Sí, pero con el Ejército

El Comité de la ONU contra la desaparición forzada, en su reciente visita de verificación, expresó que “se mantiene una situación generalizada de desapariciones en gran parte del territorio mexicano, frente a la que impera la impunidad y la revictimización”.

El Presidente llega, como sus pares a los tres años de mandato, con un desgaste natural. Algunas encuestas lo ubican por debajo de Ernesto Zedillo y a la par de Vicente Fox, el primer político de la transición mexicana, cosa que seguramente no será de su agrado, pero la realidad es así.

No obstante, existen dos complejidades. La primera, que se ha colocado como el gobierno en el que históricamente los índices de violencia se posicionan como los más altos en la historia del país, subrayadamente los feminicidios.

La segunda, que internacionalmente se ha alineado con el bloque de tendencia antidemocrática, que no sólo se vincula en América Latina, sino que se reproduce y soporta en Europa y Asia, constituyendo una preocupación para las democracias liberales con las que está amarrado comercialmente.

Él expresa que ha logrado vencer la tentación de la violencia, es decir, de combatir a los cárteles, y que ha invertido la estrategia. Pero, después del llamado culiacanazo, hubo una reunión de altos militares, donde la versión fue otra y donde las reacciones, algunas provenientes de la molestia de revelar el nombre del responsable del operativo, apuntaron a rutas no publicables, por responsabilidad y mesura.

Y lo que ha ocurrido desde entonces es un repliegue de las Fuerzas Armadas ante los cárteles, aumentando la violencia y las víctimas civiles de una manera que los mexicanos no pueden acostumbrarse ni los observadores dejar de indicarlo.

En cambio, han ido aumentando los recursos y las funciones civiles al Ejército, lo que ha prendido las alarmas. Andrés Manuel López Obrador no puede gobernar si no es con el Ejército detrás, píntelo como lo quiera pintar.

Lamentablemente, el Comité de la ONU contra la desaparición forzada, en su reciente visita de verificación de cumplimiento de las obligaciones de México, expresó que “se mantiene una situación generalizada de desapariciones en gran parte del territorio mexicano, frente a la que impera la impunidad y la revictimización”.

El comité dijo haber recibido información sobre la existencia de diversos patrones en distintas regiones del país, que operan de manera simultánea y evidencian escenarios de connivencia entre agentes estatales y el crimen organizado. A ello se suman las desapariciones forzadas cometidas directamente por agentes del Estado.

Documentó un incremento notable del número de desapariciones de niños, niñas, adolescentes y mujeres, tendencia que se agudizó en el contexto de la pandemia.

“Desaparecen personas, pero también desaparecen cuerpos localizados y hasta expedientes. Con todo ello desaparece la esperanza de justicia”, enfatiza el reporte, desvelando el México de a de veras. Esto es escandaloso.

De acuerdo con el material de la periodista Lidia Arista, en Expansión Política, entre el primero de diciembre de 2018 y el 30 de septiembre pasado, se alcanzaron 100,344 muertes violentas: 97,532 homicidios dolosos y 2,812 feminicidios.

Los datos reflejan una realidad distinta. Una democracia no puede prosperar sin Estado de derecho garantizado. Sin justicia no hay condición para que el ciudadano precie la vida en democracia. Y México es un gobierno militarizado.

Por otra parte, en un reportaje en The Atlantic, titulado “Los autócratas están ganando”, Anne Applebaum habla del “Modelo Maduro”, implementado por Cuba, Rusia, Turquía y otros países, y que se basa en la persecución de los opositores políticos, empresariales y ciudadanos.

La periodista estadunidense, ganadora del Pulitzer, define algo que nos viene como anillo al dedo. A estos autócratas no les importa llevar a sus países al colapso económico y al aislamiento, porque lo que les importa es estar en el poder. Será tema de mayor despliegue.

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