Que las madres... lloren
Lo que vivimos es un horror y somos cómplices al normalizarlo.Dejamos abandonadas a las madres buscadoras porque no son los nuestros. Ésa es una involución de la sociedad mexicana.
México no es un Estado fallido; pero sí es un país que da signos de que el entramado social ha sido penetrado y desarticulado por el crimen y cuyo Estado de derecho sufre tal debilitamiento, que puede no lograr procesar los conflictos nacionales.
Al parecer, se ha materializado la advertencia hecha por diversos sectores nacionales e internacionales, en el sentido de que, si se caía en la tentación de introducir a las Fuerzas Armadas en la seguridad pública, en lugar de reestructurar la seguridad civil, se rompería su vínculo con los ciudadanos.
Hoy todo indica que las Fuerzas Armadas se divorciaron del pueblo, asociándose a un proyecto ideológico. Error histórico, del cual espero que sepan salir.
Hay 100 mil desaparecidos. No todos los casos ocurrieron en este gobierno, pero, sin duda, los rebasará, dado que aún no concluye y ya registra 46,043 personas en esa condición.
Lo que vivimos es un horror y somos cómplices al normalizarlo. Dejamos abandonadas a las madres buscadoras porque no son los nuestros. Ésa es una involución de la sociedad mexicana o tal vez pensemos, bajo el discurso de odio cotidiano, que algo habrán hecho.
Ciertamente, ya estábamos divididos como sociedad, pero llegó aquel que se aprovechó de ello y lo transformó en odio. Nunca nos habíamos odiado tanto, insultado tanto, deshumanizado tanto. ¿Sobreviviremos? ¿O terminaremos llevándole como ofrenda el dolor del otro?
La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, llamó al gobierno a “poner fin a estas violaciones de derechos humanos y abusos de dimensión extraordinaria, así como para reivindicar los derechos de las víctimas a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”.
Los organismos vinculados con el reporte de desapariciones también lo exhortaron a abandonar la militarización de la seguridad pública porque favorece la violación de esos derechos.
Tan no vemos, que el propio secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación por la crisis de derechos humanos que vivimos. Y él sí se solidarizó con las madres, que son la verdadera fuerza de este movimiento que crece.
Si bien el gobierno de Morena facilitó la realización del reporte y la Suprema Corte vinculó al Estado mexicano a las resoluciones del Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas, este sexenio pasará a la historia por su permisividad.
Los expertos en seguridad explican que la presencia de las fuerzas militares ha debilitado indirectamente a las policías estatales y municipales, puesto que los gobiernos estatales se deslindan de la formación de fuerzas civiles.
Los delitos del orden local se dejan de investigar porque cada vez están más vinculados a la acción del crimen organizado, generando impunidad.
Hoy confirmamos, en voz del propio Presidente, que existe la instrucción a los soldados de no confrontar, sino de cuidar a los delincuentes. Es un mensaje muy poderoso que puede reclamar lealtad electoral o debilidad.
Al momento, no hay datos que muestren si la estrategia de recomponer el tejido social anunciada haya comenzado a dar frutos. Lo único medible es la violencia de un lado.
El Estado de derecho resiste pese a la intención de desmantelarlo. Hay juzgadores federales que custodian la Constitución y los derechos humanos, que no se rinden pese a las presiones y las amenazas del poder político.
Si la aspiración democrática es depender de instituciones y no de un solo presidente, entonces el pacto de los mexicanos debe ser en torno a éstas. La asfixia intencional de algunos organismos autónomos a los que no se ha permitido integrar revela la intención autoritaria.
Si se es demócrata, por qué le tiene tanto miedo a la democracia. O siempre podemos volvernos cínicos.
