Sobrevivir solos
La decisión política, que no económica, de que el gobierno no ayudaría ni fiscal ni económicamente a las empresas durante la pandemia dejó una estela de quiebras, desempleo y un retroceso en el histórico avance de las mujeres en el mercado laboral.
A los complejos pronósticos que se han hecho sobre la economía mexicana, que indican un 2023 de crecimiento cero, y otros que califican la administración lopezobradorista como el segundo sexenio perdido, luego del de Miguel de la Madrid, se suma una radiografía preocupante del manejo gubernamental durante las olas del covid, elaborada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro para el Desarrollo Global (CDG).
Ambas instituciones elaboraron el estudio Empresas Prósperas para una Recuperación Próspera y se enfocan en la revisión de las políticas de apoyo al sector empresarial y al empleo en América Latina y el Caribe durante la crisis de la pandemia 2021 y 2022.
La radiografía muestra de manera objetiva que el propio gobierno de Morena decidió llevarnos —es decir, a nuestra economía— al punto crítico en el que nos encontramos.
Puede verse claramente que la decisión política, que no económica, de que el gobierno no ayudaría ni fiscal ni económicamente a las empresas durante la pandemia dejó una estela de quiebras, desempleo y un retroceso en el histórico avance de las mujeres en el mercado laboral, y sí incentivó el crecimiento de la informalidad.
Esta improvisada decisión —basada en posiciones ideológicas— no previó la duración de las olas del covid, a lo que se sumó un evento complejo como la invasión de Rusia a Ucrania, que causó una disrupción en la recuperación económica e incidió en procesos inflacionarios y de recesión. Aclaro que esta acotación no es parte del estudio.
El análisis conducido por Andrew Powell y Liliana Rojas-Suárez indica que en el periodo 2021-2022, en la región, la proporción de quiebras de empresas en el sector formal fue igual a la de los años anteriores o incluso menor.
En algunos países aumentó la creación neta de empresas, mientras que en otros las declaraciones formales de insolvencia se redujeron. Esta aparente contradicción se explica en los programas de ayuda a hogares y empresas —existe la duda de si las ayudas han prolongado el cierre inevitable de empresas—, la complejidad de las regulaciones para la declaración de quiebra y la falta de información oficial.
Reconoce que, en el caso mexicano, existe información más amplia —por la existencia del Inegi— que indica que la informalidad está más extendida y que, sumando a las empresas formales, la muerte de éstas fue mucho mayor.
Según el Inegi, en el periodo de mayo 2019 a julio de 2021, un millón 583 mil 930 empresas cerraron por falta de apoyos.
BID y CDG revelan que uno de los efectos es el crecimiento de empresas pequeñas en lugar de grandes, pero se ve con preocupación que las primeras sufren estancamiento en su productividad y deben enfrentar la competencia de la informalidad.
Por separado, la organización México Cómo Vamos indica que, en el país, al primer trimestre de 2022, el 38.8% de la población se encuentra en situación de pobreza laboral y 51.1% de los trabajadores no agropecuarios de México se ocuparon en un empleo informal.
El escenario luce complejo para el BID y el CDG debido a que las empresas, especialmente pymes, se encuentran en grados de endeudamiento, y el empleo informal se recuperó con más fuerza que el formal, siendo mayor que antes de la crisis.
El empleo entre las mujeres se recupera más lentamente y lo mismo sucede con sus tasas de participación, que siguen siendo más bajas que antes de la pandemia.
Para ambas instituciones, la solución es crear instancias público-privadas con mandato temporal y personal profesional contratado principalmente del sector privado, para crear fondos fiduciarios que apoyen y asesoren sólo a empresas viables, dejando fuera cualquier participación política.
Esto es impensable en México. Tocará a todos sobrevivir por sus medios.
