Morena nunca ha reconocido una elección en la que haya perdido. Siempre, desde los tiempos en que López Obrador asumió la presidencia del PRD y luego en su transformación en Morena, cada vez que han perdido han reclamado un fraude. Las elecciones son limpias y transparentes sólo cuando ganan.
Las de este domingo en Coahuila no han sido la excepción: desde Ariadna Montiel hasta Ricardo Monreal, pasando incluso por la siembra de la duda que dejó la presidenta Sheinbaum ante ese resultado sólo queda el argumento del fraude.
Pero los resultados del domingo en Coahuila no admiten ni remotamente esa discusión, el PRI ganó los 16 distritos locales en disputa por un muy amplio margen, Morena ni se acercó a disputar ninguno de ellos. Los candidatos del PRI tuvieron 125 por ciento de votos más que los de Morena, en otras palabras, el resultado fue superior al dos por uno. Junto con ello, se derrumbaron los demás partidos, en forma notable el PAN, que apenas superó 2 por ciento de los votos. En una elección absolutamente polarizada la ciudadanía apostó por un PRI local que lleva tres buenos gobiernos al hilo, eso es lo que los electores premiaron y de lo que tendría que aprender la oposición para los siguientes comicios en lugar de ir dividida.
En Coahuila ha habido coherencia durante tres administraciones consecutivas, hay crecimiento económico y paz social, y, sobre todo, se logró recuperar la seguridad, esa que estaba perdida hace tres lustros, cuando Los Zetas eran dueños y señores de buena parte del territorio, cuando se dio la masacre de Allende, cuando la zona de La Laguna estaba controlada por los criminales que usaban el penal como dormitorio y de allí salían para operar, matar, secuestrar. Durante el gobierno de Rubén Moreira, con una estrategia local muy sólida y apoyo federal, se desarticularon las redes de protección del crimen organizado y se erradicó a los principales grupos criminales de la entidad. Esa línea, en coordinación con fuerzas federales y militares y buenos mandos locales, la continuaron los gobiernos de Miguel Riquelme y ahora de Manolo Jiménez, éste con una alta aceptación ciudadana.
Nadie debería asombrarse de los resultados del domingo. Pero no es solamente eso: en Morena la elección se la encargaron a Andy López Beltrán, entonces secretario de Organización de Morena, y que ya había tenido muy malos resultados en Durango y Veracruz. Andy literalmente dejó el cargo y abandonó la elección (junto con su gente) dos semanas antes de los comicios. Renunció precipitadamente para no cargar también con esa derrota. La anterior presidenta del partido, Luisa María Alcalde, estaba peleada con Andy y ha pasado a ser una consejera jurídica del gobierno federal que, en lugar de privilegiar esa posición, se dedica ahora a conducir espacios contra los medios de comunicación y los periodistas.
El hijo de Américo Villarreal, el acusado gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Santiago, se desempeña como delegado de Programas para el Desarrollo de la Secretaría de Bienestar en Coahuila, es el primer funcionario no nacido en el estado en ocupar esa responsabilidad. La asumió luego de casarse, en segundas nupcias, con Cecilia Guadiana Mandujano, actual senadora de Morena por el estado de Coahuila e hija del muy controvertido, ya fallecido, político Armando Guadiana. Américo hijo está denunciado por violencia vicaria por su primera esposa, Brenda, y tiene en su contra distintas acusaciones de corrupción con empresas contratistas con el gobierno de su padre, de relación con Sergio Carmona y de intervención en los controvertidos comicios de 2021 en Sinaloa donde ganó Rubén Rocha. Tuvo un rol protagónico en apoyo a los candidatos de Morena en la entidad. Nadie debería sorprenderse de que alguien ligado directamente a la trama que está siendo denunciada desde Estados Unidos, y con esos antecedentes, proveniente de otro estado, no tenga la confianza del electorado de Coahuila.
Esto se inscribe directamente en otro contexto que no es de menor importancia. Es evidente que Estados Unidos quiere tener gobiernos confiables en su frontera sur, en el norte de nuestro país. Tamaulipas es el más cuestionado y, apenas ayer, el periódico La Opinión de Los Ángeles confirmó vía autoridades estadunidenses que ni Américo Villarreal ni Alfonso Durazo tenían permisos especiales para ingresar a Estados Unidos y, según Los Angeles Times, tampoco visa.
La administración de Trump tiene confianza en los gobiernos de Coahuila, Chihuahua y Nuevo León, pero no en los de Tamaulipas, Sonora y Baja California, los tres bajo investigación de las autoridades.
Y si hay algo que ha erosionado la aceptación de Morena y sus gobiernos, son las acusaciones de corrupción y de protección política al crimen organizado. Nadie en Coahuila quiere regresar a la historia que vivió hace 15, 20 años, ese estado. Y ésa será la tendencia en todo el norte del país.
AYOTZINAPA
Decomisaron 59 explosivos en un autobús que traía a supuestos estudiantes y padres de Ayotzinapa. Pero nadie fue detenido, no se les impidió seguir el viaje para unir fuerzas con la CNTE, los recibieron sin problema las autoridades. Se llama impunidad, como la que gozan los de la Coordinadora y muchos otros en la política y en el mundo criminal, tan cercanos uno del otro.
