dos semanas de un régimen dictatorial que llevaba gobernando durante medio siglo, es un enorme triunfo para Israel, con ofensivas en Gaza, donde debilitó enormemente a Hamás, y luego en el sur del Líbano donde diezmó a los dirigentes de Hezbolá, las dos principales cartas de Irán en la región, avanza también en regiones de Siria, cuyo régimen era mantenido por el apoyo de Rusia e Irán. El país de los ayatolas se encuentra desde ahora en una situación de máxima debilidad, dependiendo cada vez más de Rusia, y enfrentado no sólo con Israel, sino con su verdadero enemigo en el mundo árabe que es Arabia Saudita, en el histórico conflicto entre chiitas y sunitas.

La caída de Siria, precedida por las derrotas de Hamás y Hezbolá, podría permitir que finalmente se diera el acuerdo entre Israel y Arabia Saudita, que frustró el ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre del año pasado.

Los nuevos equilibrios en Oriente Medio repercuten en todo el mundo en muchos aspectos, primero que nada en el ámbito energético y también en el comercio porque incluso los grupos terroristas yemeníes, los hutíes, que secuestran y atacan barcos –sobre todo petroleros– en la región del canal de Suez, también se debilitan en el mismo grado que sus protectores iraníes. Estabilizar la generación y abastecimiento de crudo en el mundo es importantísimo sobre todo para un próximo gobierno estadundiense que seguirá apostando al petróleo. Algo tendríamos que hacer al respecto porque, aunque muy menguados, seguimos siendo un país con potencial petrolero.

Trump llega aún más fortalecido a la Casa Blanca. Si se opera con sensatez en Siria, Líbano y Gaza, Irán (uno de los objetivos del trumpismo) quedará por lo menos aislado, Rusia debilitado, los aliados de Trump, Arabia Saudita e Israel, saldrán fortalecidos, y sus proyectos energéticos se consolidarán. Al mismo tiempo, como vimos con el encuentro que tuvieron Trump y Zelenski en París, la posibilidad de imponer un alto al fuego en Ucrania se torna más cercana. El presidente Zelenski es la primera vez que no exige el retiro previo de las fuerzas invasoras rusas de territorio ucraniano para un alto al fuego, lo que exige ahora son garantías.

La caída del régimen de Assad afectará también los flujos migratorios: son millones los que abandonaron Siria en los últimos 13 años de guerra civil. Y la enorme mayoría huyeron rumbo a Turquía y Europa. Una de las primeras cosas que se comenzaron a manejar en el Viejo Continente es la posibilidad de cortar, con la caída de la dictadura, los flujos migratorios que se han convertido en un tema crítico en Europa, alentado en general por los partidos de ultraderecha. Mucho dependerá de lo que resulte con el nuevo gobierno en ciernes en Siria.

Trump estará decidido, luego de los éxitos contra los gobiernos y grupos proiraníes en Oriente Medio, a expandir esas políticas. Irán mantiene buenas relaciones con Venezuela, Nicaragua, en buena medida con Cuba, y esos tres regímenes estarán en mayores problemas aún (sus dictaduras podrían ser tan de papel como la de Assad). La idea es debilitar todo lo posible a Irán y están ahora en condiciones de hacerlo, debilitando a sus aliados.

El mundo se está acomodando a ello. Este mismo fin de semana, dejando de lado los discursos, los dos principales socios del Mercosur, Brasil y Argentina, y sus antagónicos presidentes, Lula da Silva y Javier Milei, firmaron juntos un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que crea un mercado más grande aún que el T-MEC. Son dos regiones que se necesitan mutuamente en esta nueva reconfiguración global.

Si en México definir con claridad nuestra pertenencia a América del Norte era una exigencia ineludible, lo es mucho más después de los acontecimientos del fin de semana. Tenemos que establecer con certidumbre nuestros compromisos con la región a la que pertenecemos y para ello se necesita acomodar y ajustar muchos de los temas que abandonó o alimentó la administración de López Obrador: desde la migración hasta el fentanilo, desde las relaciones incomprensiblemente privilegiadas con Cuba, Venezuela y Nicaragua hasta el comercio con China. Incluso el absurdo diferendo con España ha impedido avanzar en la renovación de un acuerdo con la Unión Europea, similar al que acaba de firmar el Mercosur y que nos fortalecería en el entorno del T-MEC.

El mundo ha cambiado y cambiará mucho más en las próximas semanas, México debe hacerlo con la misma rapidez y certidumbre asumiendo el papel que tenemos en esta nueva globalización basada en una suma de regiones autónomas e interdependientes.

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