La CDMX, inundada y abandonada

La Ciudad de México, sus servicios, su infraestructura, la capacidad de gestión y de gobierno se ha deteriorado en forma acelerada en el último año y es consecuencia de la improvisación.

Ayer el presidente Donald Trump anunció la intervención de la Guardia Nacional en Washington DC, la capital de los Estados Unidos, para terminar, dijo, con la inseguridad, los asesinatos y el aumento geométrico de las personas sin casa, los llamados homeless, que viven en las calles, muchos de ellos adictos al fentanilo. En conferencia de prensa, durante el anuncio, dijo que Washington DC se había convertido en una ciudad más violenta que Bogotá o México, “dos de los peores lugares del mundo”.

Así ven a la Ciudad de México desde la Casa Blanca, y lo deben haber reafirmado cuando las imágenes del aeropuerto capitalino inundado y cerrado a las operaciones, recorrió el domingo en la noche las redacciones de todo el mundo. O cuando se observa a las principales calles y avenidas inundadas, con basura, con drenajes inservibles, en una ciudad repleta de vendedores ambulantes, tianguistas, fritangas, incluso en sus paseos más importantes. O cuando son asaltados turistas, paseantes, cuando una joven lleva desaparecida 15 días en el Ajusco, aparentemente secuestrada cuando estaba haciendo caminatas.

No sé cómo llegan a las cifras de que la jefa de Gobierno, Clara Brugada, tiene más de 70 por ciento de aceptación en la ciudad. En realidad, la suya es una de las gestiones más endebles que hemos tenido en la CDMX, por lo menos de todos los gobiernos de izquierda que han estado al frente de la capital, en forma ininterrumpida, desde 1997. Es verdad que la Ciudad de México tiene conciertos, festivales masivos, que se ha convertido en un hub gastronómico y un lugar relativamente de moda, pero no ha sido por la labor del gobierno local, que está descuidando la mayoría de sus obligaciones y acabará devorando también esas oportunidades y espacios si no da un salto de calidad en su labor.

Todo lo que gira en torno al aeropuerto, el transporte, las comunicaciones es una zona de desastre. El haber cancelado el aeropuerto de Texcoco cada vez emerge como lo que fue, una insensatez, un capricho al que, además, ahora se le suma, como lo mostró Ciro Gómez Leyva en su programa de radio, la invasión de los terrenos que habían sido acondicionados para levantar el aeropuerto, para construir viviendas por desarrolladores ilegales. El Metro se paraliza un día sí y el otro también, cuando funciona lo hace con lentitud, con estaciones abarrotadas e inseguras, cuando no están ellas también inundadas. Alrededor de Palacio Nacional el comercio ambulante se muestra como lo que es: el dueño de la ciudad, y la sede del Poder Ejecutivo (al igual que el Judicial y, frente a éste, la Jefatura de Gobierno) parecen rehenes de los grupos que controlan esa actividad. Las invasiones de viviendas son cosa de todos los días y se hacen con total impunidad.

Estamos a menos de un año del Mundial de Futbol y no parece que la ciudad esté preparada para afrontarlo: ni en infraestructura ni en narrativa, las marchas contra la falsa gentrificación (ninguna de las colonias de las que se habla sufre ese fenómeno, han tenido otro tipo de transformación) han ido de la mano con exabruptos xenófobos, medidas en contra de propietarios de espacios de renta y nada más.

En el ámbito de la seguridad, la gestión seria de Pablo Vázquez se topa con funcionarios que en otras áreas no comparten esa tarea, con una fiscalía local que dista años luz de la eficiencia, con alcaldías que tienen que trabajar con sus propios recursos, porque la relación con el gobierno central es, por lo menos, endeble. El asesinato de dos de los principales funcionarios, y de los más cercanos a la jefa de Gobierno, Clara BrugadaXimena Guzmán y José Muñoz–, sigue sin ser esclarecido. No hay noticias de los autores materiales, mucho menos los intelectuales, de un crimen que evidentemente fue realizado por profesionales y con una fuerte intencionalidad política.

La Ciudad de México, sus servicios, su infraestructura, la capacidad de gestión y de gobierno se ha deteriorado en forma acelerada en el último año y es consecuencia de la improvisación, incluso de la decisión de no respetar, dentro de Morena, sus encuestas y haber dejado la ciudad en manos de uno de sus grupos internos, para colmo distanciados, confrontados, con la presidenta Sheinbaum.

Recordemos que la CDMX fue el bastión histórico, junto con Tabasco, de Morena. Y, paradójicamente, cada vez más se está mirando en el espejo de esa entidad, que hoy vive una de las peores crisis institucionales, de seguridad y económica.

La muerte de Uribe Turbay

Colombia tiene su propia política de abrazos y no balazos con el gobierno de Gustavo Petro, que durante todos estos años se la ha pasado hablando de llegar a acuerdos de paz con narcotraficantes y guerrilleros, sin lograrlo, pero permitiendo el empoderamiento criminal a niveles no vistos desde hace dos décadas.

Ayer murió, luego de tres meses de agonía, el candidato presidencial Miguel Uribe Turbay, atacado a balazos por un menor de 15 años en un mitin en pleno Bogotá.

Según las autoridades, un grupo armado llamado Segunda Marquetalia está detrás del asesinato. Este grupo está controlado por antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quienes no aceptaron los acuerdos de paz firmados con el gobierno en 2016. Hoy están con un pie en la insurgencia y otro en el narcotráfico. Tienen excelentes relaciones con los cárteles mexicanos desde hace décadas.

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