México y EU: colaboración hemisférica

Washington espera resultados contundentes en materia de seguridad

La estrategia de seguridad nacional del gobierno de Estados Unidos, dada a conocer a fines del año pasado, está siendo cumplida a rajatabla por la administración de Trump y constituye, ya lo hemos dicho, un nuevo paradigma en la visión internacional de ese país y en su visión de los equilibrios regionales. Y si algo queda claro en esa estrategia es la concepción de un alineamiento continental, que ellos llaman hemisférico, en torno a Estados Unidos. El capítulo de Venezuela, las presiones a Cuba, el apoyo a candidaturas conservadoras en todo el continente son expresión de ello.

También lo son las exigencias a México. Luego de la llamada entre los presidentes Trump y Sheinbaum del lunes, y de las filtraciones al New York Times y al Wall Street Journal, se dio una nueva llamada entre el canciller Juan Ramón de la Fuente y el secretario de Estado, Marco Rubio donde se dio una vuelta de tuerca sobre aquello que decía el comunicado del Departamento de Estado del domingo, que exigía “resultados tangibles” en la lucha contra el crimen organizado.

El comunicado difundido el jueves de la nueva conversación entre los cancilleres reafirmó la importancia de la relación México-Estados Unidos, pero dejó claro que Washington espera resultados más contundentes en materia de seguridad y combate al crimen organizado. Destacó que la relación bilateral debe mantenerse basada en el respeto mutuo a la soberanía de ambos países y en la colaboración para enfrentar desafíos comunes, pero ambos funcionarios coincidieron en que “es necesario hacer más” para enfrentar amenazas compartidas, en particular las relacionadas con cárteles, tráfico de fentanilo y seguridad fronteriza.

Estados Unidos subrayó que el progreso “gradual” en seguridad fronteriza es inaceptable y exigió resultados “concretos y verificables” contra las redes narcoterroristas y el tráfico de fentanilo. Se acordó dar seguimiento a los mecanismos de cooperación ya existentes, incluyendo el intercambio de información e iniciativas de seguridad transfronteriza, y preparar una próxima reunión ministerial de seguridad en Washington para evaluar avances y definir nuevas acciones.

Esas nuevas acciones pasan por lo que decían el New York Times y el Wall Street Journal. Ambos insistían en que el gobierno de Estados Unidos reiteró la exigencia de que sean procesados políticos y funcionarios mexicanos acusados de distintos delitos relacionados con el crimen organizado y decían que, de ellos, por lo menos tres eran considerados prioritarios, uno de ellos un militar, y dos gobernadores.

Al mismo tiempo, el WSJ y el NYT reiteraban que Trump le dijo a la presidenta Sheinbaum que era necesario que hubiera comandos militares de Estados Unidos acompañando a soldados mexicanos en operaciones esenciales contra los cárteles, y que hubiera agentes de inteligencia colaborando con esas áreas en México. Especificaban que esas colaboraciones se mantendrían bajo mando militar mexicano en nuestro territorio.

Esa colaboración, en buena medida, ya está en marcha. Hay asesores trabajando en México, así como tropas que hasta ahora están haciendo entrenamiento conjunto. La colaboración que se da entre la Secretaría de Seguridad federal, encabezada por Omar García Harfuch, con los organismos de seguridad estadunidenses es intensa, tanto como la que se ha establecido entre el Ejército mexicano con sus homólogos del Comando Norte de los Estados Unidos en muchos ámbitos, pero sobre todo en el control de nuestra frontera norte, la del sur de la Unión Americana.

El tema va más allá. En la nueva concepción de seguridad de los Estados Unidos ese país ha decidido modificar la estructura militar que estableció desde los atentados de 2001, dividiendo el mundo en distintos comandos, y eso incluye, ante la visión hemisférica de la seguridad, reemplazar los actuales Comando Norte y Comando Sur por un nuevo comando hemisférico. Actualmente el Comando Norte, donde está incluido México, Canadá y las Bahamas, se encarga de la seguridad interior de la propia Unión Americana. Y el Comando Sur de América Latina y el Caribe. Con la visión hemisférica de la seguridad esa división pierde sentido y por eso se creará el comando del hemisferio occidental, entendido todo el continente de seguridad interior de Estados Unidos, que tendrá mucha mayor potencia militar y en el que México jugará un papel protagónico, porque el eje será el combate al narcoterrorismo en todo el hemisferio.

Todo eso es parte de las negociaciones que existen entre México y Estados Unidos, que trascienden mucho de lo que se da a conocer públicamente, y los discursos vacíos que se pronuncian a un lado y otro de frontera común. Por eso también los esquemas de colaboración de los que se habla en el último comunicado implican modificaciones profundas y exigen avanzar mucho más, tener “resultados tangibles”, como se insiste.

En este sentido, el golpe sobre la mesa del que hemos hablado, de la presidenta Sheinbaum es fundamental. Se están haciendo muy bien las cosas en seguridad, lo podemos comprobar con los golpes dados desde que comenzó el año, pero falta subir un escalón, y darle a esa estrategia el significado de ruptura política con los cómplices y protectores del crimen organizado de la que hoy carece. Sin ello, pierde legitimidad en Washington.

Ese golpe sobre la mesa debe ser previo a la reunión ministerial de febrero, que inaugurará una nueva época de una colaboración que ya está en ciernes y que se debe corresponder con el nuevo paradigma internacional que vivimos.

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